martes, 17 de junio de 2025

Shlaj 5785

En uno de los pasukim más desgarradores de la Torá, los espías regresan de explorar la Tierra Prometida con un informe demoledor. No solo describen una tierra fértil y poderosa, sino también a sus habitantes como gigantes, imposibles de vencer. Y entonces llega una frase que lo dice todo:

“Mientras estábamos allí, vimos a los titanes. Eran hijos del gigante, que descendían de los titanes [originales]. ¡Nos sentimos como minúsculos saltamontes! ¡Eso es todo lo que éramos a los ojos de ellos!”. (Bamidbar 13:33)

Este versículo revela más que un simple reporte militar: expone una crisis de identidad.

Los espías no fueron derrotados por los enemigos, sino por la forma en que se vieron a sí mismos.

Los sabios se detienen especialmente en la segunda mitad del versículo: “Y así les parecíamos también a ellos.”

¿Acaso los espías sabían cómo los percibían los gigantes? ¿Tuvieron una conversación con ellos?

La respuesta es no. Esta afirmación no surge de la realidad externa, sino de una proyección interna. Ellos se sentían pequeños, y asumieron que los demás también los veían así.

Este mecanismo psicológico sigue vigente: lo que creemos que los demás piensan de nosotros, muchas veces no es más que un reflejo de nuestras propias inseguridades. No es una verdad objetiva, es una construcción subjetiva que termina condicionando nuestras acciones.

La generación del desierto había salido de la esclavitud, pero aún llevaba dentro una mentalidad de esclavos. El miedo, la desconfianza, el trauma del sometimiento, todo eso pesaba más que la promesa divina.
No se trataba solo de entrar a la tierra: se trataba de estar a la altura del sueño. Y para eso, hacía falta algo más que coraje militar —hacía falta dignidad interna.

El pueblo no fracasó por falta de fuerza, sino por falta de fe en sí mismo. Cuando uno se ve como un saltamontes, el mundo entero se vuelve montaña.

Este texto milenario sigue siendo brutalmente actual.
En un mundo que constantemente nos compara, nos mide, nos exige, ¿cómo nos estamos viendo?


¿Nos vemos como capaces, valiosos, portadores de una misión?
¿O seguimos creyendo que los otros son siempre más grandes, más sabios, más dignos?

Este versículo no es solo una advertencia; es una invitación. A mirarnos con más compasión. A reconocernos como protagonistas, no como espectadores.
A recordar que no estamos solos: que lo divino no solo promete, sino que camina con nosotros.

La parashá Shlaj nos enseña que los mayores obstáculos no están en la tierra que se conquista, sino en la mirada que proyectamos sobre nosotros mismos.

Quiera D´s que a partir de este Shabat dejemos de vernos como "saltamontes", y podamos empezar a caminar con la estatura de quienes saben que tienen un propósito.

Shabat Shalom!

Lucas Fisbein

No hay comentarios:

Publicar un comentario