Tenemos la costumbre de no hacernos cargo de nuestros errores desde la misma creación del mundo. Javá acusa a la serpiente por haber comido del fruto prohibido (Bereshit 3:13); Caín no se hace cargo del paradero de Hevel (Bereshit 4:9); Noaj no se hizo cargo de su embriaguez y desnudez (Bereshit 9:25); y el pecado del becerro de oro no iba a ser ajeno a esta situación.
Era más fácil echarle la culpa a los Erev Rav que hacer un mea culpa de porqué se llegó a construir el becerro. Los Erev Rav eran egipcios y otros no hebreos que viendo los milagros de D's se habían unido a nuestro pueblo.
También es sencillo decir que Aaron quiso ganar tiempo para ver si Moshé bajaba de la montaña. “Quiten los anillos de las orejas de sus mujeres y sus hijos –replicó Aarón–. Tráiganmelos”. (Ki Tisá 32:2).
Aaron no se hace cargo de intentar detener al pueblo que supuestamente estaba manipulado por los Erev Rab. Constuye el becerro sin chistar y dice luego “Mañana habrá fiesta para Dios” (Ki Tisá 32:5).
Con la construcción del becerro de estaban violando los primeros dos mandamientos. ¿Era justo que el Pueblo recibiera las Tablas si a la primera de cambio desobedecen su contenido? ¿Hizo bien Moshé en destruirlas?
Moshé se hace cargo de su ¿error? por la ruptura de las tablas y sube de nuevo a la montaña para obtener otras dos. Acá D's no elimina a todos como ocurrió con Sodoma y Gomorra porque había suficiente gente justa como para que siguieran vivos.
Y volviendo a la pregunta del principio ¿nos hacemos cargo de nuestros errores o le echamos la culpa a un tercero?
La Torá nos habla de este incidente para recordarnos como castiga D's a quienes caen en la idolatría. No es para decirnos “ocurrió una vez y no volverá a pasar”.
Todos los días ante nuestros ojos hay nuevos becerros de oro. Nuestra única opción para seguir por el camino de las mitzvot es mirar hacia otro lado y hacernos cargo de nuestros actos.
Shabat Shalom
Lucas Fisbein
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