El último
día de Pesaj leemos parte de la Parashá Ree. (Devarim 14:22 a 16:17).
Una de las
mitzvot que aparecen en esta parashá es la referida a ayudar a quien lo
necesite.
“No
endurezcas tu corazón ni cierres tu mano contra tu hermano necesitado”.
(Devarim 15:7)
Esto es la
base de la tzedaká. La ayuda a quien lo necesita.
Pero la
ayuda no tiene que hacerse porque sí. Uno debe sentir placer al hacerlo.
¿Cuánta gente dona dinero pensando que con eso lava su cabeza? Quien lo hace
sintiendo placer es quien realmente entiende esta mitzva.
Si bien lo
leemos al final de este Jag es bueno recordarlo para el próximo año. Invitemos
a quien no tiene para celebrar, abramos nuestros corazones a quienes lo
necesitan. Volvamos a leer leer una Hagadá donde sólo haya cuatro hijos y que
el quinto sea sólo una anécdota del pasado.
Pero, ¿hay
algo que nos obligue o nos haga brindar ayuda? ¿Tenemos alguien que nos ponga
entre la espada y la pared?
Nadie nos
obliga. Somos nosotros quienes debemos obligarnos porque Di-s nos hizo a su
imagen y semejanza. Di-s es un dador. Nos da la vida, el aire que respiramos,
nuestro sustento diario, y podemos seguir con innumerables ejemplos.
Entonces
qué mejor que dar para emular la acción divina de la creación.
Cuando
donamos ropa para un ropero comunitario, por ejemplo, estamos dando la
posibilidad de que una persona que la necesita la use y no sienta frío. Le
estamos dando la posibilidad de sobrevivir al frío. Una posibilidad de vida.
¿Hay una
medida para la tzedaká?
Nuestros
sabios interpretan el pasuk que habla de tomar un diezmo de todos los cultivos
de semilla como la medida mínima.(Devarim 14:22)
Tal vez
pueda parecer mucho pero recordemos que Di-s no nos va a ordenar algo que nos
sea desfavorable. Si nos dice que donemos un 10% seguramente nos va a
recompensar con algo mayor.
Y no sólo
en las fiestas de peregrinación, que nos mencionadas en esta Parashá, o en los Iamin
Noraim, debemos hacer tzedaká para lavar nuestra conciencia.
A diario
en nuestras Kehilot, que son pequeños mundos, hay gente que necesita nuestra
ayuda. Sea monetaria o simplemente brindándoles un rato de compañía.
Ya
falta poco para volver a consumir jametz. Recordemos que somos privilegiados
por poder hacerlo. Hay muchos que no pueden. Estaría bueno hacer un acto de
tzedaká con ellos.
Shabat
Shalom
Lucas
Fisbein
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