Muchos aspectos interesantes encontramos esta
semana. Uno de ellos y que llama la atención es “No se hagan ninguna marca de
tatuaje sobre la piel” (Shemot 19:28). Basta con mirar unos minutos por
la calle en nuestros días y nos resultará más extraño ver gente sin tatuaje que
tatuada. ¿A qué se debe estar prohibición? Con la moda actual de “con mi cuerpo
hago lo que quiero” muchos se olvidan de esta mitzvá. Para entender el por qué
hay que recordar cuando leimos la semana pasada sobre la tzaraat que era una
enfermedad espiritual (no es lepra aunque lo suelen traducir así) que se
manifestaba con manchas blancas en la piel. Si tengo la piel cubierta por tatuajes
estas manchas no se pueden distinguir.
Otro de ellos es el respeto que el judaísmo le da a
la experiencia. “Ponte de pie ante una cabeza cana, y brinda respeto al anciano”
(Shemot 19:32). Si uno llega a donde está es por la experiencia de las
generaciones anteriores.
Un tercer concepto es el relativo a quienes se
integran a nuestro Pueblo por elección propia. “El extranjero que se vuelva
prosélito debe ser exactamente como un nativo entre ustedes” (Shemot
19:34). En otras palabras, no debemos hace distinción entre un converso y
alguien que nació yehudí. A pesar de eso las instituciones que nos representan
olvidan está mitzvá y desconocen a quienes dejan de lado otras creencias para
volverse a la nuestra haciendo distinciones discriminatorias olvidado los
preceptos de nuestra Torá que dicen seguir a rajatabla.
Y un último concepto importante que engloba a todos
es “Deben santificarse y ser santos, puesto que Yo soy Dios su Señor.”
(Shemot 20:7).
Para entender el concepto de santo tenemos que
quitarnos de nuestra mente la idea que profesa el Cristianismo que es aquella
persona a la que se le atribuye algún milagro y la gente le reza. Para el
judaísmo ser santo es cumplir las mitzvot.
Di-s no nos quiere como robots. El judaísmo nos
enseña que Di-s nos dio el libre albedrio para que nosotros tomemos nuestras
propias decisiones.
Ser santos no es vestir de blanco, caerle bien a todo
el mundo e intentar que todos profesen nuestra fe al punto tal de asesinar a
quienes no lo hagan. Esta es una pésima interpretación de las mitzvot.
Ser santos es saber que existe un Di-s a quien
debemos temer y amar pero por sobre todas las cosas santificar su nombre cada
vez que podamos.
¿Y por qué he de temerle a Di-s? Porque en
omnipresente. Si no hubiera Di-s no habría vida. Y el temor infunde respeto.
Temerle a Di-s no es vivir con miedo por no cumplir con todas las mitzvot. Es
saber que no seremos recompensados en el mundo venidero si no las cumplimos.
Y temerle a Di-s es también un intento por emular
su bondad. El pasuk, utilizado hasta el hartazgo por otros credos, desconociendo
e ignorando su origen en nuestra Torá: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”
(Shemot 19:18), nos enseña que debemos aceptar a las personas como son ya que
fue Di-s quien las creó. Es aceptar a nuestros semejantes con los defectos y
virtudes porque si aparecieron en nuestras vidas fue porque nuestro libre
albedrío nos llevó a cruzarnos con ellos en algún punto de nuestras vidas
predeterminado por Di-s.
Si realmente amáramos al prójimo como nos amamos a
nosotros mismos el mundo sería un lugar mucho mejor. Di-s así lo quiere.
¿Ponemos todos un poco más de esfuerzo para lograrlo?
Shabat Shalom
Lucas Fisbein