“Esav
corrió al encuentro de ellos. Abrazó [a Yaakov], y echándose sobre los hombros
de él, lo besó. [Ambos] lloraron” (Vaishlaj 33:4).
De acuerdo al Midrash Esav
quiso morder a Yaakov y D´s convirtió el cuello de Yaakov en mármol. Esav
entonces se rompió los dientes. Si vemos el texto en hebreo hay unos puntos
encima de este pasuk simbolizando los dientes rotos de Esav.
Cuando las
acciones tienen a ser meras ilusiones a nuestras verdaderas intenciones, D´s va
a poner los obstáculos necesarios para que no lo logremos.
¿Yaakov lloró
porque se sentía mal por todo lo que le había hecho a su hermano? ¿Fue una
forma de arrepentimiento? ¿Fue la emoción de verlo?
Podemos
intentar responderlo de varias maneras y ninguna nos dejará con la certeza de
saber que era la correcta.
Hasta tal vez
era una estrategia de Yaakov para apaciguar la ira de su hermano. Recordemos
que Yaakov no le roba la primogenitura a Esav sino que roba la bendición de
Itzjak para el primogénito.
Yaakov era un
estratega.
¿Nosotros
somos estrategas? ¿Planificamos nuestras acciones para sacarle el mejor
provecho? ¿Actuamos impulsivamente y luego nos arrepentimos? ¿O no planificamos
nada por miedo a ser calificados de estructurados?
Yaakov
atomiza el riesgo de que su hermano destruya todas sus posesiones. “Dividió a las personas que lo acompañaban en dos
campamentos, junto con las ovejas, el ganado y los camellos” (Vaishlaj 32:8). “Dijo:
“Si Esav viene y ataca un campamento, al menos el otro campamento sobrevivirá””
(Vaishlaj 32:9).
¿Frente
a un problema como actuamos? ¿Nos detenemos a pensar cómo actuar o vamos
directo al choque? Yaakov pensó y sobrevivió.
Muchas veces
por actuar impulsivamente terminamos estrellándonos contra la pared de la
realidad. Nos creemos capaces de todo sin recordar que sólo D´s tiene esa
habilidad.
Y otras veces
por pensar cómo actuar disfrazamos nuestras verdaderas intenciones.
¿Dónde está
el límite? Se encuentra justo en el punto de equilibrio entre nuestra pasión y
nuestro corazón. La pasión representa nuestra parte física y nuestros impulsos
y el corazón nuestro ser espiritual y las mitzvot.
Encontremos
ese equilibrio porque recién entonces podremos decir que tenemos mucho.
Shabat Shalom
Lucas Fisbein
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