Por un momento pensemos
que somos Hamlet y en la mano en vez de tener una calavera tenemos un muñeco de
Pepa Pig. “Casher o no casher, esa es la cuestión”.
Casher literalmente
significa apto, correcto. Es decir que la comida que no es casher por contraposición
no es apta para nuestro consumo.
No implica que si uno
come algo que no sea casher va a morirse por lo menos en nuestros días. En
épocas pasadas por comer cerdo uno moría de triquinosis.
Lo que trae aparejado
no respetar las reglas de cashrut es nada más ni nada menos que faltarle el
respeto a Di-s. Cuando recitamos el Shemá, en la primer brajá posterior decimos
“Y estas palabras que Yo te ordeno
hoy estarán sobre tu corazón”. ¿Qué clase de corazón puedo tener si esas
palabras me resbalan?
El ser humano está lleno de impulsos que van en contra
de las leyes dictadas, sean estas divinas o legisladas por el propio hombre. Está
en nosotros poder contener esos impulsos. Y hago énfasis en contener y no
reprimir. Contener es saber y aceptar que los tengo y a pesar de ello sé que
puedo manejarlos. Reprimir en caso es intentar la auto negación del sentimiento
inclusive causándonos un daño corporal como se dice ocurre con los miembros de
la Prelatura Cristiana Opus Dei.
Tenes ganas de comer en Mc Donalds, adelante, el
Shopping Abasto tenés uno casher. Te morís por un sándwich de jamón, no se puede,
comete uno de pastrón y pepinos. Busquemos la solución al problema y no le
agreguemos además la frustración y el sentimiento de represión hacia nuestros
impulsos.
Y somos burlados y ridiculizados hasta el absurdo por
no comer cerdo como si eso fuera tan importante para vivir.
Lo que realmente es importante es el mensaje que se
desprende de la mitzvá correspondiente. La Torá nos dice “Entre los mamíferos,
pueden comer [cualquiera] que tenga pezuñas verdaderas que estén partidas y
rumie” (Vaikrá 11:3)
El cerdo tiene la pezuña partida pero no es rumiante.
Su aspecto exterior es casher pero su aspecto interior no hace impuro.
A Di-s lo que le importa es como somos tanto por fuera
como por dentro. No debemos aparentar serlo por fuera y por dentro ser
cualquier otra cosa.
Además rumiar es masticar por segunda vez, lo que
equivale a no ser impulsivos. Significa pensar dos veces antes de actuar porque
si nos dejamos llevar por nuestros impulsos primitivos podemos lograr efectos
devastadores que una segunda pasada por nuestra mente puede detener.
¿Y la pezuña partida? Significa que nuestra huella no
está completa. Que hay un espacio para completarla. Es decir que nuestro
pensamiento o acción no es absoluta, sino que deja una hendidura abierta para
que el poder divino complete nuestro acto. Una pisada sin hendidura sería
soberbia.
Di-s espera que todos
seamos casher. Nos creó para eso, pero nos dio el libre albedrío para elegir
qué queremos ser.
Dicen nuestros sabios
que la raíz hebrea para cerdo es la misma que para la palabra volver. Es decir,
se espera que el cerdo empiece a rumiar para ser casher.
Eso es lo que Di-s
espera de nosotros. Que volvamos al grado de pureza en el que fuimos creados.
Que pensemos dos veces antes de actuar. Que nuestra huella deje siempre un
hueco para que entré la Shejiná (presencia divina).
Que comer casher no lo
sintamos como una obligación porque la Torá lo dice. Di-s lo quiere así porque
es quien mejor nos conoce.
Y qué no sea sólo para
alimentar a nuestro ser físico. Nuestro ser espiritual se alimenta también con
Tefilá y lo mejor es que hay para todos.
Te invito a probar.
Shabat Shalom
Lucas Fisbein
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