miércoles, 21 de mayo de 2014

Bamidbar

En la parashá de esta semana Dios le pide a Moshé que haga un censo de la población y le indica cómo deben ubicarse en relación al lugar donde acampaban.

¿Era tan importante que Moshé supiera la cantidad de hombres que había en cada Tribu?

La verdad que sí. Es como un pastor que lleva un rebaño de ovejas y no sabe cuántas tiene. Si un lobo atacara a una, la más rezagada por tomar un ejemplo, jamás se daría cuenta.

La cantidad en este caso era más importante que la calidad. No importaba si eran de la Tribu de Levi o si descendían las Tribus que habían pecado con el Becerro de Oro.

Moshé, el más humilde entre todos los humildes, quien comprendía al detalle los mandamientos de Dios, no tuvo ningún reparo en volver a contar al Pueblo.

Y en relación a la ubicación de cada Tribu en el campamento, la misma fue igual a como llevaron el ataúd de Yaakov.

Pero si acaso a alguna Tribu le hubiera molestado estar más a la derecha o más a la izquierda, ¿importa el lugar cuando lo importante es lo que está en el medio?

No existía campo, platea baja y platea alta como en un recital donde uno elige la ubicación. Desde cualquier parte del campamento se podía ver el Tabernáculo y era como si todos estuvieran en primera fila.

En nuestros días tenemos sólo el legado. Se perdieron el rastro de algunas tribus y el Tabernáculo quedó en el olvido.

Sólo podemos rezar para que Dios restaure el Beit Hamikdash en nuestros días.

Shabat Shalom


Lucas Fisbein

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