Estamos a las puertas de
Israel. El fin de la larga travesía por el Sinaí ha llegado a su fin y en vez
de ingresar directamente se nos brinda un detalle de las paradas a los largo
del camino.
De estos pasukim podemos tomar dos enseñanzas.
La primera es que el Pueblo
de Israel no estuvo caminando constantemente durante 40 años sino que acampó en
muchos lugares.
Y en segundo lugar nos
enseña a disfrutar de nuestros logros sin olvidar el sacrificio que realizamos
para obtenerlo y no envidiar los triunfos ajenos porque seguramente demandaron
mucho esfuerzo.
Hay una frase que se utiliza
a menudo que dice “no envidies mis logros si no conoces mis sacrificios”.
Para un gentil es muy fácil
decir “ustedes llegaron a la Tierra de Israel porque Dios los condujo”. Esto es
en parte pero olvida de los sacrificios que todo judío sabe que ocurrió: fueron
40 años por el desierto, perdimos una generación por pecadores, Moshé no pudo
entrar, etc.
Todo progreso requiere
sacrificios y valorar tanto los propios como los ajenos es un acto de
honestidad.
No nos olvidemos que la
envidia es el homenaje que la mediocridad le rinde al talento.
Shabat Shalom
Lucas Fisbein
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