martes, 2 de septiembre de 2014

Ki Tetzé

Imaginémonos que vamos caminando por calle y en el medio de la vereda hay una play station 4. No hay nadie más que nosotros y no estamos hablando de cualquier objeto… es una play.

Nuestro primer impulso es tomarla y salir corriendo, ¿no es así?

Pero en nuestro interior sabemos que le pertenece a alguien y que seguramente al no encontrarlo se pondrá muy triste.

Para contener nuestro impulso la Torá nos indica que no debemos hacer la vista gorda ante los objetos perdidos. Debemos guardarlos hasta que el dueño aparezca para reclamarlo.
Tampoco nos permite hacer trampa a esta regla. Si yo me escondo el dueño nunca me podrá encontrar y por consiguiente nunca reclamará su objeto.

¿Cómo aplica ese concepto en nuestros días cuando el materialismo tiende a superar al más profundo deseo de cumplimiento de mitzvot? O cuando somos permanentemente inundados con publicidades que nos quieren mentalizar con que más tenemos más felices somos.

Podemos aplicarlo teniendo una escala de valores clara y una base moral que haga de muralla sobre una coyuntura cada vez menos favorable a los valores que arraigamos.

El primer contacto que tenemos en nuestras vidas con la moral está en nuestras familias. Y así pasamos a otra mitzva que se menciona que dice que cuando un hombre toma una nueva esposa debe estar un año libre para poder dedicarse a la mujer.

Lógicamente que la poligamia ya no existe pero esta ley podría aplicar a un solo matrimonio. No significa que el hombre no deba trabajar sino que en su tiempo libre debe dedicarse a su mujer. Sólo un matrimonio con una base sólida puede asegurarse de no tener un hijo descarriado.

Sólo devolviendo lo que no nos pertenece podremos apreciar lo que es nuestro. Lo nuestro que tenemos desde nuestras bases. Bases que nos hacen ir por la senda correcta y no descarriar en nuestro camino.

Un camino de constante respeto y estudio de la Torá.

Shabat Shalom


Lucas Fisbein

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