lunes, 9 de diciembre de 2013

Vaiejí

El Talmud nos enseña que quien educa a sus hijos educa también a los hijos de sus hijos. El ser humano es la única especie creada por Di-s que entiende lo que significa tener nietos. Es una alegría inexplicable que implica la continuación de nuestra vida más allá de una generación.

Yaakov antes de dar las bendiciones a sus hijos lo hace primero a Efraim y Mensahé. ¿Por qué lo hace?

Efraim y Menashé fueron los primeros hermanos que no tuvieron conflicto. Si bien Yosef perdonó a sus hermanos, son sus hijos quienes pueden responderle a Caín diciendo que sí son el guardián de su hermano.

Yaakov invierte el orden de las bendiciones haciéndolo primero al menor y luego al mayor. Entre los hermanos no había rivalidades y no hubo problema como antes lo tuvimos con Yaakov y Esav.

Los hijos de Yosef, Efraim y Menashé, resumen el deseo de todo padre que a pesar de todas las influencias externas a las que son sometidos diariamente no perdieron los valores inculcados por su padre que a la vez los recibió del suyo.
Yaakov bendice a sus nietos y, luego, lo hace con Yosef y sus once hermanos resaltando las virtudes de cada uno sus hijos.

Ahora sí podía partir. Había bendecido a sus hijos y a sus nietos. Su último deseo fue ser enterrado en la Cueva de los Patriarcas. Y así se cumplió.

Con esta Parashá terminamos de leer la “génesis” del pueblo judío. La semilla que empezó con Abraham germinó y dio sus frutos.

Que estos frutos puedan conservar su pureza en nuestros días a pesar de estar diseminados por todo el mundo. Que Di-s nos haga como Efraim y Menashé.

Shabat Shalom


Lucas Fisbein

No hay comentarios:

Publicar un comentario