lunes, 23 de octubre de 2017

Lej Lejá

Cuando entró a su negocio y vio todo revuelto y toda la mercadería destruida, Teraj pensó que también algo malo le pasó a su hijo Avram. Grande debe haber sido su sorpresa cuando lo vio tranquilo jugando con un ídolo tallado en madera, el único que no había sido destruido. Avram le dijo a su padre más o menos lo siguiente: “Mientras estabas fuera, una mujer trajo harina para ofrecer a los dioses. Cada uno quería ser el primero en recibirla. El grande recibió insultos y entonces tomó un hacha y rompió todos los otros”. Lo anterior fue sacado de un Midrash y nos explica la manera de pensar de nuestro patriarca.
Avram comprendía, ya desde chico, que a Di-s no se lo palpa sino que se lo siente. Que es inmaterial a nuestros sentidos, pero material a nuestro corazón.
Y esto me recuerda una historia en donde un joven desconsolado por no poder encontrar a Di-s acude al rabino de su comunidad quejándose porque no puede conectarse con algo que no ve ni toca. El rabino le pide que cierre los ojos y luego le da una cachetada. Ante la queja el rabino le pregunta por qué se quejaba ante él si no pudo ver que fue él quien lo abofeteó y concluyó el rabino diciendo “Así es con Di-s. No sabemos dónde está ni cómo es, pero lo sentimos”.
Y Di-s entonces le pide a Avam dos sacrificios: uno espiritual y otro físico.
El espiritual se encuentra al principio cuando le dice “Vete de tu tierra, de tu lugar de nacimiento y de la casa de tu padre…”.(Bereshit 12:1)
Sólo una persona con un nivel espiritual alto puede aceptar este cheque en blanco firmado por Di-s y dejar atrás toda una cultura, una familia y partir siguiendo la palabra de Di-s.
Pero no parte solo, “tomó a su mujer Sarai, a su sobrino Lot y todas las pertenencias de ellos, así como también a las personas que habían reunido, y salieron, dirigiéndose hacia Cnáan” (Bereshit 12:5)
Avram se preocupaba por sus semejantes. Kol Israel Arevin Ze La Ze.
Por eso Di-s le dice “Mira el firmamento y cuenta las estrellas. Ve si puedes contarlas”. [Di-s] entonces le dijo: “Así es cuán [numerosos] serán tus descendientes” (Bereshit 14:5).
Avram tuvo dos hijos y ya desde su concepción vemos la diferencia.
La gestación de Ishmael se dio por pedido de Sara “Di-s me ha impedido tener hijos. Ven a mi esclava, y quizá tenga yo hijos a través de ella.”  (Bereshit 16:2) y “Abram vino a ella (Hagar), y ella concibió” (Bereshit 16:4). Fue una gestación natural como la de cualquier ser humano.
Las leyes naturales son nuestra forma de interpretación lógica y racional de la voluntad divina. Si la concepción desde un punto de vista natural es la unión de un espermatozoide y un óvulo, desde el punto de vista de espiritual es cómo se crea vida a través de esa unión.
Estas leyes nos enseñan las consecuencias mientras que si buscamos entender la voluntad de Di-s nunca podremos responder el cómo. ¿Cómo a partir de esa unión de forma un embrión?
Itzjak fue concebido por la voluntad de Di-s. “Yo la bendeciré (a Sara), y haré que te dé un hijo” (Génesis 17:16).
Si bien todas las gestaciones son por voluntad de Dios en el caso de Ishmael se antepuso el hombre mientras que en el de Itzjak fue Dios antes quien tomó la decisión.
El segundo sacrificio, el físico, es el del Brit Milá. Cortarse una parte del cuerpo es un sacrificio muy duro. Algunos desconocedores de nuestra tradición hablan horrorizados de que esta mitzvá es una mutilación de nuestro cuerpo. Nada más lejos de eso. Para que sea una mutilación deberíamos sentir la ausencia de un miembro y sufrir por ello toda la vida.
“Haré un pacto entre nosotros, y acrecentaré mucho tus números”. (Bereshit 17:2). “Ya no se te llamará Avram. Tu nombre será Abraham, puesto que te he establecido como el padre de una multitud de naciones.” (Bereshit 17:5)
“En todas las generaciones, todo varón será circuncidado cuando tenga ocho días de nacido. [Esto incluirá] a los nacidos en la casa, así como también [esclavos] comprados con dinero a un extraño, que no es tu descendiente.” (Bereshit 17:12)
Dicen que el cumplimiento de este Pacto fue uno de los motivos por el que Dios nos rescató de la esclavitud de Egipto.
Este pacto es realizado tanto por ortodoxos como por conservadores. Es la esencia misma del hombre judío.
Esto nos enseña que sólo cuando estamos preparados espiritualmente podemos hacer cosas por nuestro ser físico. Si Abraham no se hubiera ido de su tierra, seguramente Dios no le hubiera enseñado el Brit Milá.
Si algo hay que agradecerle a Abraham es haberse dado cuenta que Di-s es único. Cuando recitemos el Shemá, al cerrar y cubrirnos nuestros ojos, en la última parte recordemos que fue gracias a nuestro patriarca que llegamos a nuestros días.
Con todos los contratiempos, con todas las veces que dudamos de su existencia, Di-s siempre está para guiarnos. Aunque no lo podamos ver, aunque su presencia pase desapercibida, siempre está para nosotros. Él es único como nuestra vida misma.
Y gracias a que Abraham se dejó guiar por la voluntad divina llegamos a ser la gran nación que nunca pudo ser destruida.
Shabat Shalom

Lucas Fisbein

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