El texto de esta semana nos dice: “Cuando un hombre o una mujer cometan algún pecado contra su prójimo, siendo infieles así a Dios, y se hagan culpables” (Bamidbar 5:6); “deberán confesar el pecado que cometieron” (Bamidbar 5:7).
¿Qué significa, en primera instancia, pecar contra el prójimo? Significa fallar en el cumplimiento de los preceptos que rigen la relación entre los seres humanos. La Torá nos enseña que el daño al otro no es solo una falta ética, sino una infidelidad espiritual, una traición también a D´s.
No es casualidad que, a continuación, se mencione el pecado de la infidelidad. Aunque el texto alude a una mujer casada, el concepto puede aplicarse a cualquier tipo de relación basada en el amor y la confianza. Vivimos en una época donde existen múltiples formas de pareja, muchas de ellas distintas a las que la Torá define como tradicionales. Si bien en la Parashá Ajarei Mot (Vaikrá 18:22) se prohíben explícitamente las relaciones sexuales entre hombres, en ningún lugar se prohíbe el amor entre personas del mismo sexo.
¿Ser gay o lesbiana es un crimen? No. Lo verdaderamente inaceptable es discriminar a alguien por su identidad o su amor. Muchas personas aparentan ser inclusivas, pero internamente desprecian al otro. Esa hipocresía es pecado. Eso sí es falsedad. Eso es prestar falso testimonio.
Volviendo al tema de la fidelidad: ¿Qué es ser infiel? Es mantener una relación secreta, paralela a la oficial, cuya revelación dañaría el vínculo original. Ser infiel es ocultar, engañar, romper un pacto.
Aquí se abren dos dimensiones importantes. Por un lado, la tradición enseña que las almas de una pareja son dos mitades que se separan al nacer y se reencuentran al enamorarse. La infidelidad une mitades que no fueron creadas para unirse, creando una falsa alma, una unión que no proviene de D´s.
Por otro lado, el adulterio muestra una caída moral. Quien actúa en secreto sabe, en el fondo, que su acto no es correcto. La clandestinidad es señal de conciencia moral.
Esta visión también puede extenderse a nuestra relación con D´s. Desde una perspectiva espiritual, Él es como un compañero fiel, y cada vez que fallamos en cumplir una mitzvá, actuamos como una parte infiel de esa pareja sagrada. Sin embargo, el pecado no se oculta a D´s, que todo lo sabe, sino a la comunidad y a nosotros mismos. Ese autoengaño es una traición silenciosa.
Por eso decimos que la infidelidad no es solo un asunto subjetivo. Es un acto objetivo, con consecuencias reales. La acción puede ser juzgada por lo que es, no solo por lo que sentimos o interpretamos.
Y así como el pecado es objetivo, también lo es el juicio que proviene de D´s y del ser humano. Puede variar el castigo, pero no el hecho.
Recordémoslo siempre: al ser infiel, un alma queda incompleta y nuestra conexión con D´s se debilita.
No es coincidencia que, justo después de tratar este tema, D´s le instruya a Moshé sobre la Birkat Kohanim —la bendición sacerdotal—. La fidelidad nos hace merecedores de la bendición.
Por eso, cada Shabat, colocamos nuestras manos sobre nuestros hijos y pronunciamos sobre ellos esta bendición. Ellos representan lo más puro, lo más fiel que tenemos.
Este Shabat, al finalizar la Tefilá de Arvit, no olvides bendecir a tus hijos. Tenerlos ya es una bendición.
Shabat Shalom
Lucas Fisbein
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