En la parashá de esta semana
Dios le pide a Moshé que haga un censo de la población y le indica cómo deben
ubicarse en relación al lugar donde acampaban.
¿Era tan importante que
Moshé supiera la cantidad de hombres que había en cada Tribu?
La verdad que sí. Es como un
pastor que lleva un rebaño de ovejas y no sabe cuántas tiene. Si un lobo
atacara a una, la más rezagada por tomar un ejemplo, jamás se daría cuenta.
La cantidad en este caso era
más importante que la calidad. No importaba si eran de la Tribu de Levi o si
descendían las Tribus que habían pecado con el Becerro de Oro.
Moshé, el más humilde entre
todos los humildes, quien comprendía al detalle los mandamientos de Dios, no
tuvo ningún reparo en volver a contar al Pueblo.
Y en relación a la ubicación
de cada Tribu en el campamento, la misma fue igual a como llevaron el ataúd de
Yaakov.
Pero si acaso a alguna Tribu
le hubiera molestado estar más a la derecha o más a la izquierda, ¿importa el
lugar cuando lo importante es lo que está en el medio?
No existía campo, platea
baja y platea alta como en un recital donde uno elige la ubicación. Desde
cualquier parte del campamento se podía ver el Tabernáculo y era como si todos
estuvieran en primera fila.
En nuestros días tenemos
sólo el legado. Se perdieron el rastro de algunas tribus y el Tabernáculo quedó
en el olvido.
Sólo podemos rezar para que
Dios restaure el Beit Hamikdash en nuestros días.
Shabat Shalom
Lucas Fisbein
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