Comenzamos
otro ciclo de lectura de la Torá y leemos acerca de la creación del mundo. “En el principio creó Dios el cielo y la tierra”
(Bereshit 1:1); “Dijo Dios: “Haya luz”, y la luz cobró existencia” (Bereshit
1:3); “Dios llamó al firmamento “Cielo”” (Bereshit 1:8); “Dios hizo las dos
grandes luminarias, la luminaria mayor para regir el día y la luminaria menor
para regir la noche. [Él hizo también] las estrellas.” (Bereshit 1:16) y “Dijo
Dios: “Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza. Que domine los peces del
mar, las aves del firmamento, los animales de ganado y toda la tierra; y todo
animal de suelo que recorre la tierra”. (Bereshit 1:26).
Bien
sabemos, y hay comprobaciones científicas que así lo demuestran, que el mundo
no fue creado en siete días, sino que fueron millones de años los que duró su
evolución desde su creación hasta el mundo que actualmente conocemos. ¿Por qué
la Torá se empecina en decirnos que fue Dios sólo en siete días (seis de
creación y uno de descanso)?
La
manera más sencilla de explicarlo es la simpleza. Es más fácil a un pueblo
recién salido de la esclavitud y con un nivel de conocimientos que distaba
sideralmente con el que tenemos ahora ponerse a explicar la Teoría del Big Bang
y cómo fue la evolución, las eras geológicas, etc. Decir que el mundo fue
creado en 7 días es un mero simbolismo numérico que se condice con la cantidad
de días que hay en cada fase lunar.
Y
tomamos la luna como unidad de medición ya que el sol era adorado por los
egipcios como un dios. Usar como medida una deidad de otra cultura roza los
límites de caer en la idolatría. Cuando fue entregada la Torá en el Sinaí
estaba presente el recuerdo de la esclavitud y no faltaban quienes deseaban y
repetían constantemente que “Dios los mandó al desierto a morir”
Con
lo mencionado anteriormente no se intenta negar la creación del mundo por parte
de Dios ni nada que se le parezca. Es sólo demostrar que cuando un tema nos
resulta demasiado complejo para explicárselo a un público que no está preparado
académicamente para recibir la información, la simpleza es un arma potente para
transmitir conocimiento.
El
conocimiento se va adquiriendo a medida que crecemos y aún creo que estamos
transitando el sexto día mencionado en la Torá. El hombre todavía no fue creado
totalmente como se menciona en el texto. Nos falta mucho para tener la imagen y
semejanza de Dios. Somos egoístas por naturaleza, destruimos nuestro hábitat
natural contaminando el medio ambiente y haciendo una analogía con el texto es
porque adquirimos conocimientos. Y creemos que con ese conocimiento podemos
manejar y modificar el mundo a nuestro antojo. Así como Adam y Javá fueron
expulsados del Gan Edén por comer del fruto prohibido, nosotros seremos
expulsados de este mundo por querer transformarlo gracias al fruto de nuestro
conocimiento.
También
el texto nos da una idea de lo que tenemos que hacer a diario si no queremos
caer en error de no aceptar la simpleza que nos da la vida. La primera pregunta
que aparece en la Torá es “Dios llamó al hombre, y Él dijo: “¿Dónde estás?””
(Bereshit 3:9).
Qué
simple es mirar a nuestro alrededor y descubrir dónde estamos. ¿Es lo que
queremos? ¿Podemos mejorar? ¿Somos buenas personas?
Dios
desde la simpleza nos enseña a ser complejos.
Y
la complejidad no significa ser una mente brillante como Newton, Einstein,
Freud u otro que se haya destacado en alguna disciplina. La complejidad es
directamente proporcional a la forma en que afrontamos y resolvemos nuestros
problemas.
Podemos
ahogarnos en un vaso de agua y seguir con el problema o preguntarnos ¿dónde
estamos? y ver cómo salir adelante.
Cada
día construimos nuestros propios universos. Cada día tenemos la posibilidad de
mejorar y hacer que nuestros seres queridos progresen. Eso es asemejarse a
Dios: ser dadores.
Si
sentimos que estamos estancados, a lo mejor es porque complejizamos demasiado
los problemas.
Sigamos
entendiendo que el mundo fue creado en 6 días y que el séptimo Dios descansó
para comprender la Torá pero razonemos que cada uno de esos días para nuestro
calendario representan millones de años.
Seamos
simples y disfrutemos de otro ciclo de lectura que comienza.
Shabbat
Shalom
Lucas
Fisbein
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