“Di-s vio que la luz era
buena, y Di-s dividió entre la luz y la oscuridad” (Bereshit 1:4). Con la novena plaga le quita al
pueblo egipcio la posibilidad de ver la luz. Además ocultaba al sol, desmitificando
el poderío de Rá, el dios egipcio dador de vida y símbolo de la luz solar. Las
plagas no eran casualidad ni capricho de Di-s, tenían siempre un fundamento.
El Pueblo de Israel estaba esclavizado en mundo muy
distinto al que Di-s había creado. Volver a la oscuridad era una forma de
replantearse la creación.
Pero aún a pesar de estar en las más oscuras de las
tinieblas Paró mantenía endurecido su corazón.
Por eso la décima plaga es la demostración del
Poder Creador de Di-s. Él nos da la vida, Él nos la puede quitar. Matar a los
primogénitos significaba condicionar el futuro. Y como el único que decide
sobre el futuro es Di-s, directamente Él ejecuta esta plaga.
Y a pesar de que hay muchos detractores que
critican la crueldad de esta plaga olvidan el sufrimiento de miles de
primogénitos pertenecientes al Pueblo de Israel que por generaciones fueron
muriendo a causa de las atrocidades decretadas por el faraón.
Sólo entonces Di-s nos entrega la primera Mitzvá: “Este
mes será el mes cabeza para ustedes. Será el primer mes del año” (Shemot
12:2)
Nosotros celebramos Rosh Hashaná en el séptimo mes.
¿No hubiera sido mejor que el primer mes sea el del comienzo del nuevo año?
La creación del mundo fue anterior a la del hombre
pero sólo cuando empezamos a ser libres y transitar el camino de la Torá es
cuando comenzamos a contar los meses.
Cada año recordamos la salida de Mitzraim comiendo
alimentos que no contengan jametz. Lo hacemos como un recordatorio de lo rápido
que tuvimos que dejar la esclavitud pero también como un impedimiento para que
leuden nuestras ganas de volver a la esclavitud.
Iniciamos el camino de la libertad hacia la Tierra
Prometida.
A pesar de todos los inconvenientes llegamos a
destino.
Así como Dios nos acompañó en esta travesía, es
como nos acompaña todos los días. Nuestra Tierra Prometida es nuestra
felicidad. El desierto representa las dificultades que a diario se nos
presentan.
No tardemos 40 años ya que muchas veces por querer ver
tan adelante olvidamos que la felicidad está al alcance de nuestras manos.
Shabat Shalom
Lucas Fisbein
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