Los sueños son manifestaciones de
aspiraciones o deseos que están resguardados en nuestro subconsciente. O por lo
menos para prácticamente todos los seres humanos es así. Yosef es una de las
pocas excepciones. Para él algunos sueños era proféticos, es decir,
manifestaban la voluntad de Di-s en acciones futuras.
Esta Parashá podría ser llamada la Pasashá de
los Sueños.
Empezamos con el sueño que Yosef le cuenta a
sus hermanos sobre las gavillas que se inclinan ante la gavilla de él. Sus
hermanos, que ya sentían celos porque Yaakov le había regalado un abrigo de
colores muy vivos, empezaron a planear hacerle algún daño a su hermano.
El segundo sueño que tiene en el cual cuenta
que el sol, la luna y once estrellas se inclinaban ante él.
Imagínense la ira que generó este sueño y
sumémosle que Yaakov le había pedido que le traiga un reporte de cómo le iba a
sus hermanos.
Los hermanos idearon un plan para deshacerse
del “soñador” y lo emboscaron y lo arrojaron a un pozo sin agua.
Acá voy a discernir con la interpretación del
sueño y voy a afirmar que es acá cuando los hermanos se inclinan ante Yosef. Se
inclinan sobre el pozo para ver si estaba en lo profundo.
Yosef fue vendido y en última instancia llegó
a Egipto. Ahí logró prestigio en la casa de Potifar, donde era esclavo y llegó
a manejarle todo. O casi todo. Lo que no pudo manejar fue a la esposa de
Potifar quien acusó a Yosef de querer propasarse con ella.
Yosef es enviado a la prisión y comparte
celda con el copero y el panadero del Faraón. Fiel a su costumbre Yosef les
interpreta los sueños indicándole al copero que en tres días volvería a su
trabajo y el panadero sería colgado.
Los sueños de Yosef fueron proféticos. Los
nuestros no lo son. Así que no estemos pensando en nuestros sueños. Vivamos
nuestro presente con los ojos bien abiertos.
Shabat Shalom
Lucas Fisbein
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