Imaginémonos que vamos
caminando por calle y en el medio de la vereda hay una play station 4. No hay
nadie más que nosotros y no estamos hablando de cualquier objeto… es una play.
Nuestro primer impulso es
tomarla y salir corriendo, ¿no es así?
Pero en nuestro interior
sabemos que le pertenece a alguien y que seguramente al no encontrarlo se
pondrá muy triste.
Para contener nuestro
impulso la Torá nos indica que no debemos hacer la vista gorda ante los objetos
perdidos. Debemos guardarlos hasta que el dueño aparezca para reclamarlo.
Tampoco nos permite hacer
trampa a esta regla. Si yo me escondo el dueño nunca me podrá encontrar y por
consiguiente nunca reclamará su objeto.
¿Cómo aplica ese concepto en
nuestros días cuando el materialismo tiende a superar al más profundo deseo de
cumplimiento de mitzvot? O cuando somos permanentemente inundados con
publicidades que nos quieren mentalizar con que más tenemos más felices somos.
Podemos aplicarlo teniendo
una escala de valores clara y una base moral que haga de muralla sobre una coyuntura
cada vez menos favorable a los valores que arraigamos.
El primer contacto que
tenemos en nuestras vidas con la moral está en nuestras familias. Y así pasamos
a otra mitzva que se menciona que dice que cuando un hombre toma una nueva
esposa debe estar un año libre para poder dedicarse a la mujer.
Lógicamente que la poligamia
ya no existe pero esta ley podría aplicar a un solo matrimonio. No significa
que el hombre no deba trabajar sino que en su tiempo libre debe dedicarse a su
mujer. Sólo un matrimonio con una base sólida puede asegurarse de no tener un
hijo descarriado.
Sólo devolviendo lo que no
nos pertenece podremos apreciar lo que es nuestro. Lo nuestro que tenemos desde
nuestras bases. Bases que nos hacen ir por la senda correcta y no descarriar en
nuestro camino.
Un camino de constante
respeto y estudio de la Torá.
Shabat Shalom
Lucas Fisbein
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