En la Parashá de esta
semana vemos como el mundo se había corrompido en inmoralidad. El ser humano
estaba destinado a desaparecer pero apreció Noaj, un hombre justo que caminaba
con Dios.
Esta descripción de Noaj
de caminar con Dios viene a definir su personalidad. Noaj significa “descanso”
o “comodidad”. Caminar con Dios implica la necesidad de ser llevado, de tomar
decisiones por cuenta propio, de no utilizar el libre albedrío.
Suele compararse a Noaj
con Abraham debido a que éste le mostraba sus descontentos a Dios. A Noaj Dios
le pide que construya un Arca porque va a mandar un diluvio para destruir a los
hombres y acepta sin un pero.
Cuando Dios le informa a
Abraham que va a destruir las ciudades de Sodoma y Gomorra, Abraham implora que
no lo haga.
Noaj construye el Arca,
sigue al pie de la letra la orden divina. En ningún momento encontramos un
remordimiento por no intentar salvar las vidas de todos.
Sucede el diluvio por
cuarenta días. Luego cuando las aguas comenzaron a bajar envía primero un
cuervo, que no encuentra tierra firme, y una paloma, con el mismo resultado.
Pasados siete días envía
otra vez a la paloma y vuelve con una hoja de olivo en su pico. El agua había
bajado definitivamente. Espero otros siete días y envió nuevamente a la paloma
que esta vez no regreso. Ya había tierra firme.
Una vez que Noaj y su
familia bajaron del arca, Dios hace un pacto con ellos y lo sella con el arcoíris.
Cada vez que veamos uno recordemos este pacto.
Noaj, en tierra firme, lo
primero que hace es plantar un viñedo y emborracharse.
Esta fue una de las
últimas acciones que conocemos de Noaj. Después se menciona su muerte.
Esto nos demuestra que
pesar de ser completamente condescendientes con Dios, debemos formar nuestras
opiniones porque si Dios hubiera querido máquinas automáticas, así las hubiera
creado.
No vaya a ser que nos
toque enfrentarnos a nuestro propio diluvio y seamos tapados por las aguas de no
saber cómo actuar.
Shabat Shalom
Lucas Fisbein
No hay comentarios:
Publicar un comentario