lunes, 10 de agosto de 2015

Ree

En la Parashá de esta semana se nos dice que debemos darle muerte a quien incite la adoración de otros dioses. Es el único caso en donde prevalece una mitzvá sobre la principal de “preservar la vida”.

¿Cuál es la gravedad del acto que debemos destruir a la persona que lo realiza?

En primer lugar la incitación viola el segundo mandamiento “No tengas ningún dios delante de Mi” (Exodo 20:3) y (Deuteronomio 5:7),

En segundo lugar contradice al Shemá que recitamos por los menos dos veces por día en la parte que dice “Dios es único).

Y en tercer lugar adorar a otro dios significa dejar de adorar a nuestro Dios quien fue el Creador del Universo. No reconocerlo como único conlleva a no reconocer Su Creación.

La idolatría no se admirar a alguien por sus condiciones. Si nos parece genial lo como juega Messi al fútbol o Roger Federer al tenis no estamos adorándolos como dioses. En cambio si viene una persona y nos dice “yo soy el camino” y la seguimos, ahí sí estamos cometiendo un acto de idolatría.

En otras palabras podemos sentid admiración por otras personas u objetos pero cuando éstos se transforman en manipuladores de nuestras vidas o nuestros actos son incentivados por sus acciones ahí sí estamos desacreditando a nuestro Dios.

Javá en el Gan Edén fue la primer persona en practicar la idolatría. La serpiente modificó su conducta en contra de lo que había dicho Dios. Fue incitada a tocar el árbol y comer el fruto contrariamente a la prohibición de Dios.

Esto se dio también porque no se cumplió la mitzvá de “observen cuidadosamente todo lo que les prescribo. No añadan a ello y no sustraigan de ello” (Deuteronomio 13:1). Adam a la prohibición de Dios de no comer del fruto le agregó la prohibición de no tocar el árbol.

¿Por qué entonces Dios no mató a Javá?

Hay dos respuestas para esta pregunta. En primer lugar la Torá no había sido entregada en su totalidad a Moshé por lo que esta mitzvá no era conocida. Pero en segundo lugar al sacarlos del Gan Edén y hacerlos mortales indirectamente les estaba quitando la vida que les dio.

Debemos entender que en la actualidad no asesinamos a quienes comenten idolatría. O por lo menos no les quitamos la vida física. Lo que sí hacemos es quitarle la vida espiritual apartándolos de los lugares donde pueden influir.

Una persona débil es una presa fácil para quien incita la idolatría. Por eso se nos obliga a tenderle una mano al necesitado. Y acá entra en juego la tzedaka también mencionada esta semana.

Cada vez que estemos por caer. En cualquier momento en que la tentación por adorar dioses falsos esté presente en nuestra mente, cerremos los ojos por un instante y respiremos bien hondo. Así recordaremos el aliento de vida que nos dio Dios. Abramos los ojos y veamos el mundo que Dios creó para nosotros.

Si entonces no creemos en el Creador, no merecemos estar vivos.

Shabat Shalom


Lucas Fisbein

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