Es más fácil echarle la culpa a otro que hacer un
mea culpa por los errores cometidos. Conviene decir que fueron los egipcios que
acompañaban al Pueblo de Israel los que incitaron a la construcción del Becerro
de Oro a admitir que nuestros antepasados estuvieron de acuerdo con su
construcción y aportaron los elementos necesarios para ello.
Pero también hay un detalle
importante para tener en cuenta. El becerro no fue construido originalmente
para reemplazar a Di-s. La idea original del Pueblo fue buscar un reemplazo
para Moshé. El Pueblo le pide a Aaron: ”Haz un oráculo para liderarnos. No
tenemos idea de qué le pasó a Moshé, el hombre que nos sacó de Egipto” (Shemot 32:1).
¿Por qué querían reemplazar a Moshé?
Porque no sabían dónde se encontraba. Hacía casi 40 días que había ascendido al
Monte Sinaí y nada se sabía de su paradero.
Aaron, el hermano de Moshé, fue el
encargado de la construcción, aunque no con la idea de tener otro dios sino
para calmar los ánimos. Pero de tener al becerro a idolatrarlo como un dios
había mucho menos distancia que un paso. “[Algunos del
pueblo empezaron a] decir: “Éste, Israel, es tu dios, que te sacó de Egipto”
(Shemot 32:4).
Supongamos que fueron los erev rav
(egipcios que escaparon con el Pueblo de Israel) quienes lo gritaron en primer
lugar, ¿no tiene también culpa quien lo sigue? ¿O vamos a seguir sosteniendo
nuestra santidad por la misma necesidad de tener que sentirnos santos? No
seamos hipócritas y hagamos un mea culpa.
Obi Wan Kenobi le pegunta a Luke
Skywaker, en el Episodio 4 de Star Wars “¿Quién es más loco? ¿El loco o el que
sigue al loco?”.
Acá es lo mismo. El Pueblo era
culpable por haber permitido la idolatría y más aún por haber provisto los
instrumentos necesarios para que sea llevada a cabo. “Todo el pueblo se quitó sus pendientes y se los llevó a Aarón”
(Shemot 32:3).
Habla de Todo el
Pueblo. No dice, salvo si buscamos en el Midrash donde un hombre llamado Hur se
opuso a esta situación y fue asesinado, que se haya evitado la construcción.
Sólo se menciona que los Levitas
La Shejiná (presencia divina) es impalpable.
Cuando Di-s quiso morar con nosotros construimos el Mishkán para que Él habite
ahí. El Mishkán en sí no era Di-s.
El proceso de idolatría puede no ser instantáneo,
pero lamentablemente si no amamos a Di-s muy difícilmente podamos escaparle.
La Torá nos habla de este incidente
para recordarnos como castiga Di-s a quienes no cumplen sus mandamientos. “aproximadamente
3 000 personas fueron muertas ese día.” (Shemot 32:28). No es para decirnos
“ocurrió una vez y no volverá a pasar”.
Todos los días ante nuestros ojos hay
nuevos becerros de oro. Nuestra única opción para seguir por el camino de las
mitzvot es hacernos cargo de nuestros errores, mirar hacia cualquier otro lado
menos donde está ese becerro y recordar que no todo oro que brilla para nuestra
alma es riqueza.
Shabat Shalom
Lucas Fisbein
No hay comentarios:
Publicar un comentario