miércoles, 25 de abril de 2018

Ajaréi Mot-Kedoshím


Muchos aspectos interesantes encontramos esta semana. Uno de ellos y que llama la atención es “No se hagan ninguna marca de tatuaje sobre la piel” (Shemot 19:28). Basta con mirar unos minutos por la calle en nuestros días y nos resultará más extraño ver gente sin tatuaje que tatuada. ¿A qué se debe estar prohibición? Con la moda actual de “con mi cuerpo hago lo que quiero” muchos se olvidan de esta mitzvá. Para entender el por qué hay que recordar cuando leimos la semana pasada sobre la tzaraat que era una enfermedad espiritual (no es lepra aunque lo suelen traducir así) que se manifestaba con manchas blancas en la piel. Si tengo la piel cubierta por tatuajes estas manchas no se pueden distinguir.

Otro de ellos es el respeto que el judaísmo le da a la experiencia. “Ponte de pie ante una cabeza cana, y brinda respeto al anciano” (Shemot 19:32). Si uno llega a donde está es por la experiencia de las generaciones anteriores.

Un tercer concepto es el relativo a quienes se integran a nuestro Pueblo por elección propia. “El extranjero que se vuelva prosélito debe ser exactamente como un nativo entre ustedes” (Shemot 19:34). En otras palabras, no debemos hace distinción entre un converso y alguien que nació yehudí. A pesar de eso las instituciones que nos representan olvidan está mitzvá y desconocen a quienes dejan de lado otras creencias para volverse a la nuestra haciendo distinciones discriminatorias olvidado los preceptos de nuestra Torá que dicen seguir a rajatabla.

Y un último concepto importante que engloba a todos es “Deben santificarse y ser santos, puesto que Yo soy Dios su Señor.” (Shemot 20:7).

Para entender el concepto de santo tenemos que quitarnos de nuestra mente la idea que profesa el Cristianismo que es aquella persona a la que se le atribuye algún milagro y la gente le reza. Para el judaísmo ser santo es cumplir las mitzvot.

Di-s no nos quiere como robots. El judaísmo nos enseña que Di-s nos dio el libre albedrio para que nosotros tomemos nuestras propias decisiones.

Ser santos no es vestir de blanco, caerle bien a todo el mundo e intentar que todos profesen nuestra fe al punto tal de asesinar a quienes no lo hagan. Esta es una pésima interpretación de las mitzvot.

Ser santos es saber que existe un Di-s a quien debemos temer y amar pero por sobre todas las cosas santificar su nombre cada vez que podamos.

¿Y por qué he de temerle a Di-s? Porque en omnipresente. Si no hubiera Di-s no habría vida. Y el temor infunde respeto. Temerle a Di-s no es vivir con miedo por no cumplir con todas las mitzvot. Es saber que no seremos recompensados en el mundo venidero si no las cumplimos.

Y temerle a Di-s es también un intento por emular su bondad. El pasuk, utilizado hasta el hartazgo por otros credos, desconociendo e ignorando su origen en nuestra Torá: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo” (Shemot 19:18), nos enseña que debemos aceptar a las personas como son ya que fue Di-s quien las creó. Es aceptar a nuestros semejantes con los defectos y virtudes porque si aparecieron en nuestras vidas fue porque nuestro libre albedrío nos llevó a cruzarnos con ellos en algún punto de nuestras vidas predeterminado por Di-s.

Si realmente amáramos al prójimo como nos amamos a nosotros mismos el mundo sería un lugar mucho mejor. Di-s así lo quiere. ¿Ponemos todos un poco más de esfuerzo para lograrlo?

Shabat Shalom

Lucas Fisbein

jueves, 19 de abril de 2018

Tazria-Metzorá


Parte del texto que leemos esta semana hace mención a la enfermedad tzaraat. Vulgarmente se le dice lepra, pero es un concepto equivocado ya que la lepra es una enfermedad física y la tzaarat es una enfermedad espiritual.

Para la lepra se iba al médico mientras quien determinaba si era tzaarat era el Cohen.

¿Por qué se manifiesta como una mancha en nuestra piel? ¿Qué hace que sea visible?

En primer lugar, la piel es el órgano más extenso que tiene el ser humano y el que está en toda su extensión en contacto con el “mundo exterior”. En segundo lugar, las manchas son forma en que se tiene en demostrar que estamos “podridos” por dentro. Haciendo una analogía tenemos el frasco más lindo del mundo, pero dentro lleva veneno. La única forma de saber que hay ahí es por la marca que lleva en el exterior.

Uno lo de los causales de esta enfermedad era (y es como veremos adelante) hablar lashón hará. ¿Tan grave es esta actitud? De acuerdo al Talmud Di-s creó al hombre con una boca y dos oídos para que escuchar el doble y hablar la mitad. Así que, si derrochamos una capacidad otorgada por nuestro Creador, en hablar mal de alguien, ciertamente estamos en contra de Su Voluntad.

Dicen que las palabras se las lleva el viento, pero quedan marcadas en la pesona que las recibió. Así también queda la marca en quien habló lashón hará.

El castigo por la misma era el aislamiento. Estar sólos nos debe hacer recapacitar sobre nuestras conductas. Sobre nuestros sentimientos y emociones que nos hacen transitar por el camino errado.

En nuestros días el castigo de la tzaarat, como mancha en la piel, ha desaparecido, pero no así sus consecuencias. Hablar mal de alguien implica automáticamente una exclusión sea en forma explícita apartando a la persona o implícita no escuchando más lo que dice.

Bajándolo a la realidad sería como estar en un grupo de whatsapp y hablar mal de uno de sus integrantes. Si bien ahora existe la posibilidad de borrar ese mensaje, seguramente seríamos borrados por el administrador o algún otro miembro nos bloquearía.

El lashón hará también se manifiesta en nuestros días como el bullying. ¿Y cuántas veces se discrimina a una persona por pensar o ser distinta? ¿Quiénes hacen bullyng se sienten superiores? ¿Son acaso “los piolas del grupo”? Nosotros somos mejores que esas personas. A quien sufre bullying hay que ayudarla/o. Las marcas quedan en quien lo recibe y no en quien debería ser castigado.

Cualquier intento de lashón hará, ahora ampliando el espectro sea bullying, insulto, chisme, etc, significa que nos sentimos tan poca persona que debemos utillizar a un tercero para intentar reafirmar lo que nuestro ego caído desearía ser.

Y la difamación viene desde la misma creación del mundo. La serpiente difama a Di-s cuando induce a Javá a comer del Arbol del Conocimiento.

Nosotros mismos tenemos la inclinación a hablar lashón hará. Por eso nuestros sabios en la última parte de la Amidá, Elohai Netzor, nos hacen recitar “Di-s mío, preserva mi lengua de la calumnia y mis labios de la mentria”.

De acuerdo al Midrash, Di-s a la serpiente le partió la lengua y la marcó con manchas parecidas a la tzaraat.

Cuando estemos por hablar lashón hará recordemos que nosotros podemos estar del otro lado. Que es mejor cerrar la boca a tiempo porque las manchas que quedan en nuestra conciencia jamás podrán ser borradas.

Una persona puede decirte que te perdona, pero jamás olvidará lo que sufrió cuando escuchó esas palabras de tu boca.

Di-s nos dio la posibilidad de hablar para comunicarnos, para transmitir un mensaje claro y directo. Serpientes que nos asechan encontramos en todos lados. Si nos muerden y nos trasmiten su veneno seremos zombies como los de “The Waling Dead” mordiendo y convirtiendo a otros en habladores de lashón hará.

Midamos siempre nuestras palabras. Di-s no nos quiere caminantes, sino pensantes.

Shabat Shalom


Lucas Fisbein

miércoles, 11 de abril de 2018

Shminí


Por un momento pensemos que somos Hamlet y en la mano en vez de tener una calavera tenemos un muñeco de Pepa Pig. “Casher o no casher, esa es la cuestión”.

Casher literalmente significa apto, correcto. Es decir que la comida que no es casher por contraposición no es apta para nuestro consumo.

No implica que si uno come algo que no sea casher va a morirse por lo menos en nuestros días. En épocas pasadas por comer cerdo uno moría de triquinosis.

Lo que trae aparejado no respetar las reglas de cashrut es nada más ni nada menos que faltarle el respeto a Di-s. Cuando recitamos el Shemá, en la primer brajá posterior decimos “Y estas palabras que Yo te ordeno hoy estarán sobre tu corazón”. ¿Qué clase de corazón puedo tener si esas palabras me resbalan?

El ser humano está lleno de impulsos que van en contra de las leyes dictadas, sean estas divinas o legisladas por el propio hombre. Está en nosotros poder contener esos impulsos. Y hago énfasis en contener y no reprimir. Contener es saber y aceptar que los tengo y a pesar de ello sé que puedo manejarlos. Reprimir en caso es intentar la auto negación del sentimiento inclusive causándonos un daño corporal como se dice ocurre con los miembros de la Prelatura Cristiana Opus Dei.

Tenes ganas de comer en Mc Donalds, adelante, el Shopping Abasto tenés uno casher. Te morís por un sándwich de jamón, no se puede, comete uno de pastrón y pepinos. Busquemos la solución al problema y no le agreguemos además la frustración y el sentimiento de represión hacia nuestros impulsos.

Y somos burlados y ridiculizados hasta el absurdo por no comer cerdo como si eso fuera tan importante para vivir.

Lo que realmente es importante es el mensaje que se desprende de la mitzvá correspondiente. La Torá nos dice “Entre los mamíferos, pueden comer [cualquiera] que tenga pezuñas verdaderas que estén partidas y rumie” (Vaikrá 11:3)

El cerdo tiene la pezuña partida pero no es rumiante. Su aspecto exterior es casher pero su aspecto interior no hace impuro.

A Di-s lo que le importa es como somos tanto por fuera como por dentro. No debemos aparentar serlo por fuera y por dentro ser cualquier otra cosa.

Además rumiar es masticar por segunda vez, lo que equivale a no ser impulsivos. Significa pensar dos veces antes de actuar porque si nos dejamos llevar por nuestros impulsos primitivos podemos lograr efectos devastadores que una segunda pasada por nuestra mente puede detener.

¿Y la pezuña partida? Significa que nuestra huella no está completa. Que hay un espacio para completarla. Es decir que nuestro pensamiento o acción no es absoluta, sino que deja una hendidura abierta para que el poder divino complete nuestro acto. Una pisada sin hendidura sería soberbia.

Di-s espera que todos seamos casher. Nos creó para eso, pero nos dio el libre albedrío para elegir qué queremos ser.

Dicen nuestros sabios que la raíz hebrea para cerdo es la misma que para la palabra volver. Es decir, se espera que el cerdo empiece a rumiar para ser casher.

Eso es lo que Di-s espera de nosotros. Que volvamos al grado de pureza en el que fuimos creados. Que pensemos dos veces antes de actuar. Que nuestra huella deje siempre un hueco para que entré la Shejiná (presencia divina).

Que comer casher no lo sintamos como una obligación porque la Torá lo dice. Di-s lo quiere así porque es quien mejor nos conoce.

Y qué no sea sólo para alimentar a nuestro ser físico. Nuestro ser espiritual se alimenta también con Tefilá y lo mejor es que hay para todos.

Te invito a probar.

Shabat Shalom

Lucas Fisbein

miércoles, 4 de abril de 2018

8vo Día de Pesaj


El último día de Pesaj leemos parte de la Parashá Ree. (Devarim 14:22 a 16:17).

Una de las mitzvot que aparecen en esta parashá es la referida a ayudar a quien lo necesite.

“No endurezcas tu corazón ni cierres tu mano contra tu hermano necesitado”. (Devarim 15:7)

Esto es la base de la tzedaká. La ayuda a quien lo necesita.

Pero la ayuda no tiene que hacerse porque sí. Uno debe sentir placer al hacerlo. ¿Cuánta gente dona dinero pensando que con eso lava su cabeza? Quien lo hace sintiendo placer es quien realmente entiende esta mitzva.

Si bien lo leemos al final de este Jag es bueno recordarlo para el próximo año. Invitemos a quien no tiene para celebrar, abramos nuestros corazones a quienes lo necesitan. Volvamos a leer leer una Hagadá donde sólo haya cuatro hijos y que el quinto sea sólo una anécdota del pasado.

Pero, ¿hay algo que nos obligue o nos haga brindar ayuda? ¿Tenemos alguien que nos ponga entre la espada y la pared?

Nadie nos obliga. Somos nosotros quienes debemos obligarnos porque Di-s nos hizo a su imagen y semejanza. Di-s es un dador. Nos da la vida, el aire que respiramos, nuestro sustento diario, y podemos seguir con innumerables ejemplos.

Entonces qué mejor que dar para emular la acción divina de la creación.

Cuando donamos ropa para un ropero comunitario, por ejemplo, estamos dando la posibilidad de que una persona que la necesita la use y no sienta frío. Le estamos dando la posibilidad de sobrevivir al frío. Una posibilidad de vida.

¿Hay una medida para la tzedaká?

Nuestros sabios interpretan el pasuk que habla de tomar un diezmo de todos los cultivos de semilla como la medida mínima.(Devarim 14:22)

Tal vez pueda parecer mucho pero recordemos que Di-s no nos va a ordenar algo que nos sea desfavorable. Si nos dice que donemos un 10% seguramente nos va a recompensar con algo mayor.

Y no sólo en las fiestas de peregrinación, que nos mencionadas en esta Parashá, o en los Iamin Noraim, debemos hacer tzedaká para lavar nuestra conciencia.

A diario en nuestras Kehilot, que son pequeños mundos, hay gente que necesita nuestra ayuda. Sea monetaria o simplemente brindándoles un rato de compañía.

Ya falta poco para volver a consumir jametz. Recordemos que somos privilegiados por poder hacerlo. Hay muchos que no pueden. Estaría bueno hacer un acto de tzedaká con ellos.

Shabat Shalom

Lucas Fisbein