lunes, 21 de julio de 2025

Matot-Masei 5785

En la Parashá de esta semana, Matot-Maséi, la Torá nos presenta una enseñanza fundamental sobre la justicia:

"Si cualquiera mata a un ser humano, al asesino se le dará muerte sobre la base del testimonio ocular. No obstante, un solo testigo ocular no puede testificar contra una persona donde está en cuestión la pena de muerte." (Bamidbar 35:30).

Este versículo nos introduce a uno de los principios más sólidos del sistema judicial de la Torá: la pena capital solo puede aplicarse cuando hay al menos dos testigos presenciales confiables. Un solo testigo, por más justo o sincero que sea, no basta.

El Talmud en Masejet Sanhedrín 37a desarrolla este concepto profundamente. Allí se enseña que antes de comenzar un juicio capital, los jueces advertían a los testigos con palabras muy severas:

“Quizás piensan que esto es como testificar en un caso monetario. No es así. En casos monetarios, si uno da un testimonio falso, el dinero puede devolverse. Pero en un juicio capital, la sangre de esa persona, y la sangre de todas sus futuras generaciones, cuelga del cuello del testigo hasta el fin de los tiempos.”

Y más adelante, el Talmud dice:

"Cualquiera que destruye una vida, es como si hubiera destruido un mundo entero. Y cualquiera que salva una vida, es como si hubiera salvado un mundo entero."

Esto nos muestra que la vida humana no es una estadística ni un número más en los libros de la corte. Es un universo completo. Una chispa divina. Irreemplazable.

Hoy en día no tenemos Sanedrín ni aplicamos la pena de muerte según la Halajá. Pero los valores detrás de estas leyes siguen siendo profundamente relevantes. El mensaje es claro: nunca debemos apresurarnos a juzgar a otro ser humano, ni tomar decisiones basadas en un solo lado de la historia.

Vivimos en tiempos en los que la gente puede destruir la reputación de alguien con solo un comentario en redes sociales, con un rumor, con un juicio superficial. La Torá viene a enseñarnos: detente, escucha bien, verifica, sé justo, sé compasivo. Porque detrás de cada persona hay un mundo entero.

La justicia de la Torá no es ciega. Es cuidadosa, sensible, y exige lo más alto de nosotros como sociedad.

En el Midrash se dice que Hashem es Dayan HaEmet, el verdadero juez, porque solo Él conoce el corazón de las personas. Nosotros, en cambio, solo vemos lo externo. Por eso debemos ser humildes en nuestro juicio y generosos en nuestra comprensión.

Quiera D´s que aprendamos a juzgar con cautela y a hablar con responsabilidad; que nuestros ojos vean siempre lo bueno en los demás, y que nuestras palabras sirvan para elevar y no para destruir. Que vivamos con la sabiduría de la Torá, buscando siempre la verdad, la justicia y la paz.

Shabat Shalom!

Lucas Fisbein

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