La persuasión es una
estrategia de resolución de problemas que confía en “peticiones” más que en la
coacción.
En la Parashá anterior vemos
como Dios persuade a Moshé ante su negativa de liderar al Pueblo de Israel por
sus dificultades al hablar. Dios lo persuade: “¿Quién
le dio boca al hombre? –replicó Dios–. ¿Quién hace a una persona muda o sorda?
¿Quién le da a una persona la vista o la hace ciega? ¿Acaso no soy Yo, Dios?”.
En la Parashá de esta semana
Dios, a través de Moshé, intenta persuadir a Paró con una frase “Deja salir a
mi Pueblo”.
Paró, quien se consideraba a
sí mismo como un dios, se opuso rotundamente negando conocer siquiera la
existencia de Dios.
Acá es donde Dios se propone
endurecer el corazón del Faraón enviando las 10 plagas que culminarán con el
Éxodo.
Para Dios hubiera sido más
fácil destruir directamente todo Mitzraim y liberar al Pueblo de Israel. Pero
lo hace de esta manera por dos motivos:
El primero es permitirle a
Paró hacer uso del libre albedrío al dejarlo creer o no en Su existencia. Ya
después de la plaga de los piojos los sabios egipcios reconocieron Su grandeza,
“es el dedo de Dios”, pero aún Paró continuaba con su corazón endurecido.
El segundo fue mostrarse ante
todo el Pueblo de Israel. Es a partir del Éxodo que deja de ser el Dios de
Abraham para ser el Dios de Israel. Todos apreciaron su magnificencia.
Tratemos siempre de ser
persuasivos porque la coacción trae más violencia. La persuasión, aunque genere
reacciones adversas al principio, al final termina conduciéndonos hacia la
libertad.
Shabat Shalom
Lucas Fisbein
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