Hagamos un juego mental y pensemos que nos
encontramos en la calle un maletín con un millón de dólares. Imaginemos que
tiene ese contenido porque no lo vamos a abrir. La calle está desierta y si lo
tomamos y lo llevamos con nosotros nadie se va a enterar. Es un lugar que no
hay cámaras de seguridad y podemos pasar desapercibidos llevándonos
Nuestro primer impulso es tomarlo y salir
corriendo, ¿no es así? Todos nuestros problemas económicos estarían
solucionados. Tendríamos vacaciones en Miami, Israel, el Caribe, etc.
Pero en nuestro interior, tal vez muy dentro
nuestro, sabemos que le pertenece a alguien y que seguramente al no encontrarlo
se pondrá muy triste.
Para contener nuestro impulso la Torá nos indica “Si
tu hermano no está cerca de ti, o si no sabes quién [es el dueño], debes llevar
[el animal] a tu hogar y quedarte con él hasta que tu hermano lo identifique,
después de lo cual debes retornárselo.” (Devarim 22:2)
Tampoco nos permite hacer trampa a esta mitzvá. Si
yo me escondo el dueño nunca me podrá encontrar y por consiguiente nunca
reclamará su objeto.
¿Cómo aplica ese concepto en nuestros días cuando
el materialismo tiende a superar al más profundo deseo de cumplimiento de
mitzvot? O cuando somos permanentemente inundados con publicidades que nos
quieren mentalizar con que más tenemos más felices somos.
Podemos aplicarlo teniendo una escala de valores
clara y una base moral que haga de muralla sobre una coyuntura cada vez menos
favorable a los valores que arraigamos.
Siempre para esta Parashá uso la frase de René
Descartes “cogito ergo sum”: “pienso luego existo”. Para existir como persona
cumplidora de las mitzvot tenemos que pensar. ¿Es correcto esto? ¿Es lo que D´s
quiere para nosotros?
El primer contacto que tenemos en nuestras vidas
con la moral está en nuestras familias. Y así pasamos a otra mitzvá que se
menciona que dice que “Cuando un hombre tome una novia nueva, no
ingresará en el servicio militar ni se lo asignará a ningún deber relacionado.
Debe permanecer libre para su familia durante un año, en el cual puede
regocijarse con su novia.” (Devarim 24:5)
Lógicamente que la poligamia ya no existe, pero
esta ley podría aplicar a un solo matrimonio. No significa que el hombre no
deba trabajar, sino que en su tiempo libre debe dedicarse a su mujer. Sólo un
matrimonio con una base sólida puede asegurarse de no tener un hijo
descarriado.
Sólo devolviendo lo que no nos pertenece podremos
apreciar lo que es nuestro. Lo que tenemos desde nuestras bases. Bases que nos
hacen ir por la senda correcta y no descarriar en nuestro camino.
Un camino de constante respeto, por nuestra familia
y por estudio el cumplimiento de las mitzvot.
Shabbat Shalom
Lucas Fisbein
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