lunes, 25 de agosto de 2014

Shoftim

En la parashá de esta semana se menciona que debe haber un rey. Así como se nos ordena tener jueces y policías también debemos tener un rey.

Este rey no es una persona que hace y dictamina lo que quiere sino que debe cumplir con ciertas mitzvot. Una de ellas es que debe escribir una copia de la Torá, llevarla consigo todo el tiempo y leerla todos los días de su vida.

¿Por qué es necesario que lo haga?

Porque la única forma de reconocer que existe Dios es leyendo su ley. Sólo mediante el estudio y lectura constante de la Torá podremos tomar decisiones basadas en la palabra de Dios.

Además demuestra humildad ante Dios. Ser humilde no es agachar la cabeza ante cualquier situación y acepar lo que venga. La humildad es saber en qué lugar y posición dentro de este mundo es la que fui designado y aceptarla. Es también respetar las opiniones ajenas y saber discernir cuando creemos que nuestra postura es correcta.

Cuando recitamos la Amidá, en el último rezo llamado Elohai Netzor, le pedimos a Dios poder ser “humilde ante mi prójimo”.

Sólo a partir de ahí podremos comprender la Torá y cumplir con las mitzvot.

Un rey arrogante va a ganarse el odio del pueblo. Un rey humilde ganará la admiración.

Para preservar la humildad el rey tiene tres limitaciones: no tener muchos caballos, no tener muchas esposas ni tener mucha riqueza en otro y plata.

Nosotros por supuesto que no tendremos más de una esposa ni muchos caballos ni tanto oro y plata como quisiéramos. Traslademos estos conceptos a nuestros días y aprendemos a disfrutar de lo que tenemos. Es lo que Dios quiere.

Recordemos ser siempre humildes ya que somos reyes en nuestros pequeños mundos como ser nuestra casa, nuestros trabajos y por sobre todo nuestras vidas.

Shabat Shalom


Lucas Fisbein

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