jueves, 5 de diciembre de 2019

Vaietzé 5780


“¿Por qué me has engañado?” (Vaietzé 29:25), es lo que Yaakov le increpa a Labán. Pero Labán es sólo el ideólogo de este engaño ya que quien lo lleva a cabo en realidad es Rajel. Rajel es quien le dice la contraseña a su hermana Lea para que Yaakov no se de cuenta de quien era en realidad.

Jurídicamente hablando tendríamos dos culpables. El autor intelectual y el autor material. ¿Cuál de los dos es más culpable? Los dos tienen el mismo grado de culpabilidad. El intelectual porque puede darse cuenta que su idea es errónea e impedir que se lleve a cabo y el material porque sabiendo lo que va a causar puede oponerse.

Para juzgar las acciones de nuestros seres queridos debemos ser lo más objetivos posibles y si llegamos a estar del otro lado, de los que son autores intelectuales de algo que sabemos que no es correcto pensar primero si actuar honradamente no es mejor que hacerlo de mala manera.

Si Labán le hubiera dicho de entrada a Yaakov “[Nunca] damos en matrimonio una hija menor antes que la primogénita.” (Vaietzé 29:26), seguramente hubiéramos tenido el mismo desenlace con Yaakov casado con las dos pero no con rabia hacia su suegro por la mentira.

¿Y por qué Yaakov no le echa en cara a Rajel el engaño? Porque cuando uno está enamorado tiende a ver el ideal de esa persona. La persona es perfecta y no comete errores. William Shakespeare, en su obra El Mercader de Venecia, cita la frase “El amor, como ciego que es, impide a los amantes ver las divertidas tonterías que cometen”.

Pero Rajel, como todas las personas que aparecen en la Torá, no es perfecta. Tiene sus defectos como cualquier ser humano común. Que la queramos ver perfecta por ser una de nuestras matriarcas nos lleva a un fanatismo que roza lo irracional. Que tratemos de explicar que intentó no humillar a su hermana Lea es simplificar una cuestión más de fondo. Ella también podría haberle explicado a Yaakov la costumbre de casarse primero la mayor y así sucesivamente.

Debemos entender que ocultar información, aun creyendo que el fin al que aspiramos es mayor, nunca es bueno. Debemos medir las consecuencias de nuestros actos. Pudo haber sido o no un castigo de Dios que ella haya sido la última en darle hijos a Yaakov.

Y pensemos y dudemos de lo que vamos a hacer. Porque por más que empecemos siempre podemos cambiar. Led Zeppelin, en su letra de “Escalera al Cielo” (¿se habrán inspirado en el sueño de Yaakov?), dice “Hay dos senderos que tú puedes ir, pero todavía hay un largo plazo para cambiar el camino en el que está”.

La vida es un sinfín de elecciones. Seamos objetivos al momento de tomarlas. Analicemos cada paso que damos y cada engaño que nos proponemos hacer. Puede que nos salga bien al principio, pero tarde o temprano, cuando “se corre el velo”, o “se consuma el hecho”, la realidad nos va a golpear con más fuerza de la que podemos soportar.

Que este Shabbat nos haga reflexionar acerca de nuestra matriarca. Si actúo bien o mal está en cada uno de nosotros. Porque siempre tenemos dos caminos y muchas veces por seguir aferrados al primero se nos torna casi imposible poder retomar por segundo.

Shabbat Shalom

Lucas Fisbein

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