Dos son los sacrificios que le
pide Dios a Abraham Avinu en la parashá de esta semana y a la vez sella un
pacto. El primer sacrificio es espiritual y el segundo físico.
El espiritual se encuentra al
principio cuando le dice “Vete de tu tierra, de tu lugar de nacimiento y de la
casa de tu padre…”.
Sólo una persona con un nivel
espiritual alto puede aceptar este cheque en blanco firmado por Dios y dejar
atrás toda una cultura, una familia y partir siguiendo la palabra de Dios.
No fue casualidad que Dios lo
eligiera. Cuenta un Midrash que Teraj, padre de Abraham, tenía un negocio de
ídolos. Un día tiene que ausentarse y le pide a su hijo que atienda el negocio.
Un hombre de un gran poder adquisitivo entra y le pide que le venda un ídolo,
el más caro, porque seguramente creía que a mayor precio, mejor dios. Abraham
se lo vende y le pregunta la edad. Al escuchar la respuesta Abraham le dice “No
tiene vergüenza de adorar a un dios que tiene sólo un día de vida, mi padre lo
terminó ayer”. El hombre se fue ofuscado.
Abraham ya tenía bien en claro
que había un Dios único. Ahora era el momento de Dios de presentarse. Abraham
reunía las características necesarias para ser el Padre de Nuestro Pueblo.
Abraham, en su humildad por
demostrar que había un Dios único se lleva consigo a Lot. Lo consideraba un
hermano pero después se da cuenta que Lot no iba a cambiar. La forma en que
crece un árbol está determinada por sus raíces.
El segundo sacrificio que
viene ligado al pacto es el del Brit Milá. Cortarse una parte del cuerpo es un
sacrificio muy duro.
Pero a raíz de este acto de
Abraham Dios sella un pacto que se mantendrá por todas las generaciones hasta
nuestros días.
Dicen que el cumplimiento de
este Pacto fue uno de los motivos por el que Dios nos rescató de la esclavitud
de Egipto.
Este pacto es realizado tanto
por ortodoxos como por conservadores. Es la esencia misma del hombre judío.
Esto nos enseña que sólo
cuando estamos preparados espiritualmente podemos hacer cosas por nuestro ser
físico. Si Abraham no se hubiera ido de su tierra, seguramente Dios no le
hubiera enseñado el Brit Milá.
Si algo hay que agradecerle a
Abraham es haberse dado cuenta que Dios es único. Cuando recitemos el Shemá en
su última parte “Adonai Ejad” recordemos que fue gracias a nuestro patriarca
que llegamos a nuestros días.
Shabat Shalom
Lucas Fisbein
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