miércoles, 11 de abril de 2018

Shminí


Por un momento pensemos que somos Hamlet y en la mano en vez de tener una calavera tenemos un muñeco de Pepa Pig. “Casher o no casher, esa es la cuestión”.

Casher literalmente significa apto, correcto. Es decir que la comida que no es casher por contraposición no es apta para nuestro consumo.

No implica que si uno come algo que no sea casher va a morirse por lo menos en nuestros días. En épocas pasadas por comer cerdo uno moría de triquinosis.

Lo que trae aparejado no respetar las reglas de cashrut es nada más ni nada menos que faltarle el respeto a Di-s. Cuando recitamos el Shemá, en la primer brajá posterior decimos “Y estas palabras que Yo te ordeno hoy estarán sobre tu corazón”. ¿Qué clase de corazón puedo tener si esas palabras me resbalan?

El ser humano está lleno de impulsos que van en contra de las leyes dictadas, sean estas divinas o legisladas por el propio hombre. Está en nosotros poder contener esos impulsos. Y hago énfasis en contener y no reprimir. Contener es saber y aceptar que los tengo y a pesar de ello sé que puedo manejarlos. Reprimir en caso es intentar la auto negación del sentimiento inclusive causándonos un daño corporal como se dice ocurre con los miembros de la Prelatura Cristiana Opus Dei.

Tenes ganas de comer en Mc Donalds, adelante, el Shopping Abasto tenés uno casher. Te morís por un sándwich de jamón, no se puede, comete uno de pastrón y pepinos. Busquemos la solución al problema y no le agreguemos además la frustración y el sentimiento de represión hacia nuestros impulsos.

Y somos burlados y ridiculizados hasta el absurdo por no comer cerdo como si eso fuera tan importante para vivir.

Lo que realmente es importante es el mensaje que se desprende de la mitzvá correspondiente. La Torá nos dice “Entre los mamíferos, pueden comer [cualquiera] que tenga pezuñas verdaderas que estén partidas y rumie” (Vaikrá 11:3)

El cerdo tiene la pezuña partida pero no es rumiante. Su aspecto exterior es casher pero su aspecto interior no hace impuro.

A Di-s lo que le importa es como somos tanto por fuera como por dentro. No debemos aparentar serlo por fuera y por dentro ser cualquier otra cosa.

Además rumiar es masticar por segunda vez, lo que equivale a no ser impulsivos. Significa pensar dos veces antes de actuar porque si nos dejamos llevar por nuestros impulsos primitivos podemos lograr efectos devastadores que una segunda pasada por nuestra mente puede detener.

¿Y la pezuña partida? Significa que nuestra huella no está completa. Que hay un espacio para completarla. Es decir que nuestro pensamiento o acción no es absoluta, sino que deja una hendidura abierta para que el poder divino complete nuestro acto. Una pisada sin hendidura sería soberbia.

Di-s espera que todos seamos casher. Nos creó para eso, pero nos dio el libre albedrío para elegir qué queremos ser.

Dicen nuestros sabios que la raíz hebrea para cerdo es la misma que para la palabra volver. Es decir, se espera que el cerdo empiece a rumiar para ser casher.

Eso es lo que Di-s espera de nosotros. Que volvamos al grado de pureza en el que fuimos creados. Que pensemos dos veces antes de actuar. Que nuestra huella deje siempre un hueco para que entré la Shejiná (presencia divina).

Que comer casher no lo sintamos como una obligación porque la Torá lo dice. Di-s lo quiere así porque es quien mejor nos conoce.

Y qué no sea sólo para alimentar a nuestro ser físico. Nuestro ser espiritual se alimenta también con Tefilá y lo mejor es que hay para todos.

Te invito a probar.

Shabat Shalom

Lucas Fisbein

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