lunes, 27 de octubre de 2014

Lej Lejá

Dos son los sacrificios que le pide Dios a Abraham Avinu en la parashá de esta semana y a la vez sella un pacto. El primer sacrificio es espiritual y el segundo  físico.

El espiritual se encuentra al principio cuando le dice “Vete de tu tierra, de tu lugar de nacimiento y de la casa de tu padre…”.

Sólo una persona con un nivel espiritual alto puede aceptar este cheque en blanco firmado por Dios y dejar atrás toda una cultura, una familia y partir siguiendo la palabra de Dios.

No fue casualidad que Dios lo eligiera. Cuenta un Midrash que Teraj, padre de Abraham, tenía un negocio de ídolos. Un día tiene que ausentarse y le pide a su hijo que atienda el negocio. Un hombre de un gran poder adquisitivo entra y le pide que le venda un ídolo, el más caro, porque seguramente creía que a mayor precio, mejor dios. Abraham se lo vende y le pregunta la edad. Al escuchar la respuesta Abraham le dice “No tiene vergüenza de adorar a un dios que tiene sólo un día de vida, mi padre lo terminó ayer”. El hombre se fue ofuscado.

Abraham ya tenía bien en claro que había un Dios único. Ahora era el momento de Dios de presentarse. Abraham reunía las características necesarias para ser el Padre de Nuestro Pueblo.

Abraham, en su humildad por demostrar que había un Dios único se lleva consigo a Lot. Lo consideraba un hermano pero después se da cuenta que Lot no iba a cambiar. La forma en que crece un árbol está determinada por sus raíces.

El segundo sacrificio que viene ligado al pacto es el del Brit Milá. Cortarse una parte del cuerpo es un sacrificio muy duro.

Pero a raíz de este acto de Abraham Dios sella un pacto que se mantendrá por todas las generaciones hasta nuestros días.

Dicen que el cumplimiento de este Pacto fue uno de los motivos por el que Dios nos rescató de la esclavitud de Egipto.

Este pacto es realizado tanto por ortodoxos como por conservadores. Es la esencia misma del hombre judío.

Esto nos enseña que sólo cuando estamos preparados espiritualmente podemos hacer cosas por nuestro ser físico. Si Abraham no se hubiera ido de su tierra, seguramente Dios no le hubiera enseñado el Brit Milá.

Si algo hay que agradecerle a Abraham es haberse dado cuenta que Dios es único. Cuando recitemos el Shemá en su última parte “Adonai Ejad” recordemos que fue gracias a nuestro patriarca que llegamos a nuestros días.

Shabat Shalom


Lucas Fisbein

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