En esta Parashá Moshé
designa a Yehoshua como su sucesor para dirigir la entrada del Pueblo de Israel
a la Tierra Prometida. Recordemos que después del pecado con la roca Moshé fue
castigado por Dios prohibiéndole su entrada.
Ahora bien, ¿por qué no se
llama Yehoshua y sí se llama Pinjas esta Parashá?
La respuesta la encontramos en
la incitación a la idolatría que los Moabitas, descendientes de Lot, llevaron
al Pueblo de Israel.
Pinjas, nieto de Aaron, hijo
de Eleazar, cansado de ver como los valores de Dios eran ignorados cambiándolos
por una falsa idolatría a Baal Peor, asesina al príncipe de la tribu de Shimón,
Zimrí, y a la princesa Midianita Cazbí.
La ira de Dios por la
idolatría, con el cual quebrantaban el Segundo Mandamiento, fue la aniquilación
de gran parte del Pueblo de Israel.
Sólo el acto de Pinjas fue capaz
de detener la ira de Dios.
Dios recompensa a Pinjas
otorgándole el status de Cohen. No era Cohen porque cuando se a Aaron y su
progenie los designaron Cohahim Pinjas ya había nacido y por consiguiente no
era hijo de un Cohen.
¿Entonces por qué Pinjas no
fue designado como sucesor de Moshe?
Porque si bien detuvo la ira
de Dios lo hizo de un modo en que no se correspondía con las enseñanzas de la
Torá: ante todo preservar la vida.
Este principio se mantiene
en nuestros días cuando la Hatzaba tiene que detener los lanzamientos de
cohetes sobre Israel avisa con suficiente tiempo para que los habitantes de la
zona despejen el lugar.
Aún ante una amenaza
preservar la vida de quienes nos atacan es un acto de valor mucho más grande
que atravesarlos con nuestras lanzas.
Como en aquella época que la
paz llegue pronto en nuestros días.
Shabat Shalom
Lucas Fisbein
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