Existen dos grandes
distinciones alimentarias del Pueblo Judío. La primera es no mezclar carnes con
lácteos. Se traduce de una ley rabínica. Para quien busca además una explicación
lógica sobre esto se le puede responder que es por un tema digestivo.
La segunda es la prohibición
expresa de comer cerdo. Además de que la Torá lo menciona, ¿cuál es la esencia
para no hacerlo?
Empecemos viendo que para
que un animal sea casher debe cumplir dos características a la vez. Primero
debe tener la pezuña partida y segundo debe ser rumiante.
El cerdo exteriormente tiene
las características de un animal casher pues tiene la pezuña partida pero no es
rumiante, es decir que su interior contradice la ley divina.
Y ahí está la verdadera esencia
al llevarlo a nuestras vidas. Debemos ser coherentes con nuestro aspecto
exterior, el físico, y nuestro ser interior, el espiritual.
Esto me trae a colación el refrán
que dice que aunque a la mona la vistamos de seda, mona queda. Nuestro ser
espiritual es el que prevalece por sobre nuestro ser físico.
Si damos una imagen distinta
a lo que realmente somos, nuestra esencia es taref.
No sirve solamente cumplir
con las leyes de Dios para que otros vean que lo hacemos. Debemos hacerlo
porque realmente lo sentimos.
Por eso tenemos que concordar
nuestros actos para ser personas casher y no ser vistos como “cerdos” ante los
ojos ajenos.
Shabat Shalom
Lucas Fisbein
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