Hay un pasuk que nos dice que “Toda
carne (de sacrificio) que entre en contacto con algo impuro no puede comerse,
deberá ser quemada en el fuego…” (Tzav 7:19).
Esto nos enseña que la influencia
externa puede cambiar la esencia de una cosa. Y nos pasa a nosotros cuando
somos manipulados a través de las publicidades para generar deseos que no
teníamos. O cuando la prensa partidista informa sobre tal o cual suceso
formando opinión en la masa de lectores.
Y al acercase Pesaj tenemos ciertos
comestibles, los kitniot, que por la influencia externa cambian su esencia y si
bien no son técnicamente jametz se los prohíbe por su cercanía.
El arroz no es jametz en sí mismo
pues no es harina mezclado con agua y leudado más de 18 minutos.
Los productos de kitniot se parecen a
los productos de jametz. Por ejemplo, puede ser difícil de distinguir entre la
harina de arroz (kitniot) y la harina de trigo (jametz). Por lo tanto, para
evitar confusión, todos los kitniot se prohibieron.
Así como el trigo puede contaminar el
arroz, una mala influencia en nuestra vida nos puede alejar de lo que somos
realmente.
¿Cuántas veces escuchamos a padres
quejándose por los amigos de su hijo/a? ¿Cuántas veces un pueblo es manipulado
por las locuras de sus gobernantes?
Y peor aún ¿cómo darnos cuenta que
estamos perdiendo nuestra pureza?
La única forma es estar seguro de lo
que somos. Y para poder lograrlo D´s nos dio la Torá. Siguiendo sus mitzvot estaremos
seguros de no perder nuestra pureza interna.
Frente a influencias que pueden
parecernos extrañas es mejor alejarse que luego arrepentirse.
Nuestra pureza es como el arroz en
Pesaj. Sólo si estamos seguros de lo que somos vamos a seguir siendo puros.
Pero si las influencias externas nos llenan de impureza, nuestro futuro quedará
consumido en el fuego.
Shabat Shalom
Lucas Fisbein
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