lunes, 18 de mayo de 2015

Bamidbar

En el texto que leemos esta semana se nos dice “Estos son los descendientes de Aaron y Moshé el día en que Dios le habló a Moshé en el Monte Sinaí” para después darnos solamente el nombre de los hijos de Aaron.

¿Por qué no menciona a los hijos de Moshé también?

Nuestros sabios interpretan que al ser alumnos de Moshé sus sobrinos, son considerados como sus hijos. Se dice que quien enseña Torá al hijo de otra persona es como si realmente fuera un hijo legítimo.

Educar a una persona es transmitirle parte de nuestro ser, nuestro ADN intelectual. Como cuando tenemos un hijo le transmitimos nuestros genes, cuando le enseñamos algo le estamos dando parte de nuestros pensamientos.

No existe enseñar algo objetivamente sino que está influenciado por quien transmite esa enseñanza. Por eso debemos ser cuidadosos en la forma en que transmitimos nuestros conocimientos ya que nuestros hijos pueden llevarse un concepto equivocado de lo que queremos enseñar.

Además está la forma en que uno siente que lo enseña. Si uno transmite conocimientos por obligación como aquel que dicta un curso sólo por el hecho de estar obligado a hacerlo, el conocimiento de sus “hijos” será estéril y su interés por profundizar los temas será nulo.

En cambio quien lo hace con vocación y poniendo el corazón en cada nueva enseñanza despertará en sus alumnos la pasión por seguir profundizando lo que aprendieron.

Eso fue lo que Moshé logro con los hijos de Aaron.

Eso es lo que nosotros debemos lograr con nuestros hijos. Lo que le transmitimos, lo que va a quedar de nosotros cuando ya no estemos, debe ser entregado con el mismo amor con el que Dios nos entregó la Torá.

Moshé fue el primer maestro de Torá que hubo. La pasión que tuvo al transmitirla es la misma que debemos tener nosotros para nuestros hijos. Y como bien en el texto queda reflejado: no solo a nuestros hijos de sangre sino a todo aquel que quiera sumarse a aprender lo mucho que tenemos por enseñar.

El conocimiento es ilimitado. Alumnos son los que sobran. Faltan maestros con vocación para engendrar nuevos hijos.

Si te sentís capacitado no pierdas el tiempo. El momento es ahora y la Torá nuestra guía.

Shabat Shalom


Lucas Fisbein

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