En la Parashá de esta semana
Moshé delante de todo el Pueblo de Israel pronuncia las palabras que cualquier
judío, inclusive en el rincón más recóndito del planeta, conoce: El Shemá.
“Escucha Oh Israel, Adonai
es nuestro Dios, Adonai es único”
Y la primer palabra es
escuchar, no oír. Escuchar va más allá del ingreso de un sonido por nuestros
oídos. Implica poner atención en lo que se oye. Si escuchamos que Adonai es
nuestro Dios sabremos que es único.
Y generalmente lo hacemos
cubriendo nuestros ojos para demostrar mayor concentración.
También nos dice que debemos
enseñárselas a nuestros hijos. Esto trae aparejado un mensaje importante. El
amor a Dios no se impone por la fuerza, sino con la palabra. El judaísmo no te
obliga a amar a Dios en contra de tu voluntad; no te obliga a convertirte por
la fuerza.
Es mediante la palabra donde
encontramos el amor a Dios.
Otra mitzva referente al
Shemá es recitarlo al acostarnos y al levantarnos. Al acostarnos para agraderle
a Dios el habernos permitido vivir un día más y al levantarnos por permitir ver
la maravilla de su creación otro día más. Es como cuando recitamos el Hashkiveinu
“Haznos dormir en paz y levantarnos con vida”.
Dios también nos recuerda
que Él quien nos sacó de la Mitzraim, tierra de esclavitud, para llevarnos a la
Tierra de Israel.
Una vez que entendemos la
importancia del Shemá nos queda claro al principio de la Parashá cuando Dios
nos ordena que no adicionemos ni quitemos palabras de sus mitzvot, pues
profanaríamos nuestra Torá.
Sólo entendiendo que Dios es
único y que nos ha regalado algo tan maravilloso como es nuestra vida, nos
permite seguir adelante sabiendo que tenemos quien nos cuida.
La mejor forma de
agradecérselo es sólo con unos segundos al amanecer y al anochecer. Parece poco
pero sus implicancias son infinitas y es una buena forma de comenzar.
¿Te animás a recitarlo hoy?
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