martes, 16 de enero de 2018

“Di-s vio que la luz era buena, y Di-s dividió entre la luz y la oscuridad” (Bereshit 1:4). Con la novena plaga le quita al pueblo egipcio la posibilidad de ver la luz. Además ocultaba al sol, desmitificando el poderío de Rá, el dios egipcio dador de vida y símbolo de la luz solar. Las plagas no eran casualidad ni capricho de Di-s, tenían siempre un fundamento.

El Pueblo de Israel estaba esclavizado en mundo muy distinto al que Di-s había creado. Volver a la oscuridad era una forma de replantearse la creación.

Pero aún a pesar de estar en las más oscuras de las tinieblas Paró mantenía endurecido su corazón.

Por eso la décima plaga es la demostración del Poder Creador de Di-s. Él nos da la vida, Él nos la puede quitar. Matar a los primogénitos significaba condicionar el futuro. Y como el único que decide sobre el futuro es Di-s, directamente Él ejecuta esta plaga.

Y a pesar de que hay muchos detractores que critican la crueldad de esta plaga olvidan el sufrimiento de miles de primogénitos pertenecientes al Pueblo de Israel que por generaciones fueron muriendo a causa de las atrocidades decretadas por el faraón.

Sólo entonces Di-s nos entrega la primera Mitzvá: “Este mes será el mes cabeza para ustedes. Será el primer mes del año” (Shemot 12:2)

Nosotros celebramos Rosh Hashaná en el séptimo mes. ¿No hubiera sido mejor que el primer mes sea el del comienzo del nuevo año?

La creación del mundo fue anterior a la del hombre pero sólo cuando empezamos a ser libres y transitar el camino de la Torá es cuando comenzamos a contar los meses.

Cada año recordamos la salida de Mitzraim comiendo alimentos que no contengan jametz. Lo hacemos como un recordatorio de lo rápido que tuvimos que dejar la esclavitud pero también como un impedimiento para que leuden nuestras ganas de volver a la esclavitud.

Iniciamos el camino de la libertad hacia la Tierra Prometida.

A pesar de todos los inconvenientes llegamos a destino.

Así como Dios nos acompañó en esta travesía, es como nos acompaña todos los días. Nuestra Tierra Prometida es nuestra felicidad. El desierto representa las dificultades que a diario se nos presentan.

No tardemos 40 años ya que muchas veces por querer ver tan adelante olvidamos que la felicidad está al alcance de nuestras manos.

Shabat Shalom

Lucas Fisbein

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