"Es mejor que la persona se arroje a un horno
ardiente", dice el Talmud, "a que avergüence a su prójimo en público".
Es decir que aquel que avergüenza a una persona puede ser juzgado como si
hubiese cometido un asesinato. Es por eso que Yosef al revelar su identidad a
sus hermanos dice “Yo soy Yosef, ¿vive aún mi padre?”. (Vaigash 45:3)
La gran mayoría en su lugar hubiera dicho “Yo soy
el que tiraron al pozo”, “Yo soy el que alejaron de mi padre por 22 años” o
inclusive “Ustedes quisieron matarme”.
Las palabras de Yosef son intimidantes y enfatizan
la preocupación por su padre. Si bien en varias oportunidades preguntó por
Yaakov, quien lo hacía era el Virrey de Egipto. A partir de este momento es
Yosef quien pregunta por su padre. El hijo separado del riñón paterno 22 años
atrás y por quien su padre sufrió desconsoladamente todo ese tiempo.
¿Pero por qué espero a este momento para revelar su
identidad?
Porque Yosef probó a sus hermanos. “El (por
Biyamin) que en cuya posesión se encontró el cáliz será mi esclavo.”
(Miketz 44:17). Yehuda a raíz de eso dice “Cuando vea que el muchacho no está
allí, ¡morirá!“ (Vaigash 44:31)
Por analogía de situaciones se dio cuenta que sus
hermanos estaban arrepentidos.
Yehuda además agrega “¿Puesto
que cómo puedo volver a mi padre si el muchacho no está conmigo? ¡No puedo
soportar ver la perversa desgracia que sufriría mi padre!”” (Vaigash 44:35)
Tenía todos los motivos para hacerlo, pero Yosef no
quiso avergonzarlos llamándolos “malos hermanos”, “asesinos”, “traidores”. Al
ver que había arrepentimiento, y por consiguiente ausencia de maldad, pronuncia
las palabras de su revelación tendiéndoles la mano del perdón.
El tiempo las heridas cura y lo que más quería
Yosef era reunirse con su padre. Ese fue el momento justo. Se terminaría el
sufrimiento de ambos.
Aunque hay una pregunta que dejo a ustedes para que
piensen. Si tanto quería Yosef ver a su padre, ¿por qué se quedó en Egipto y no
volvió para ver si estaba?
Cuando sus hijos le contaron a Yaakov, la Torá nos dice
“¡Es demasiado! –dijo Israel–. ¡Mi hijo Yosef está vivo! ¡Debo
ir y verlo antes de morir!” (Vaigash 45:28).
¿Por qué Israel y no Yaakov?
Porque Israel es el padre de las 12 tribus. La misión de formar al Pueblo de
Israel estaba cumplida. Yaakov era el padre de 13 hijos (Dina incluida). Israel
era el padre de las 12 tribus.
Yosef fue un hombre medido. Un soñador e
interpretador de sueños. Un economista como pocos en su época. Pero por sobre
todas las cosas fue una persona justa al momento de reprochar a otro sus
errores.
Si tenemos que reprochar algo a alguien, no lo
hagamos en público. Que sea en privado y con las palabras menos hirientes
porque mañana se puede dar vuelta la cosa y estar del otro lado.
Así como Yosef acopió el excedente de comida,
guardemos nuestras palabras para otro momento. Mastiquemos la bronca para que
cuando entre a nuestro estómago ya esté lo suficientemente deglutida para que
su efecto sea nulo.
Shabat Shalom
Lucas Fisbein
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