martes, 22 de julio de 2014

Masei

Estamos a las puertas de Israel. El fin de la larga travesía por el Sinaí ha llegado a su fin y en vez de ingresar directamente se nos brinda un detalle de las paradas a los largo del camino.

De estos pasukim podemos tomar dos enseñanzas.

La primera es que el Pueblo de Israel no estuvo caminando constantemente durante 40 años sino que acampó en muchos lugares.

Y en segundo lugar nos enseña a disfrutar de nuestros logros sin olvidar el sacrificio que realizamos para obtenerlo y no envidiar los triunfos ajenos porque seguramente demandaron mucho esfuerzo.

Hay una frase que se utiliza a menudo que dice “no envidies mis logros si no conoces mis sacrificios”.

Para un gentil es muy fácil decir “ustedes llegaron a la Tierra de Israel porque Dios los condujo”. Esto es en parte pero olvida de los sacrificios que todo judío sabe que ocurrió: fueron 40 años por el desierto, perdimos una generación por pecadores, Moshé no pudo entrar, etc.

Todo progreso requiere sacrificios y valorar tanto los propios como los ajenos es un acto de honestidad.

No nos olvidemos que la envidia es el homenaje que la mediocridad le rinde al talento.

Shabat Shalom


Lucas Fisbein

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