En la Parashá de esta semana
se nos dice que debemos darle muerte a quien incite la adoración de otros
dioses. Es el único caso en donde prevalece una mitzvá sobre la principal de “preservar
la vida”.
¿Cuál es la gravedad del acto
que debemos destruir a la persona que lo realiza?
En primer lugar la incitación
viola el segundo mandamiento “No tengas ningún dios delante de Mi” (Exodo 20:3)
y (Deuteronomio 5:7),
En segundo lugar contradice al
Shemá que recitamos por los menos dos veces por día en la parte que dice “Dios
es único).
Y en tercer lugar adorar a
otro dios significa dejar de adorar a nuestro Dios quien fue el Creador del
Universo. No reconocerlo como único conlleva a no reconocer Su Creación.
La idolatría no se admirar a
alguien por sus condiciones. Si nos parece genial lo como juega Messi al fútbol
o Roger Federer al tenis no estamos adorándolos como dioses. En cambio si viene
una persona y nos dice “yo soy el camino” y la seguimos, ahí sí estamos
cometiendo un acto de idolatría.
En otras palabras podemos
sentid admiración por otras personas u objetos pero cuando éstos se transforman
en manipuladores de nuestras vidas o nuestros actos son incentivados por sus
acciones ahí sí estamos desacreditando a nuestro Dios.
Javá en el Gan Edén fue la
primer persona en practicar la idolatría. La serpiente modificó su conducta en
contra de lo que había dicho Dios. Fue incitada a tocar el árbol y comer el
fruto contrariamente a la prohibición de Dios.
Esto se dio también porque no
se cumplió la mitzvá de “observen cuidadosamente todo lo que les prescribo. No
añadan a ello y no sustraigan de ello” (Deuteronomio 13:1). Adam a la
prohibición de Dios de no comer del fruto le agregó la prohibición de no tocar
el árbol.
¿Por qué entonces Dios no mató
a Javá?
Hay dos respuestas para esta
pregunta. En primer lugar la Torá no había sido entregada en su totalidad a
Moshé por lo que esta mitzvá no era conocida. Pero en segundo lugar al sacarlos
del Gan Edén y hacerlos mortales indirectamente les estaba quitando la vida que
les dio.
Debemos entender que en la
actualidad no asesinamos a quienes comenten idolatría. O por lo menos no les
quitamos la vida física. Lo que sí hacemos es quitarle la vida espiritual
apartándolos de los lugares donde pueden influir.
Una persona débil es una presa
fácil para quien incita la idolatría. Por eso se nos obliga a tenderle una mano
al necesitado. Y acá entra en juego la tzedaka también mencionada esta semana.
Cada vez que estemos por caer.
En cualquier momento en que la tentación por adorar dioses falsos esté presente
en nuestra mente, cerremos los ojos por un instante y respiremos bien hondo.
Así recordaremos el aliento de vida que nos dio Dios. Abramos los ojos y veamos
el mundo que Dios creó para nosotros.
Si entonces no creemos en el
Creador, no merecemos estar vivos.
Shabat Shalom
Lucas Fisbein
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