Tres son los castigos que tiene Moshé por desobedecer
o no aceptar directamente el mandato de D´s.
El primer momento lo encontramos cuando D´s le pide
que libere al Pueblo de la esclavitud de Egipto. Moshé sugiere que envie a otra
persona en su lugar. El castigo por esta insinuación fue no haber sido nombrado
Cohen Hagadol. Ese lugar fue tomado por Aaron, su hermano.
Al hablar esta Parashá sobre la vestimenta que debe
usar el Cohen Hagadol resulta lógico que Moshé no sea nombrado. A simple vista
parece justo pero también es consecuencia de algo que leeremos la próxima
semana: “Ahora, si Te place, por favor perdona su pecado. Si no,
puedes borrarme del libro que has escrito” (Ki Tisa 32:32)
Moshé no es mencionado en esta Parashá porque le
pidió a D´s que borre su nombre de la Torá si no perdonaba al pueblo por el
pecado del becerro de oro.
D´s no podría haber borrado a Moshé de toda la Torá
ya que fue quien nos condujo por el desierto hacia la Tierra de Israel. Por eso
Moshé es “advertido” por D´s y su nombre no aparece porque es reincidente en el
desafío al Eterno. En un lenguaje más coloquial podemos decir que recibió
tarjeta amarilla.
El tercer desafío, en el cual Moshé demuestra que
es humano y siente ira, directamente es sancionado con tarjeta roja: no se le
permite entrar a la Tierra de Israel.
D´s nos pone pruebas en nuestro camino, no para demostrarnos
que tenemos limitaciones, sino todo lo contrario, para valorar cuánto esfuerzo
ponemos en superarnos día a día.
Si Moshé hubiera aceptado de una su nombramiento
para ir a enfrentar al faraón independientemente de que no ser hombre de palabras
(Shemot 4:10). Si le hubiera pedido a D´s perdón en nombre del Pueblo y no
pedir que su nombre sea borrado. Si no hubiera golpeado a la roca en un
arranque de ira. Seguramente el resultado hubiera sido el mismo, pero Moshé
hubiera vivido más de 120 años y entrado a la Tierra Prometida.
Aunque no nos hable D´s siempre nos pide cosas. No
lo desafiemos. Hagámoslas. Por más difícil que sean. De la Torá no podemos ser
borrados, podemos perdernos algún capítulo de libro de nuestras vidas.
Shabat Shalom
Lucas Fisbein
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