lunes, 11 de mayo de 2015

Behar-Bejukotai

Llegamos al final del libro Levítico y una mitzva importante es la que hace referencia a ayudar al necesitado. El texto dice “Cuando tu hermano empobrezca y pierda la aptitud de mantenerse en la comunidad, debes acudir en su ayuda”.

El término empobrezca se refiere a una situación sostenida en el tiempo. No nos dice cuando tu hermano sea pobre sino que trata de anticiparnos a ese problema. No esperes a que sea pobre sino ayúdalo antes de serlo ya que ahí puede ser demasiado tarde.

Como analogía tomemos el ejemplo de una taza de porcelana que está en el estante. De repente se cae. Podemos tomarla en nuestras manos antes que toque el suelo y la taza seguirá siendo la misma. Una vez estrellada contra el piso y rota en mil pedazos por más que utilicemos el mejor pegamento para restaurarla la taza no será la misma.

También el texto nos indica que “No tomes de él [interés] anticipado ni interés acumulado”.

Esto no se refiere al interés financiero que todos conocemos. La Torá nos habla acá de no aprovecharnos de quien nos necesita. De no sacar ventaja de nuestra posición para lograr un beneficio. La ayuda debe brindarse por el mero hecho de ayudar. Quien está en desventaja podría aceptar cláusulas leoninas con tal de salir de tu situación.

Lo que busca la Torá es impedir que la persona que necesita ayuda se sienta mal por ellos. El texto no nos dice “Debes ayudar a tu hermano cuando este te lo pida”.

Por el contrario nos enseña a estar siempre atentos a sus necesidades porque en las buenas todos somos hermanos. El típico “si tuviera te ayudaría” parece florecer como el campo luego de sembrado.

Tener tenemos todos para ayudarnos. No es sólo el dinero lo que necesita la gente. Vivimos en un mundo materialista pero no olvidemos que lo material es transitorio.

A veces una palmada en el hombro de aliento, una palabra de agradecimiento o una muestra de gratitud puede enriquecer hasta al más pobre.

Y ser pobre no es tener menos que antes. Ser pobre es tener necesidades que no pueden ser autosatisfechas.

La vida dentro de una kehilá es tratar de que ninguno de sus miembros empobrezca. 

Podemos no ser hermanos de sangre pero somos todos productos de la creación de Dios.
Terminamos otro libro de la Torá sabiendo que tenemos dos oídos para escuchar más a quienes nos necesitan y una sola boca para pedir menos.

¡Jazak, Jasak Venitjazek!

Shabat Shalom


Lucas Fisbein

No hay comentarios:

Publicar un comentario