jueves, 16 de noviembre de 2017

Toldot

Esav tenía hambre. “…vino exhausto, del campo, al hogar” (Bereshit 25:29). Ahí se encontraba su hermano Yaakov. No eran precisamente los mejores amigos que podría haber. Ya desde el mismo nacimiento existió rivalidad entre ellos: “Entonces salió su hermano, y su mano agarraba el talón de Esav” (Bereshit 25:26).

Al crecer las diferencias se fueron notando más: “Itzjak disfrutaba de comer la caza de Esav y lo prefería a él, mas Rivká lo prefería a Yaakov” (Bereshit 25:28).

A raíz de su deseo desesperado por la comida “… le dijo a Iaakov: “¡Dame un bocado de esa cosa roja! ¡Estoy hambriento!” (Bereshit 25:30).

¿No hubiera sido más fácil pedirlo? ¿Era necesaria la prepotencia? Si el resultado que se busca, poder comer y satisfacer el apetito, ¿por qué no hacerlo de una forma que el que da aquello que necesitamos sienta placer al realizar dicho acto?

Esav quiso sacar provecho de su condición física. Era cazador (Bereshit 25:27) con lo cual su presencia podría atemorizar a Yaakov. Yakoov ni lento ni perezoso también se dirige de mala manera tratando de sacar una ventaja: ““Primero véndeme tu derecho de primogenitura”, replicó Iaakov (Bereshit 25:31)

La prepotencia trae aparejada más prepotencia.

Esav entonces para saciar su deseo “vende” su primogenitura a Yaakov.

¿Fue justo entonces que Yaakov se aprovechara de Esav ofreciéndole el cambio? Lo vamos a responder dando vuelta la pregunta: ¿es justo que sea el primogénito alguien que desperdicia su status por saciar un impulso físico como ser el hambre?

Los impulsos de ahora pueden tener consecuencias graves en el futuro.

Miles de años después de este incidente nosotros decimos “Dios de Abraham, Itzjak y Yaakov”. Esav quedó en el olvido.

No seamos como Esav y dejemos que nuestros impulsos físicos de un momento determinado puedan afectar nuestro futuro.

Somos humanos y podemos equivocarnos pero que ese error sea por pensar algo de forma incorrecta, nunca por una calentura. Estamos viendo en la actualidad como actores de gran renombre hicieron trizas sus carreras por no saber controlar sus impulsos; vemos como familias se destruyen porque sus integrantes no saben pisar el freno y aceleran hacia affaires que no hacen más que destruir un matrimonio; observamos amigos insultarse por cuestiones políticas que van más allá de los sentimientos que sienten entre ellos.

Esav no fue patriarca porque no pudo contener sus impulsos físicos. Y no confundamos impulsos con deseos. El deseo es abstracto mientras que el impulso es material.

Cada viernes al acercarse Shabat, reprime tu impulso de quedarte sin santificar este día. Compártelo con tu familia en comunidad. Somos primogénitos del presente de nuestro pueblo.

En nosotros está seguir escribiendo la historia.

Shabat Shalom


Lucas Fisbein

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