“No enciendan ningún fuego en el Shabat, sin importar
dónde vivan” (Shemot 35:3). Sin embargo ese día encendemos con más
fuerza el fuego interior que simboliza nuestra fe en Di-s.
“Puedes hacer trabajo durante los seis días de la
semana, mas el sábado debe mantenerse sagrado como Shabat de Shabatot para Di-s”
(Shemot 35:2). Recordemos que nuestro mundo fue creado en seis días y en el
séptimo Di-s descansó. Pero no es que dejó de hacer cosas ese día sino que se
limitó a observar lo que había creado.
Shabat es un día para ser y dejar de hacer.
Además es el día en el
cual nos acercamos a Di-s sea mediante la lectura de la Torá, la seudá (cena)
de Shabat o el tiempo que uno puede pasar con la familia.
Celulares,
televisión, computadoras, y muchos más elementos deberían salir de nuestras
vidas en Shabat para permitirnos por un día poder ser simplemente como Di-s nos
creó: humanos
La primer Parasha se
llama Vaiakel que significar reunir. Si nos pudiéramos reunir todos para
santificar el Shabat, el fuego interior de nuestra fe arderá con más fuerza.
La segunda Parasha es
Perkudei y nos relata el detalle de cómo se utilizó lo recaudado para el
Mishkan (Tabernáculo). Esto me recuerda un pasuk (versículo) de Pirkei Avot que
dice: “Hay cuatro clases de personas caritativas: el que desea dar pero que
otros no den; que otros den y él no; que él dé y que otros también den y que él
no dé y que los otros tampoco den” (Pirkei Avot 5:13). En un sola palabra los
podemos resumir a cada grupo en: envidioso, injusto, virtuoso y malvado.
Sabemos por el relato de
la Torá que la mayoría del Pueblo de Israel se encontraba en el tercer grupo
pero también había gente en el segundo grupo.
La rendición de cuentas que
hace Moshé, va principalmente dirigida para aquellos que no quisieron dar o que
dieron a regañadientes. Si dieron oro, plata o cobre, y se les explica la
manera en que fueron utilizados, seguramente la próxima vez que se lo soliciten
lo harán con placer.
Si algo caracterizó al
Pueblo de Israel a través de su historia fue la solidaridad entre sus miembros.
Kol Israel arevim ze laze (cada judío
es responsable uno del otro).
Moshé no necesitaba dar
explicaciones pero sin embargo lo hizo para evitar generar dudas sobre el
destino de las donaciones y el origen de la riqueza que él como persona pudiera
tener.
Y si el hombre que nos
liberó de la esclavitud y nos condujo por el desierto demostró toda su humildad
con este acto, nosotros no podemos ser menos y debemos emularlo.
Rendir cuentas no es
generar dudas sobre lo que se hace con lo recibido sino una forma de agradecer
por lo donado.
Siempre rindamos cuentas
aunque no se nos pida. Estaremos siempre tranquilos con nuestra consciencia y
enseñaremos que si algo se dona con voluntad de hacerlo los resultados son
siempre positivos.
Nuestro propio Mishkan
nos espera. Cuando nos pidan algo para su construcción no seamos envidiosos ni
injustos ni malvados. Si nuestros antepasados en el desierto brindaron sus escasas
riquezas para la continuidad de nuestro pueblo, qué podemos esperar de nosotros
mismos que seguramente estamos en una mejor posición que ellos.
Nos aseguramos de esta
manera que nuestro fue interior arda con toda su fuerza.
Shabat Shalom
Lucas Fisbein
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