El Talmud nos dice que “Por el mérito de las mujeres tzidakaniot de
esa generación, Am Israel (el pueblo de Israel) fue redimido de Egipto”. ¿Pero
qué tiene de justo que Yojeved arrojara a su hijo a las aguas del Nilo?
El Faraón al ver el enorme crecimiento del Pueblo Judío en la
tierra de Egipto tuvo miedo que de tener que soportar una guerra, nuestro
pueblo se pase al bando enemigo. Y ante el miedo por el nacimiento del líder
que podría sacarlos de la esclavitud decretó matar a todos los bebés hombres
recién nacidos.
El amor de una madre por su hijo es una de las armas más poderosas
que existen. Yojeved prefirió, motivada por su hija Miriam, a mandar a su
pequeño bebé en una canasta por el Nilo.
La volundad divina hizo que Batya, la hija del faraón, encontrara
al pequeño Moshé y lo llevara a vivir al palacio. Nadie podía amamantar al bebé
por lo cual buscaron nodrizas judías y Yojeved tuvo su recompensa cuando
amamantó a su pequeño hijo.
Moshé empieza a ver las injusticias con el castigo forzado y luego
de matar a un egipcio por defender a una mujer judía es expulsado y enviado a
Midian.
Ahí conoce a Tzipora con quien se casa y tiene dos hijos: Goshem y
Eliezer.
Luego mientras pastoreaba se le aparece Di-s en el arbusto ardiente
y le ordena liberar al pueblo de Israel de la esclavitud.
Moshé sale rápidamente pero de acuerdo al Midrash un ángel quiso
matarlo por no haber circuncidado a su hijo. Tzipora lo hace rápidamente y
permite que Moshé continue su camino.
Las acciones de estas tres mujeres forman parte de la base de
nuestras raíces: la preocupación por las generaciones futuras, el ayudar a
quien lo necesita y el cumplimiento del pacto con Abraham.
No olvidemos esos pilares nunca. Así las palabras de Di-s “Ihiyé
Asher Ihiyé”, serán las palabras de todo el pueblo de Israel. “Seré el que
seré”. Mientras mantengamos nuestras raíces, el pueblo de Israel será por
siempre El Pueblo de Israel.
Shabat Shalom
Lucas Fisbein
No hay comentarios:
Publicar un comentario