Salvo en Iom Kipur, después de
pronunciar con los ojos cubiertos el Shemá Israel, decimos en voz baja la frase
“Baruj Shem
Kevod Maljutó Leolam Vaed” (Bendito sea el nombre de la gloria de Su reino por siempre).
Esta frase no figura en la Torá escrita pero nuestros jajamin
dictaminaron que se debe pronunciar en voz baja (Pninei Halajá Tefilá 15:7).
¿Y dónde sale esta frase? Antes de fallecer Yaakov todos los hijos se
reunieron alrededor de él y les preguntó si entre ellos había un Ishmael o un
Esav como había ocurrido con sus antecesores Abraham e Itzjak respectivamente.
Todos repitieron al unísono el Shemá Israel. Ese momento Yaakov sin fuerzas
para hablar logra pronunciar en voz baja: “Baruj Shem Kevod Maljutó Leolam Vaed”.
Yaakov antes de bendecir a sus
hijos bendice a sus nietos. Es la primera interacción pura entre abuelos y
nietos en la Torá. Primero bendice a sus nietos y luego a sus hijos. ¿Por qué?
Porque el ser humano es la única criatura que conoce los sentimientos de
filiación. Es hermoso tener hijos, pero más bello es tener nietos.
Podemos darle más importancia
al relato diciendo que Efraim y Menashé fueron los primeros hermanos que no se
pelearon; que crecieron en una tierra extraña y aun así mantuvieron sus raíces;
y que no se opusieron al cambio en el orden de la bendición.
José Hernández en clara alusión, y por qué no
plagio, al Salmo 133, nos dice en su obra Martín Fierro “Los hermanos sean
unidos, porque esa es la ley primera (…) porque si entre ellos pelean, los
devoran los de afuera”.
Todos queremos siempre que nuestros hijos no
peleen para no ser “devorados por los de afuera” y que sean siempre felices.
Que seamos como Efraim y Menashé, no sólo con
nuestros hermanos sanguíneos, sino con todo el Pueblo de Israel y si no es
mucho pedir, también con toda la humanidad.
D´s es único, tanto para quien cree en Él como
para quién no. Es decir, para toda la humanidad sin distinciones.
Esta semana terminamos de leer la “génesis” del
pueblo judío. La semilla que empezó con Abraham germinó y dio sus frutos.
Que estos frutos puedan conservar su pureza en
nuestros días a pesar de estar diseminados por todo el mundo. Que D´s nos haga
como Efraim y Menashé.
Bendito sea el nombre de la gloria de Su reino
por siempre.
Shabat Shalom
Lucas Fisbein
No hay comentarios:
Publicar un comentario