martes, 18 de marzo de 2014

Shminí

Existen dos grandes distinciones alimentarias del Pueblo Judío. La primera es no mezclar carnes con lácteos. Se traduce de una ley rabínica. Para quien busca además una explicación lógica sobre esto se le puede responder que es por un tema digestivo.

La segunda es la prohibición expresa de comer cerdo. Además de que la Torá lo menciona, ¿cuál es la esencia para no hacerlo?

Empecemos viendo que para que un animal sea casher debe cumplir dos características a la vez. Primero debe tener la pezuña partida y segundo debe ser rumiante.

El cerdo exteriormente tiene las características de un animal casher pues tiene la pezuña partida pero no es rumiante, es decir que su interior contradice la ley divina.

Y ahí está la verdadera esencia al llevarlo a nuestras vidas. Debemos ser coherentes con nuestro aspecto exterior, el físico, y nuestro ser interior, el espiritual.

Esto me trae a colación el refrán que dice que aunque a la mona la vistamos de seda, mona queda. Nuestro ser espiritual es el que prevalece por sobre nuestro ser físico.

Si damos una imagen distinta a lo que realmente somos, nuestra esencia es taref.

No sirve solamente cumplir con las leyes de Dios para que otros vean que lo hacemos. Debemos hacerlo porque realmente lo sentimos.

Por eso tenemos que concordar nuestros actos para ser personas casher y no ser vistos como “cerdos” ante los ojos ajenos.

Shabat Shalom


Lucas Fisbein

No hay comentarios:

Publicar un comentario