Resulta interesante cuando leemos esta Parashá la pregunta si no
resulta cruel o perverso asesinar un animal para expiar nuestros
pecados.
Para responder esta pregunta debemos enfocarnos en dos aspectos muy
importantes.
El
primero es ¿acaso no matamos animales para comer? Lógicamente que esto no nos
resulta cruel y además es algo necesario para vivir.
Inclusive hay quienes aplauden a los cazadores que lo hacen por
deporte.
El
segundo aspecto y a la vez tal vez es más importante para entender es situarnos
en la época en los que se realizaban. Recordemos que los alimentos son bienes
escasos y al ofrecer un animal a Dios uno lo que está haciendo es reducir su
posibilidad de alimentarse. Ahí está el verdadero sacrificio. Uno expía
quitándose el alimento de la boca, el motor de nuestro cuerpo.
Por eso Dios no nos exigía a todos por igual. Para quién podía tenía
que entregar un animal de cuatro patas, sea vaca, cabra u oveja. Para quién, en
términos modernos sería de clase media, un ave y para los más pobres un poco de
harina.
Con la destrucción del Templo estos sacrificios fueron cambiados por
la oración. ¿Y qué sacrificio hacemos con unos rezos? Estamos sacrificando parte
del bien más escaso y preciado que nos dio Dios: el tiempo.
Recordémoslo antes de pecar. El tiempo que tenemos es limitado y el
daño que podemos causar con una transgresión puede durar para
siempre.
Shabat Shalom
Lucas Fisbein
No hay comentarios:
Publicar un comentario