miércoles, 31 de diciembre de 2014

Vaiejí

José Hernández en clara alusión, y por qué no plagio, al Mizmor 133, nos dice en su obra Martín Fierro “Los hermanos sean unidos, porque esa es la ley primera (…) porque si entre ellos pelean, los devoran los de afuera”.

Efraim y Menashé fueron los primeros hermanos en nuestra historia en no pelear. No se conocen conflictos entre ellos como si los hubo entre Itzjak e Ishmael; Yaakov y Esav; y Yosef y el resto.

A raíz de esas pelas fueron “devorados por los de afuera”. En este caso representados por la asimilación y el no cumplimiento de las mitzvot.

Efraim y Menashé nacieron en una tierra extraña, con otra cultura y sin embargo mantuvieron firmes sus raíces.

Si la semilla es buena, y quien la cultiva sabe cómo hacerlo, el fruto saldrá a pesar de las adversidades.

También el ser humano es el único ser que reconoce a más de una generación. Los animales no saben los que es tener nietos. Nosotros sí. Nuestros nietos son la prolongación no sólo de nuestras vidas sino la de nuestros hijos también.

Yaakov por eso bendice también a sus nietos e invierte el orden entre ellos. No importaba. No había conflicto.

Todos queremos siempre que nuestros hijos no peleen para no ser “devorados por los de afuera” y que sean siempre felices.

Que seamos como Efraim y Menashé, no sólo con nuestros hermanos sanguíneos, sino con todo el Pueblo de Israel y si no es mucho pedir, también con toda la humanidad.

Shabat Shalom


Lucas Fisbein

lunes, 22 de diciembre de 2014

Vaigash

Llega el momento de Yosef de revelar su identidad a sus hermanos. Lo más común hubiera sido presentarse como “Yo soy el que ustedes tiraron al pozo” o “Yo soy el que alejaron de mi padre por 22 años”.

Increíblemente las palabras fueron “Yo soy Yosef, ¿vive aún mi padre?”.

El Talmud (Sotá 10) nos enseña que “es preferible ser consumido por las llamas, antes que avergonzar a otra persona en público”.

Yosef con estas palabras está perdonando a sus hermanos pero a la vez les está transmitiendo su dolor por haber sido alejado de su padre.

Los está reprendiendo pero de una manera que no los avergüenza públicamente.

Para llegar a este momento tuvo que inventar que su hermano menor Binyamin había robado y escuchar de sus otros hermanos lo que le causaría a su padre “perder” otro hijo.

A veces realizamos actos o decimos palabras bajo la influencia de nuestros sentimientos y no medimos las consecuencias. Lo que sentimos puede cambiar pero lo que hicimos o dijimos no.

Los celos de los once hermanos causaron que Yosef estuviera veintidós años alejado de su padre. Los celos al pasar tanto tiempo desaparecieron, lo que le sucedió a Yosef a raíz de eso, no.

Debemos para estos casos guiarnos por la cabeza y no por el corazón. Ser más racionales y menos pasionales. Si Dios nos hubiera querido robots, no nos hubiera dado la capacidad de pensar.

A pesar de sus años de destierro Yosef no avergüenza a sus hermanos. Sólo se muestra tal cual es. “Yo soy Yosef”.

Después viene el reencuentro con su padre quien le dice que ya está listo para morir. Su misión, la de ser el padre de las 12 tribus, estaba concluida.

Tampoco reprendió a sus hijos por haberlo alejado de Yosef.

Recordemos las acciones de Yosef y Yaakov. Si tenemos que reprender a alguien hagámoslo en privado. Seamos racionales. Lo que tenemos que decir es lo mismo tanto en público como en privado. No vaya a ser que nos consuman las llamas pudiéndolo haber evitado.

Shabat Shalom


Lucas Fisbein

lunes, 15 de diciembre de 2014

Miketz

¿Cuantas veces escuchamos a la gente quejarse por los problemas cotidianos? ¿Cuánto tiempo perdemos quejándonos de los problemas en vez de buscarle soluciones?

En esta Parashá aprendemos lo importante que es ser proactivo. La proactividad es la actitud de una persona a tomar la iniciativa en el desarrollo de acciones creativas y audaces para generar mejoras.

Yosef se encontraba prisionero en Egipto. Había sido vendido por sus hermanos, engañado por la esposa de Potifar y olvidado por dos años por el jefe de los coperos.

La suerte estuvo de su lado cuando el faraón tiene dos sueños que nadie pudo interpretar. El jefe de los coperos recordó a aquel prisionero que interpretó su sueño y Yosef fue llevado a ver al faraón.

El faraón le cuenta los sueños de las vacas flacas y las vacas gordas, y las siete espigas delgadas y siete espigas gruesas.

Acá no sólo Yosef interpreta correctamente los sueños del faraón sino que actúa proactivamente al decirle “Ahora el faraón debe buscar un hombre con perspicacia y sabiduría, y ponerlo a cargo de Egipto”.

No sólo le estaba mostrando el problema, los siete años de hambruna, sino que se animó a sugerirle al mismísimo faraón los pasos a seguir.

Y así como Yosef actuó proactivamente nosotros debemos imitarlo.

¿Cuántas veces en nuestras kehilot nos quejamos por alguna cosa? ¿Somos acaso ajenos a nuestro entorno que no podemos comprometernos a solucionar lo que criticamos?

Ser proactivo no significa estar sugiriendo soluciones a todo momento. Implica saber cuándo y a quién darlas. Anticiparse a la solución cuando aún el problema pudo no haber comenzado.

Cuando el Segundo Templo fue profanado por los griegos y ya no quedaba aceite suficiente para una semana, hubo alguien que actúo proactivamente y sugirió encender igual la Menorá.

Hubo un problema, todos los vieron, que fue la falta de aceite. Pero hubo uno que fue proactivo y sugirió que la luz de nuestra tradición siga encendida.

Dios después hizo el milagro.

Recordemos como los Macabim y Yosef mantuvieron encendida nuestra luz.

Ellos sufrieron inconvenientes y los resolvieron.

Si nosotros tenemos tiempo de ver los problemas, también lo tenemos para encontrar su solución.

Shabat Shalom


Lucas Fisbein

martes, 9 de diciembre de 2014

Vaieshev

Para Sigmund Freud los sueños son formas de cumplimiento del deseo, es decir, tentativas del inconsciente para resolver un conflicto de alguna clase, ya sea de algo reciente o algo procedente de lo más hondo del pasado.
Esta descripción podría ser aceptada por cualquier persona que no leyó esta Parashá. La Parashá de los sueños de Yosef.

El primer sueños que Yosef le cuenta a sus hermanos es sobre las gavillas que se inclinan ante la gavilla de él. Sus hermanos ya sentían celos de él porque Yaakov le había regalado un abrigo de colores muy vivos, mucho más vistoso que el de sus hermanos. A partir de entonces, los otros once empezaron a planear hacerle algún daño a su hermano.

En el segundo sueño el sol, la luna y once estrellas se inclinaban ante él.

Imagínense la ira que generó este sueño y sumémosle que Yaakov le había pedido que traiga un reporte de cómo le iba a sus hermanos.

Los hermanos idearon un plan para deshacerse del “soñador” y lo emboscaron y lo arrojaron a un pozo vacío sin agua. Acá lo que resulta llamativo es que el pozo estaba vacío y no era necesario mencionar que no tenía agua. Parece una redundancia. Lo que el texto nos quiere decir es que no había posibilidad de vivir. Sin agua no podemos estar.

Yosef fue vendido y en última instancia llegó a Egipto. Ahí logró prestigio en la casa de Potifar, donde era esclavo y llegó a manejarle todo. O casi todo. Lo que no pudo manejar fue a la esposa de Potifar quien acusó a Yosef de querer propasarse con ella.

Yosef es enviado a la prisión y comparte celda con el copero y el panadero del Faraón. Yosef  les interpreta los sueños indicándole al copero que en tres días volvería a su trabajo y el panadero sería colgado.

Los sueños de Yosef fueron proféticos. Los nuestros no lo son. No nos dejemos llevar por nuestros sueños. Vivamos el presente con los ojos bien abiertos. 

Shabat Shalom


Lucas Fisbein

martes, 2 de diciembre de 2014

Vaishlaj

Yaakov retorna y debe enfrentar la furia de su hermano. Para lograrlo idea una téctica militar similar a la que Sun Tzu escribiría en El Arte de la Guerra mucho tiempo después.

Yaakov divide su campamento. Si Esav decidía atacar uno, el otro subsistiría. Además a todos sus emisarios les dio la orden de decir que “su siervo” Yaakov estaba detrás.

Es entonces cuando queda solo que tiene la lucha con el ángel y recibe el nombre de Israel. Con ese nombre se cierra el ciclo espiritual. A partir de este momento Yaakov podía decir que tenía todo.

Llega entonces el momento de enfrentar a su hermano. Quien había “peleado con Dios” debía pasar la prueba de “pelear contra su propia sangre”.

Esav le dice a Yaakov: “Tengo mucho hermano mío. Que lo tuyo siga siendo tuyo”. Pero, ¿qué es tener mucho? ¿Es tener suficientes cosas materiales para satisfacernos durante el día? ¿es tener nuestra billetera llena para comprarnos todo lo que queremos? ¿es acaso la capacidad de poner obtener todo lo material que querramos? Libros, amigos y posesiones se pueden comprar. Sabiduría, amistad y fe en Dios no son mensurables en dinero.

Yaakov sabiamente responde “Dios ha sido benevolente conmigo, y tengo todo”.  Tener todo es semejante a decir soy un ser rico espiritualmente porque materialmente estoy satisfecho.

Si tengo mucho voy siempre a querer más. Si tengo todo, ¿qué más puedo pedir? Tengo lo que necesito.

De acuerdo al Midrash cuando los dos hermanos se besaron, Esav quiso morder a Yaakov y Dios convirtió el cuello de Yaakov en mármol. Esav entonces se rompió los dientes.

Este Midrash nos enseña que cuando intentamos sobreponer lo material a lo espiritual, porque seamos sinceros, necesitamos de las dos cosas, nuestro mundo material tiende a romperse como los dientes de Esav.

Tenemos que lograr un equilibrio para ser como Yaakov. Él tenía todo lo que quería materialmente pero estaba unos cuantos pasos más adelante que su hermano en reconocer lo que no se compra con dinero: familia y amor a Dios, que para él eran los valores más importantes.

Hagamos un balance de nuestra vida y preguntémonos qué tenemos. Si tenemos mucho, pensemos qué nos falta para poder decir que tenemos todo. Y si sentimos que tenemos todo agradezcámosle a Dios por hacernos semajantes a Yaakov. Él fue el padre de las Doce Tribus. Nosotros, de nuestro futuro.

Shabat Shalom


Lucas Fisbein

miércoles, 26 de noviembre de 2014

Vaietzé

¿Cuántas veces nuestros hijos se portan mal y nosotros los retamos delante de todos? ¿Los estamos castigando por su conducta o los estamos avergonzando frente a los demás?

¿No sería mejor apartar a nuestros hijos de la muchedumbre y ahí sí reprocharles su conducta?

Esta analogía nos sirve para interpretar las acciones de Rajel frente a su hermana.

Yaakov, que había huido de Beer Sheva por temor a su hermano, llega a Jarán con la intención de encontrar una esposa. Se enamora de Rajel, la hija menor de Labán.

Según nos cuentan nuestros sabios la costumbre era que el hijo mayor de una familia se casara con la hija mayor de otra. A Yaakov le correspondía Lea pero como alguien cantara mucho tiempo después “el amor es más fuerte”.

Para que Yaakov pudiera casarse con su amada Rajel, le dijo a Labán que trabajaría siete años.

Pasado ese tiempo y ante el miedo de que Labán quisiera aprovecharse de la situación, Rajel y Yaakov idean unas contraseñas a fin de evitar que otra mujer fuera consagrada como esposa de Yaakov.

Rajel, para evitar avergonzar a su hermana, la “aparta de la muchedumbre” y le dice las contraseñas a Lea para que ella pudiera tomar su lugar.

Hubiera sido una humillación en esa época que la hermana menor se case primero.

Yaakov se da cuenta recién cuando Lea ya era su esposa y en vez de enfurecerse y avergonzar tanto a su suegro como a su legítima esposa, promete trabajar siete años más para lograr su unión con Rajel. Labán le había hecho entender que él también había engañado cuando se hizo pasar por Esav para recibir la bendición de la primogenitura.

La enseñanza de Rajel de no avergonzar en público a un ser querido es lo que permitió desarrollar el árbol de la vida de nuestro pueblo. La semilla la sembró Abraham, el tallo y las ramas Itzjak y los frutos de los cuales alimentamos nuestro espíritu vienen de Yaakov.

Es preferible morderse la lengua y esperar el momento indicado que actuar por impulso y avergonzar a quien queremos.

Así como Rajel tuvo su recompensa, nosotros también podemos tenerla.

Shabat Shalom

Lucas Fisbein

martes, 18 de noviembre de 2014

Toldot

Si bien el cine fue inventado muchísimos años después, Esav hubiera sido fanático de la película “La Sociedad de los Poetas Muertos”. En el mencionado film aparece como frase de cabecera carpe diem, cuya traducción es aprovecha el momento.

Aprovechar el momento no está mal pero debemos pensar con esa acción en sacarle provecho al futuro.

Esav tenía hambre. Yaakov estaba cocinando un guiso. Esav quiso “aprovechar el momento”. Le pidió a su hermano “un bocado de esa cosa roja”. Yaakov que desde siempre quiso ser el primogénito le ofrece dárselo a cambio de la primogenitura.

Esav acepta el trato diciendo “he aquí que he de morir”, dándonos un contraste con la Parashá anterior donde hablábamos de que la vida es más que el simple paso por este mundo.

Esav buscaba saciar su parte física. No medía las consecuencias a futuro. No dejaba una enseñanza. Quería comer “esa cosa de color rojizo”. Se deja llevar por lo superficial, o sea por lo físico. No le importaba ver de qué estaba hecho el guiso. No le importaba el contenido. No le importaba lo espiritual.

Yaakov, en cambio, que se destacaba por ser estudioso, estaba más preocupado por su ser espiritual que por su ser físico. Quería dejar un legado. Quería tener más de una vida.

¿Fue justo que se aprovechara de su hermano ofreciéndole el cambio? Lo vamos a responder dando vuelta la pregunta: ¿es justo que sea el primogénito alguien que desperdicia su status por saciar un impulso físico como ser el hambre?

Los impulsos de ahora pueden tener consecuencias graves en el futuro.

Miles de años después de este incidente nosotros decimos “Dios de Abraham, Itzjak y Yaakov”. Esav quedó en el olvido.

No seamos como Esav y dejemos que nuestros impulsos físicos de un momento determinado puedan afectar nuestro futuro.

Si vamos a aprovechar el momento que sea para hacer algo útil a tu futuro. Satisfacer un impulso físico momentáneo puede generar inconvenientes para nuestro ser espiritual.

Carpe diem. Pero que es momento deje una enseñanza.

Así que cuando recordemos la escena más gloriosa de esa película, en vez de pararnos en una mesa y gritar “Oh capitán, mi capitán”, miremos al cielo y digamos “No soy como Esav”.

Cada viernes al acercarse Shabat, reprime tus ganas de quedarte en tu casa. Trae a tu famila a compartirlo en comunidad. No cambiemos nuestra primogenitura por el guiso de nuestros días llamado asimilación y nos perdamos para siempre en nuestra historia.

Shabat Shalom


Lucas Fisbein

lunes, 10 de noviembre de 2014

Jaiei Sara

La vida no es sólo el tiempo transcurrido entre nuestro nacimiento y nuestra muerte. No se mide en las riquezas que tuvimos ni en los diplomas que conseguimos. Se mide en el legado que dejamos. Es muy raro encontrar una lápida que diga “aquí descansa un multimillonario licenciado en astrofísica”. Lo más común es encontrar “una adorable persona”, “un buen padre”, etc.

¿Cómo relacionamos estos con la Parashá de esta semana?

Como su nombre lo indica, Jaiei Sara, habla de más de una vida. La vida de Sara no se terminó a los ciento veintisiete años. Su vida se prolongó en Rivka. Sara fue toda bondad en su vida y murió, de acuerdo al Midrash, por el dolor de saber de la Akedat Itzjak. Nunca supo que fue sólo una prueba.

Cuando Abraham le pide a Eliezer que encuentre una esposa para Itzjak lo hace con la condición de que no sea caananita sino que tenía que ser de su familia.

Eliezer parte con diez camellos y pone a prueba a quien le diera agua a él que también le diera a sus camellos.

Rivka llega al pozo y le da agua a Eliezer. Le saca el agua cuando cree conveniente y le da a los camellos hasta que ellos deciden que es suficiente. La sutil diferencia radica en el momento en que ella deja de hacer tzedaká. La primera es por pedido del necesitado mientras que la segunda es por la propia acción de dar.

Las dos acciones marcan una tendencia hacia la bondad. En la Parashá anterior se nos comenta que las mujeres de Caanan descreían de que Sara fuera la madre de Itzjak y le llevaban sus bebes para que los amamantara. Acá vemos un antecedente en la forma de actuar de Rivka. Sara satisfacía la necesidad de las madres de amamantar a los bebes pero no les retiraba el pecho hasta que estuvieran satisfechos.

Cuando Rivka le dice a Eliezer que es pariente de Abraham inmediatamente Eliezer le pide a su familia la mano de Rivka para el hijo de su amo. Laván y Betuel dijeron que “Es algo de Dios”. No podían negarse.

El Talmud interpreta de esta frase que las parejas son formadas en el cielo.

Cuando Rivka se prepara para conocer a Itzjak lo primero que hace es bajarse del camello. No quería estár a una altura distinta a la de su prometido. Este es otro acto de grandeza digna de una matriarca. Ni más arriba, ni más abajo. A la altura justa para seguir adelante con la gestación de nuestro pueblo.

Así fueron las vidas de Sara. La Sara que vivió con Abraham, la Sara que  proyecto su ejemplo en Rivka, la Sara que sufrió por la Akedat Itzjak pero por sobre todas las cosas la Sara que nos enseñó la bondad.

Mientras Sara vivía las velas permanecían encendidas toda la semana. Sólo cuando Rivka se casó con Itzjak este milagro regresó. El fuego de nuestro matriarcado había vuelto a encenderse.

Shabat Shalom


Lucas Fisbein

martes, 4 de noviembre de 2014

Vaierá

La Parashá de esta semana se basa en la acción de dar. Dios no creó al hombre porque se le ocurrió porque sí. Lo creó porque necesitaba dar.

Si bien el dar es una acción cuya contraprestación es la aceptación por la otra parte, hay una consecuencia más importante y es la satisfacción que sentimos al emular al Creador.

La tienda de Abraham ya era un homenaje a la acción de dar. Era abierta por los cuatro lados para poder recibir gente de todas direcciones.

A pesar de estar dolido por su Brit Milá y estar hablando directamente con Dios, Abraham sale al encuentro de los tres peregrinos que se le aparecen en su tienda.

Abraham entendió que mejor que hablar con Dios es parecerse a Él. Por eso corrió a recibir a los peregrinos y les ofreció una comida excelente.

La ciudad de Sodoma, al contrario de lo que hacía Abraham, se caracterizaba por castigar al que daba. Abraham en su afán de dar le pide a Dios una oportunidad por una cantidad de gente justa que habita allí. Abraham pide clemencia por un número alto en vez de pedirle que sea salvada sólo si hay una persona justa. Sodoma al final es destruida.

Un último aspecto fue la Akedat Itzjak, dar a su hijo como sacrificio a Dios. Abraham erigió el altar y Dios envió a un angel para decirle que sólo fue una prueba y que la última de las diez pruebas había sido superada. La última y más difícil porque ponía en riesgo el futuro de nuestro pueblo.

Dios no iba a permitir que muriera Itzjak pero con esta prueba nos está demostrando que debemos confiar en su palabra porque nunca va a hacer algo que nos perjudique. Acá Dios nos estaba dando algo: una enseñanza.

Dar es lo más maravilloso que podemos hacer. Emular a Dios haciendo algo tan simple es lo que nos garantizará tener una grandeza espiritual.

No es necesario dar algo material ni que sea hacia otra persona. Te propongo que el próximo Shabat te des un poco de tu tiempo para acompañarnos en comunidad a santificar el día de descanso de quien nunca se cansa de dar.

Shabat Shalom


Lucas Fisbein

lunes, 27 de octubre de 2014

Lej Lejá

Dos son los sacrificios que le pide Dios a Abraham Avinu en la parashá de esta semana y a la vez sella un pacto. El primer sacrificio es espiritual y el segundo  físico.

El espiritual se encuentra al principio cuando le dice “Vete de tu tierra, de tu lugar de nacimiento y de la casa de tu padre…”.

Sólo una persona con un nivel espiritual alto puede aceptar este cheque en blanco firmado por Dios y dejar atrás toda una cultura, una familia y partir siguiendo la palabra de Dios.

No fue casualidad que Dios lo eligiera. Cuenta un Midrash que Teraj, padre de Abraham, tenía un negocio de ídolos. Un día tiene que ausentarse y le pide a su hijo que atienda el negocio. Un hombre de un gran poder adquisitivo entra y le pide que le venda un ídolo, el más caro, porque seguramente creía que a mayor precio, mejor dios. Abraham se lo vende y le pregunta la edad. Al escuchar la respuesta Abraham le dice “No tiene vergüenza de adorar a un dios que tiene sólo un día de vida, mi padre lo terminó ayer”. El hombre se fue ofuscado.

Abraham ya tenía bien en claro que había un Dios único. Ahora era el momento de Dios de presentarse. Abraham reunía las características necesarias para ser el Padre de Nuestro Pueblo.

Abraham, en su humildad por demostrar que había un Dios único se lleva consigo a Lot. Lo consideraba un hermano pero después se da cuenta que Lot no iba a cambiar. La forma en que crece un árbol está determinada por sus raíces.

El segundo sacrificio que viene ligado al pacto es el del Brit Milá. Cortarse una parte del cuerpo es un sacrificio muy duro.

Pero a raíz de este acto de Abraham Dios sella un pacto que se mantendrá por todas las generaciones hasta nuestros días.

Dicen que el cumplimiento de este Pacto fue uno de los motivos por el que Dios nos rescató de la esclavitud de Egipto.

Este pacto es realizado tanto por ortodoxos como por conservadores. Es la esencia misma del hombre judío.

Esto nos enseña que sólo cuando estamos preparados espiritualmente podemos hacer cosas por nuestro ser físico. Si Abraham no se hubiera ido de su tierra, seguramente Dios no le hubiera enseñado el Brit Milá.

Si algo hay que agradecerle a Abraham es haberse dado cuenta que Dios es único. Cuando recitemos el Shemá en su última parte “Adonai Ejad” recordemos que fue gracias a nuestro patriarca que llegamos a nuestros días.

Shabat Shalom


Lucas Fisbein

martes, 21 de octubre de 2014

Noaj

En la Parashá de esta semana vemos como el mundo se había corrompido en inmoralidad. El ser humano estaba destinado a desaparecer pero apreció Noaj, un hombre justo que caminaba con Dios.

Esta descripción de Noaj de caminar con Dios viene a definir su personalidad. Noaj significa “descanso” o “comodidad”. Caminar con Dios implica la necesidad de ser llevado, de tomar decisiones por cuenta propio, de no utilizar el libre albedrío.

Suele compararse a Noaj con Abraham debido a que éste le mostraba sus descontentos a Dios. A Noaj Dios le pide que construya un Arca porque va a mandar un diluvio para destruir a los hombres y acepta sin un pero.

Cuando Dios le informa a Abraham que va a destruir las ciudades de Sodoma y Gomorra, Abraham implora que no lo haga.

Noaj construye el Arca, sigue al pie de la letra la orden divina. En ningún momento encontramos un remordimiento por no intentar salvar las vidas de todos.

Sucede el diluvio por cuarenta días. Luego cuando las aguas comenzaron a bajar envía primero un cuervo, que no encuentra tierra firme, y una paloma, con el mismo resultado.

Pasados siete días envía otra vez a la paloma y vuelve con una hoja de olivo en su pico. El agua había bajado definitivamente. Espero otros siete días y envió nuevamente a la paloma que esta vez no regreso. Ya había tierra firme.

Una vez que Noaj y su familia bajaron del arca, Dios hace un pacto con ellos y lo sella con el arcoíris. Cada vez que veamos uno recordemos este pacto.

Noaj, en tierra firme, lo primero que hace es plantar un viñedo y emborracharse.

Esta fue una de las últimas acciones que conocemos de Noaj. Después se menciona su muerte.

Esto nos demuestra que pesar de ser completamente condescendientes con Dios, debemos formar nuestras opiniones porque si Dios hubiera querido máquinas automáticas, así las hubiera creado.

No vaya a ser que nos toque enfrentarnos a nuestro propio diluvio y seamos tapados por las aguas de no saber cómo actuar.

Shabat Shalom


Lucas Fisbein

martes, 14 de octubre de 2014

Bereshit

Bereshit. El comienzo de nuestra historia. Y a pesar de que el alfabeto hebreo empieza con la letra Alef, la Torá empieza con Bet, la segunda letra. ¿Por qué es así? Para responder esta pregunta debemos buscar un Midrash que nos dice que la letra Bet es cerrada atrás, arriba y abajo y que deja abierto el camino sólo para adelante para continuar con su estudio.

Otro Midrash nos dice que no empieza con la Alef porque se forma la palabra Arur, maldito, y no sería apropiado que empiece así. En cambio la Bet forma la palabra Baruj, bendito.

Y yendo hacia adelante en la Torá encontramos la creación de nuestro mundo. Un mundo creado en seis días y un séptimo en el cual Dios descansó.

El hombre fue creado en el sexto día y cuando Dios vio que no era bueno que el hombre esté sólo, recién ahí creo a la mujer. ¿Por qué a las otras especies las creo en parejas y al hombre no? La respuesta es que cada uno debe sentir que el mundo fue creado como si fuéramos únicos.

Antes de crear a la mujer, Dios le dice a Adan que puede comer cualquier fruto del bosque pero no deberá comer de los frutos del Árbol del Conocimiento.

Adán no le transmite el mensaje a Eva tal cual Dios se lo dijo sino que de manera sobreprotectora le dice “No puedes tocar el árbol”.

La serpiente intuye esta falla en la transmisión del mensaje y empuja a Eva a tocar el árbol. Lo que continua es conocido, Eva come una manzana y le da a probar a Adán.

Adán comete otro error. Prueba la manzana. Dios se lo había prohibido y él olvidó esa prohibición.

Dios le da una oportunidad a Adán de redimirse y le pregunta como sabía que estaba desnudo. Adán responde que fue porque comió de la manzana que Eva le dio. No dice en ningún momento comí una manzana prohibida sino que le echa la culpa a Eva. Eva también se hace la desentendida y dice que la serpiente la obligó.

Este fue el tercer error de Adán. No asumir su culpa. No aceptar que él fue quién comió la manzana.

Por ese error de Adán de transmitir un mensaje distinto al que le dio Dios nunca sabremos qué hubiera pasado si Eva a pesar de tocar el árbol no hubiera probado la manzana.

Recordémoslo bien siempre que transmitamos un mensaje. Trasmitirlo bien es como comenzarlo con la letra Bet: no tendremos problemas en seguir hacia adelante con el sentido.

Si lo transmitimos mal o le agregamos palabras, podremos llegar a comer de la manzana que nos expulse de nuestro propio Jardín del Edén.

Shabat Shalom


Lucas Fisbein

Vezot Habrajá

Terminamos el texto de la Torá leyendo sobre la muerte de Moshé quien fuera el hombre más humilde sobre la tierra.

¿Qué persona sabiendo que va morir decide dar bendiciones? Y más aún bendiciones que no son para sus familiares.

Y surge una pregunta interesante sobre esta última parashá: Si Moshé murió y habla que Dios mismo fue quien lo enterró, ¿quién escribió esta porción?

Poco nos importa si fue Moshé sabiendo lo que sucedía o Yehoshua quien la terminó. Lo que realmente importa es que Moshé fue un mensajero de Dios, trasmitió su palabra y no la tomó como propia.

Moshé no fue una persona que se proclamó como el dueño de la verdad por su condición de profeta.

Fue humano. Sintió ira. Rompió las tablas sobre un pueblo que adoraba a un becerro de oro luego de escuchar que no había otros dioses sino sólo el Eterno.

Sintió ira en Merivá cuando golpeó dos veces la bara contra la roca y quedó sentenciado a quedarse fuera de la Tierra de Israel.

No sintió ira al momento de su muerte. Bendijo a las doce tribus como lo había hecho Yaakov a sus hijos antes de morir.

No sintió ira al momento que Dios le muestra toda la tierra a la que no podía entrar.
Murió solo, en lugar que nadie sabe para que no sea adorado.

El hombre que lideró la liberación de Egipto, que siguió firmemente las palabras de Dios y la última persona en ver a Dios directamente.

Terminamos la Torá con la palabra Israel e inmediamente comenzamos con la palabra Bereshit.

Dios creo que el mundo para que al llegar al final de camino sea santificado por el Pueblo de Israel.

¡Jazak Jazak Venitjazek!


Lucas Fisbein

martes, 7 de octubre de 2014

Sucot 5775

Prácticamente terminado Iamin Noraim tenemos la festividad de Sucot. Una festividad llena de alegría por  haber sido juzgados favorablemente.

Celebramos Sucot habitando una Suca y agitando las cuatro especies que menciona la Tora: etrog, lulag, hadashim y aravot.

¿Cómo debe ser la Suca? Debe tener por lo menos dos paredes completas y parte de una tercera y lo que no debe faltar es el techo construido con cualquier vegetación cortada de su raíz.

¿Cuál es la función de esta mitzvá? Además de recordar que durante 40 años el Pueblo de Israel habitó en ellas durante su travesía en el desierto, nos sirve como recordatorio que Dios nos protege constantemente. En vez de estar tranquilos y seguros en nuestro hogar, habitamos la Suca para recodarlo porque muchas veces pasa que al estar protegidos olvidamos quien nos protege. Esto recuerda al pasuk “engordarán… y se alejarán de mí”.

¿Por qué debemos usar las cuatro especies? Para complementarse entre todos. El etrog tiene aroma y sabor; el lulav sólo gusto; el hadas sólo sabor y la aravá no posee ninguna de esas características. Agitando las cuatro a la vez podemos hacer que el etrog contenga a la aravá y el lulav y hadas se complementen.

Podemos comprender entonces que la festividad de Sucot es un agradecimiento a Dios y un reconocimiento que sin su protección no estaríamos donde estamos y las juntar las cuatro especies representa la unidad que debe tener el Pueblo de Israel para sobreyevar las diferencias y complementarse para el cumplimiento de las mitzvot.

Si tienes espacio al aire libre construye una Suca, sino tienes, concurre a un lugar donde haya una. Es una sensación espiritual única que une a las generaciones desde que partimos de Egipto. No te lo pierdas.

Jag Sameaj!


Lucas Fisbein

martes, 23 de septiembre de 2014

Haazinu

Obesidad. En esta Parashá Dios nos habla de las consecuencias de comer en demasía. ¿En qué parte? Cuando nos dice “ustedes engordarán… y… abandonarán a Dios”

¿Qué tiene que ver la obesidad con abandonar a Dios?

Cuando uno es muy exitoso en la vida y la “buena suerte” está de su lado, tendemos a olvidar que es la voluntad de Dios que así sea. Está en nuestra naturaleza porque Dios nos hizo imperfectos.

Comemos en demasía para satisfacer nuestro ser físico olvidando por completo a nuestro ser espiritual.

Y generamos un círculo vicioso en el cual queremos cada vez comida para satisfacernos porque no tenemos un límite. En cambio para nuestro ser espiritual el límite es el estudio constante de la Torá.

Nuestro ser espiritual siempre queda satisfecho mientras que nuestro ser físico fagocita sin límites.

No significa que no debamos comer todo lo que queramos sino intentar encontrar un punto de equilibrio entre lo que nos alimenta física y espiritualmente.

La obesidad es una enfermedad no sólo para nuestro ser físico.

Ahora que estamos en Iamin Noraim es un buen momento para pensar y recapacitar si queremos ser obesos el próximo año.

Si deseamos no serlo, la mejor manera de hacerlo no es dejar de comer, sino mirar al cielo y agradecerle a Dios que nos hizo darnos cuenta, de que nunca es tarde para encontrar el equilibrio.

ShanaTova Umetuka

Shabat Shalom


Lucas Fisbein

martes, 16 de septiembre de 2014

Nitzavím-Vaiélej

Resulta interesante cómo Dios nos da a elegir entre la vida y la muerte. Cualquier ser racional elegiría la vida aunque para comprender el pasuk en su totalidad tenemos que entender que significa la muerte.

El ser humano tiene un cuerpo físico que nace, crece y luego muere. Eso es inevitable. Pero también posee un cuerpo espiritual cuya vida comenzó con la Creación y perdurará por el resto de los días.

A esa elección es a la que Dios apunta. A nuestro ser espiritual.

Elegir la vida es seguir las mitzvot. Es alimentar a nuestro ser espiritual que permaneció dormido hasta Matan Torá. En el Sinaí todas las almas pasadas, presentes y futuras, estuvieron ahí aceptando un pacto con Dios.

El pacto de la vida.

Pero recordemos que también está nuestro ser físico que tiene deseos y necesidades que muchas veces pueden contrariar a nuestro ser espiritual.

Elegir la vida es encontrar la armonía entre nuestros seres de manera tal que el paso por este mundo no sea un obstáculo para el desarrollo de nuestro ser para el mundo venidero ni que una excesiva espiritualidad nos impida disfrutar de nuestro presente.

Y la elección entre la vida y la muerte es dirigida al Pueblo de Israel como un ser único. No se menciona explícitamente la palabra “Pueblo” sino que Dios se refiere a nosotros en segunda persona. Nos da la idea de comunidad donde cada miembro es importante y si faltara uno la cosa sería distinta.

Kol Israel arevin ze laze.

Cada uno de nosotros somos responsables por los otros. Cada uno de nosotros es responsable porque el otro elija siempre la vida.

Estamos ante las puertas de Iamim Noraim. Otro año más a punto de iniciarse y que mejor manera de comenzarlo que seguir eligiendo la vida.

Shabat Shalom


Lucas Fisbein