"Los hijos de Koraj,
sin embargo, no murieron" (Bamidbar 26:11)
En medio de la
enumeración de las familias del pueblo de Israel, aparece este versículo tan
breve como sorprendente: “Los hijos de Koraj no murieron”. Un pasuk que parece
casi fuera de lugar, pero que encierra una de las enseñanzas más poderosas de
la Torá: la posibilidad del individuo de romper con el pasado, de elegir su
propio camino, y de no ser definido por los errores de su entorno.
Todos recordamos lo que
hizo Koraj: desafió la autoridad de Moshé y de Aarón, lideró una rebelión con
arrogancia, y terminó siendo tragado por la tierra, junto con sus seguidores.
Pero aquí la Torá se detiene para decirnos algo importante: sus hijos no
murieron. ¿Por qué subrayarlo?
El Midrash y el Talmud
(Sanedrín 110a) explican que, en el último momento, los hijos de Koraj tomaron
distancia de la rebelión. Se arrepintieron. No se dejaron arrastrar por la
influencia del padre. Esto no fue fácil: desobedecer a un líder es una cosa,
pero desobedecer a tu propio padre en un acto público de rebelión, requiere de
un coraje extraordinario.
Y gracias a ese gesto
de valentía y teshuvá, no solo salvaron sus vidas físicas, sino que se
convirtieron en un símbolo de transformación espiritual. Más adelante en la
historia de Israel, encontramos que de estos hijos de Koraj descendieron los
poetas levitas que escribieron varios Salmos, incluyendo el poderoso
“Lamnatzeaj Livnei Koraj” que aparece repetidas veces en el libro de Tehilim.
Este detalle es
fundamental: de la casa de un rebelde salió poesía sagrada. De un acto de
separación interior, nació una nueva línea de liderazgo espiritual y musical en
el Beit HaMikdash. Esto nos enseña que no hay destino sellado cuando se trata
del alma. Cada persona tiene la capacidad de escribir su propia historia.
La Torá nos recuerda
aquí un principio moral esencial:
Los hijos no morirán
por los pecados de los padres; cada uno morirá por su propio pecado” (Dvarim
24:16)
Vivimos en un mundo
donde a veces se etiqueta a las personas por su origen, por su familia, por su
historia. Pero este pasuk viene a decirnos: no definamos a nadie por su pasado,
ni siquiera por el pasado de su familia. Todos tenemos la posibilidad de elegir
el bien.
Quiera D´s que este
Shabat, al estudiar estas palabras, recordemos el poder del libre albedrío, la
fuerza del arrepentimiento sincero, y la belleza de la segunda oportunidad. Que
sepamos ver a cada persona por su presente, no por su pasado. Y que tengamos el
valor, como los hijos de Koraj, de levantarnos cuando hace falta, aunque
estemos rodeados de presión o herencia negativa.
Shabat Shalom!
Lucas Fisbein
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