miércoles, 6 de agosto de 2014

Vaetjanán

En la Parashá de esta semana Moshé delante de todo el Pueblo de Israel pronuncia las palabras que cualquier judío, inclusive en el rincón más recóndito del planeta, conoce: El Shemá.

“Escucha Oh Israel, Adonai es nuestro Dios, Adonai es único”

Y la primer palabra es escuchar, no oír. Escuchar va más allá del ingreso de un sonido por nuestros oídos. Implica poner atención en lo que se oye. Si escuchamos que Adonai es nuestro Dios sabremos que es único.

Y generalmente lo hacemos cubriendo nuestros ojos para demostrar mayor concentración.

También nos dice que debemos enseñárselas a nuestros hijos. Esto trae aparejado un mensaje importante. El amor a Dios no se impone por la fuerza, sino con la palabra. El judaísmo no te obliga a amar a Dios en contra de tu voluntad; no te obliga a convertirte por la fuerza.

Es mediante la palabra donde encontramos el amor a Dios.

Otra mitzva referente al Shemá es recitarlo al acostarnos y al levantarnos. Al acostarnos para agraderle a Dios el habernos permitido vivir un día más y al levantarnos por permitir ver la maravilla de su creación otro día más. Es como cuando recitamos el Hashkiveinu “Haznos dormir en paz y levantarnos con vida”.

Dios también nos recuerda que Él quien nos sacó de la Mitzraim, tierra de esclavitud, para llevarnos a la Tierra de Israel.

Una vez que entendemos la importancia del Shemá nos queda claro al principio de la Parashá cuando Dios nos ordena que no adicionemos ni quitemos palabras de sus mitzvot, pues profanaríamos nuestra Torá.

Sólo entendiendo que Dios es único y que nos ha regalado algo tan maravilloso como es nuestra vida, nos permite seguir adelante sabiendo que tenemos quien nos cuida.

La mejor forma de agradecérselo es sólo con unos segundos al amanecer y al anochecer. Parece poco pero sus implicancias son infinitas y es una buena forma de comenzar.


¿Te animás a recitarlo hoy?

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