jueves, 12 de septiembre de 2019

Ki Tetzé 5779


Hagamos un juego mental y pensemos que nos encontramos en la calle un maletín con un millón de dólares. Imaginemos que tiene ese contenido porque no lo vamos a abrir. La calle está desierta y si lo tomamos y lo llevamos con nosotros nadie se va a enterar. Es un lugar que no hay cámaras de seguridad y podemos pasar desapercibidos llevándonos

Nuestro primer impulso es tomarlo y salir corriendo, ¿no es así? Todos nuestros problemas económicos estarían solucionados. Tendríamos vacaciones en Miami, Israel, el Caribe, etc.

Pero en nuestro interior, tal vez muy dentro nuestro, sabemos que le pertenece a alguien y que seguramente al no encontrarlo se pondrá muy triste.

Para contener nuestro impulso la Torá nos indica “Si tu hermano no está cerca de ti, o si no sabes quién [es el dueño], debes llevar [el animal] a tu hogar y quedarte con él hasta que tu hermano lo identifique, después de lo cual debes retornárselo.” (Devarim 22:2)

Tampoco nos permite hacer trampa a esta mitzvá. Si yo me escondo el dueño nunca me podrá encontrar y por consiguiente nunca reclamará su objeto.

¿Cómo aplica ese concepto en nuestros días cuando el materialismo tiende a superar al más profundo deseo de cumplimiento de mitzvot? O cuando somos permanentemente inundados con publicidades que nos quieren mentalizar con que más tenemos más felices somos.

Podemos aplicarlo teniendo una escala de valores clara y una base moral que haga de muralla sobre una coyuntura cada vez menos favorable a los valores que arraigamos.

Siempre para esta Parashá uso la frase de René Descartes “cogito ergo sum”: “pienso luego existo”. Para existir como persona cumplidora de las mitzvot tenemos que pensar. ¿Es correcto esto? ¿Es lo que D´s quiere para nosotros?

El primer contacto que tenemos en nuestras vidas con la moral está en nuestras familias. Y así pasamos a otra mitzvá que se menciona que dice que “Cuando un hombre tome una novia nueva, no ingresará en el servicio militar ni se lo asignará a ningún deber relacionado. Debe permanecer libre para su familia durante un año, en el cual puede regocijarse con su novia.” (Devarim 24:5)

Lógicamente que la poligamia ya no existe, pero esta ley podría aplicar a un solo matrimonio. No significa que el hombre no deba trabajar, sino que en su tiempo libre debe dedicarse a su mujer. Sólo un matrimonio con una base sólida puede asegurarse de no tener un hijo descarriado.

Sólo devolviendo lo que no nos pertenece podremos apreciar lo que es nuestro. Lo que tenemos desde nuestras bases. Bases que nos hacen ir por la senda correcta y no descarriar en nuestro camino.

Un camino de constante respeto, por nuestra familia y por estudio el cumplimiento de las mitzvot.

Shabbat Shalom

Lucas Fisbein

jueves, 5 de septiembre de 2019

Shoftim 5779


“No tuerzas la justicia y no des consideración especial [a nadie]. No tomes sobornos, puesto que el soborno hace ciego al sabio y pervierte las palabras de los justos.” (Devarim 16:19).

En cada momento de nuestras vidas somos jueces. Nos la pasamos juzgando las actitudes ajenas como si fueran propias y olvidamos las circunstancias que llevan a la persona a actuar de tal o cual manera. ¿Torcemos la justicia por ser subjetivos? Cuando son actos que no están reglados por ninguna normativa, ¿con qué vara juzgamos?

También debemos ser cautos a la hora de administrar la justicia. No tomemos literalmente este pasuk “Al acusado se le dará muerte sólo por el testimonio de dos o tres testigos. No se le dará muerte por el testimonio de un [solo] testigo.” (Devarim 17:6).

Interpretemos en este caso que un solo testigo no es suficiente para que saquemos conclusiones en situaciones en las que somos ajenos y no tenemos la suficiente información para armarnos de un juicio de valor sobre el veredicto que tomaremos.

Una persona puede mentir como testigo para perjudicar a otra. Dos personas también, pero en algún punto si mienten se contradirán y ahí se demostrará la inocencia o no de quien es juzgado.

Pero no nos referimos sólo a los juicios que se realizan en los tribunales sino en todo juicio o suposición que realizamos.

Es fácil juzgar a quien hace algo mientras nosotros nos quedamos cruzados de brazos sin hacer nada. Es fácil juzgar a otro, pero ¿somos capaces de juzgarnos a nosotros mismos?
Empezamos a transitar el mes de Elúl. Un mes de reflexión en donde somos juzgados por D´s pero no debemos detenernos con que Él siempre nos perdona.

Recordemos la primera pregunta que aparece en la Torá “¿Dónde estás?” (Bereshit 3:9) y saquémonos una foto imaginaria de donde nos encontramos. ¿Estamos donde queremos? ¿Somos capaces de cambiar? ¿Hacia dónde estamos yendo?

Por eso tenemos un mes entero para reflexionar, para juzgarnos, sin sobornarnos, porque nos estaríamos engañando. La vida no es de color rosa. Es del color que nosotros querramos.

Que la respuesta a la pregunta de donde estamos sea en el camino correcto.

Si no es así, estás a tiempo de enderezarte. Caminante no hay camino, se hace camino al andar. La justicia no es ciega, pero sí puede serlo nuestra manera de juzgar.

Este Shabbat tomate unos minutos para pensar hacia dónde queres ir y respondete donde estás. Juzgate. Si tenes dudas consúltalo con tu entorno. Ellos son los mejores testigos que podes tener.

Shabbat Shalom

Lucas Fisbein