“[Israel] se agazapa, yace como un león, como un león imponente, ¿quién osará provocarlo? Aquellos que te bendigan son bendecidos, y aquellos que te maldigan son maldecidos.” (Bamidbar 24:9)
En tiempos bíblicos, Balak,
rey de Moav, temía al pueblo de Israel, no por su poder militar, sino por su
identidad, su espiritualidad y el favor divino que lo acompañaba. Buscó
entonces una solución indirecta: no atacar, sino maldecir al pueblo. Hoy, más
de tres mil años después, los enemigos de Israel repiten el mismo patrón.
En pleno siglo XXI, Irán
y sus aliados no solo representan una amenaza militar directa, sino también un
intento constante de deslegitimación, aislamiento político y guerra psicológica.
Desde la ONU hasta los medios de comunicación, hay voces que —como Bilam—
intentan "maldecir" a Israel con palabras disfrazadas de justicia y
derechos, pero cargadas de odio y distorsión.
La imagen de Israel
como un león agazapado cobra nueva vida frente a los desafíos actuales. Israel,
aunque pequeño en territorio, es una nación con una fuerza moral, tecnológica y
militar que impone respeto. Pero esa fuerza no se usa a la ligera. Como el león
que no ruge sin motivo, Israel actúa con contención, pero con firmeza cuando se
cruza una línea roja.
Las operaciones
quirúrgicas en Siria contra convoyes de armas, la ciberdefensa estratégica
contra ataques iraníes y la disuasión nuclear encarnan esta postura: una nación
que no busca el conflicto, pero no permitirá su destrucción
Bilam terminó
bendiciendo al pueblo que venía a maldecir. ¿Por qué? Porque quien ataca a
Israel en su esencia, termina cayendo en su propia trampa. En la historia
reciente, lo vemos:
Los regímenes y grupos
que han hecho del odio a Israel su bandera (como Hamás, Hezbollah, incluso
regímenes autoritarios en la región) viven en ruina, represión o aislamiento.
En cambio, países que
han tendido la mano a Israel, como Emiratos Árabes, Marruecos o Bahréin, están
viendo prosperidad mutua gracias a la cooperación tecnológica, económica y de
seguridad.
La bendición o la
maldición no dependen solo de la intención, sino de la relación que se
construye con la verdad y la justicia.
Este pasuk no es solo
profecía: es consuelo. Nos dice que Israel no está solo. Que incluso cuando las
naciones se levantan con misiles, discursos o amenazas nucleares, hay una
fuerza más alta que vela por su destino. La historia ya ha demostrado muchas
veces que el pueblo judío sobrevive a faraones, Hamáns, inquisiciones, nazis,
terroristas y dictadores.
Israel es como un león.
Reposa en fe, pero se levanta con coraje. ¿Quién se atreverá a provocarlo?
En medio de tensiones
con Irán, guerras en la frontera norte y sur, y campañas internacionales de
desprestigio, este versículo es más actual que nunca. No es solo poesía
profética: es una declaración eterna.
La protección de Israel
no es sólo tecnológica ni geopolítica. Está enraizada en una promesa divina:
"Aquellos que te
bendigan serán bendecidos, y aquellos que te maldigan serán maldecidos."
Quiera D´s que este
Shabat, mientras recordamos las bendiciones que salieron incluso de la
boca de quienes buscaban maldecirnos, podamos sentir en lo profundo de nuestro
corazón que Am Israel no camina solo. Que D’s siga protegiendo a nuestro
pueblo, a nuestros soldados, a nuestras familias, y que veamos pronto el día en
que el rugido del león no sea de guerra, sino de paz.
Shabat Shalom!
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