lunes, 3 de noviembre de 2025

Vaierá 5786


En Parashat Vaierá, la Torá presenta uno de los episodios más impactantes de Bereshit: la destrucción de Sodoma y Gomorra. D´s decide aniquilar estas ciudades debido a la corrupción moral, la violencia y la crueldad institucionalizada. En medio de ese caos, ángeles rescatan a Lot, a su esposa y a sus hijas, prácticamente empujándolos hacia la salvación. La instrucción divina es breve, clara y profundamente espiritual: “No miren atrás” (Bereshit 19:17). Sin embargo, pocos versículos después leemos: “Y su esposa miró detrás de él, y se convirtió en un pilar de sal” (Bereshit 19:26). La escena es breve, pero su simbolismo atraviesa los siglos.

Rashi, citando al Midrash, explica que la mujer de Lot fue castigada medida por medida, porque cuando Lot quiso ofrecer hospitalidad a los visitantes —los ángeles— ella se negó a dar sal, alegando que esa práctica no existía en Sodoma y podía levantar sospechas. En esa sociedad perversa, la bondad estaba prohibida. La ironía es profunda: por haber pecado con sal, se convierte en sal. Su castigo no solo expresa desobediencia, sino que revela hasta qué punto ella había internalizado la cultura sodomita, rechazando el acto más básico de jesed. No era solamente una mirada física; era un gesto emocional, espiritual. Los comentaristas explican que la orden de no mirar atrás no apuntaba únicamente a los ojos, sino al corazón. Mirar atrás implicaba nostalgia, apego, identificación con aquella sociedad. Uno no puede salvarse físicamente si sigue perteneciendo espiritualmente a la destrucción. Rambán señala que mirar atrás durante un acto de juicio divino expresa duda, falta de confianza; como si uno no estuviera completamente convencido de que el camino hacia adelante es legítimo.

La sal es un símbolo poderoso. Preserva lo antiguo, impide la pudrición, pero también frena la transformación. Convertirse en sal es convertirse en memoria vacía, estática, congelada en el pasado. Hay quienes viven intentando conservar aquello que debería quedar atrás: hábitos tóxicos, relaciones destructivas, comodidades que adormecen el alma. Así como la mujer de Lot quedó inmóvil, muchos quedan atrapados en la nostalgia y pierden la oportunidad de crecer. La Torá nos presenta, casi en paralelo, la figura de Abraham. Él observa la escena desde lejos con compasión, incluso rogando por quienes no lo merecían. Su mirada es hacia adelante, hacia la justicia, hacia el futuro. Abraham eleva la realidad; la esposa de Lot se aferra a lo que se derrumba. Dos miradas. Dos destinos.

El versículo enfatiza que ella miró “detrás de él”, como si dudara no solo de la ciudad, sino de Lot mismo y de la misión divina que él había aceptado. Mirar atrás, a veces, significa desconfiar de la dirección que D´s coloca delante nuestro. Y aún hoy, nuestra “Sodoma” no siempre es geográfica. A veces es un hábito, una ideología, una relación, un patrón mental. Podemos salir físicamente, pero si el corazón sigue adentro, la liberación no se completa. El judaísmo valora la memoria, pero condena la nostalgia paralizante. Recordamos Egipto para no repetirlo, no para querer volver. Hay una diferencia enorme entre aprender del pasado y vivir mirando hacia él. La mujer de Lot representa a quienes quedan atrapados entre lo viejo y lo nuevo, sin entregarse al cambio.

La Torá está construida sobre movimiento: “Lej Lejá” — ve hacia ti mismo; Jacob huye y vuelve; Israel sale de Egipto; el desierto es camino, no destino. Nada es más antijudío que la inmovilidad espiritual. Y la enseñanza final es clara: quien se aferra al pasado pierde la posibilidad de futuro. La estatua de sal permanece como un monumento eterno a las consecuencias de quedar petrificado por aquello que debería ya estar muerto.

Quiera D’s que sepamos aprender del pasado sin convertirlo en estatua; que dejemos atrás lo que intoxica el alma aunque resulte cómodo; que nunca adoptemos los valores de Sodoma —egoísmo, indiferencia y dureza— incluso cuando se disfrazan de normalidad; que miremos siempre hacia adelante con esperanza activa, como Abraham; y que nunca quedemos congelados por una nostalgia que nos robe el mañana. Que el Creador ilumine nuestros caminos, fortalezca nuestra decisión de avanzar, y nos permita transformar las experiencias antiguas en crecimiento, y no en sal.

Shabat Shalom

Lucas Fisbein

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