En Parashat Vaierá, la
Torá presenta uno de los episodios más impactantes de Bereshit: la destrucción
de Sodoma y Gomorra. D´s decide aniquilar estas ciudades debido a la corrupción
moral, la violencia y la crueldad institucionalizada. En medio de ese caos,
ángeles rescatan a Lot, a su esposa y a sus hijas, prácticamente empujándolos
hacia la salvación. La instrucción divina es breve, clara y profundamente
espiritual: “No miren atrás” (Bereshit 19:17). Sin embargo, pocos versículos
después leemos: “Y su esposa miró detrás de él, y se convirtió en un pilar de
sal” (Bereshit 19:26). La escena es breve, pero su simbolismo atraviesa los
siglos.
Rashi, citando al
Midrash, explica que la mujer de Lot fue castigada medida por medida, porque
cuando Lot quiso ofrecer hospitalidad a los visitantes —los ángeles— ella se
negó a dar sal, alegando que esa práctica no existía en Sodoma y podía levantar
sospechas. En esa sociedad perversa, la bondad estaba prohibida. La ironía es
profunda: por haber pecado con sal, se convierte en sal. Su castigo no solo
expresa desobediencia, sino que revela hasta qué punto ella había internalizado
la cultura sodomita, rechazando el acto más básico de jesed. No era
solamente una mirada física; era un gesto emocional, espiritual. Los
comentaristas explican que la orden de no mirar atrás no apuntaba únicamente a
los ojos, sino al corazón. Mirar atrás implicaba nostalgia, apego,
identificación con aquella sociedad. Uno no puede salvarse físicamente si sigue
perteneciendo espiritualmente a la destrucción. Rambán señala que mirar atrás
durante un acto de juicio divino expresa duda, falta de confianza; como si uno
no estuviera completamente convencido de que el camino hacia adelante es
legítimo.
La sal es un símbolo
poderoso. Preserva lo antiguo, impide la pudrición, pero también frena la
transformación. Convertirse en sal es convertirse en memoria vacía, estática,
congelada en el pasado. Hay quienes viven intentando conservar aquello que
debería quedar atrás: hábitos tóxicos, relaciones destructivas, comodidades que
adormecen el alma. Así como la mujer de Lot quedó inmóvil, muchos quedan
atrapados en la nostalgia y pierden la oportunidad de crecer. La Torá nos
presenta, casi en paralelo, la figura de Abraham. Él observa la escena desde
lejos con compasión, incluso rogando por quienes no lo merecían. Su mirada es
hacia adelante, hacia la justicia, hacia el futuro. Abraham eleva la realidad;
la esposa de Lot se aferra a lo que se derrumba. Dos miradas. Dos destinos.
El versículo enfatiza
que ella miró “detrás de él”, como si dudara no solo de la ciudad, sino de Lot
mismo y de la misión divina que él había aceptado. Mirar atrás, a veces,
significa desconfiar de la dirección que D´s coloca delante nuestro. Y aún hoy,
nuestra “Sodoma” no siempre es geográfica. A veces es un hábito, una ideología,
una relación, un patrón mental. Podemos salir físicamente, pero si el corazón
sigue adentro, la liberación no se completa. El judaísmo valora la memoria,
pero condena la nostalgia paralizante. Recordamos Egipto para no repetirlo, no
para querer volver. Hay una diferencia enorme entre aprender del pasado y vivir
mirando hacia él. La mujer de Lot representa a quienes quedan atrapados entre lo
viejo y lo nuevo, sin entregarse al cambio.
La Torá está
construida sobre movimiento: “Lej Lejá” — ve hacia ti mismo; Jacob huye y
vuelve; Israel sale de Egipto; el desierto es camino, no destino. Nada es más
antijudío que la inmovilidad espiritual. Y la enseñanza final es clara: quien
se aferra al pasado pierde la posibilidad de futuro. La estatua de sal
permanece como un monumento eterno a las consecuencias de quedar petrificado
por aquello que debería ya estar muerto.
Quiera D’s que sepamos
aprender del pasado sin convertirlo en estatua; que dejemos atrás lo que
intoxica el alma aunque resulte cómodo; que nunca adoptemos los valores de
Sodoma —egoísmo, indiferencia y dureza— incluso cuando se disfrazan de
normalidad; que miremos siempre hacia adelante con esperanza activa, como
Abraham; y que nunca quedemos congelados por una nostalgia que nos robe el
mañana. Que el Creador ilumine nuestros caminos, fortalezca nuestra decisión de
avanzar, y nos permita transformar las experiencias antiguas en crecimiento, y
no en sal.
Shabat Shalom
Lucas Fisbein
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