“He pecado esta vez; D’s es el justo, y yo y mi pueblo somos los culpables”(Shemot 9:27).
Este versículo marca uno de los momentos más inquietantes de Parashat Vaerá. Paró, luego de la plaga del granizo, pronuncia palabras que, en apariencia, suenan a arrepentimiento y reconocimiento moral. No niega la plaga, no acusa a Moshé ni a Aharón, no busca excusas. Declara algo fundamental: D’s es justo.
Sin embargo, la Torá no se deja engañar por las palabras. Lo que evalúa no es el discurso, sino la coherencia entre lo que se dice y lo que se hace.
Rashi subraya un detalle clave: Paró reconoce la justicia divina solo en ese instante de sufrimiento. No hay en sus palabras un compromiso real de cambio, sino una reacción al dolor. La confesión aparece cuando la presión es insoportable, no cuando la conciencia despierta.
El Midrash (Shemot Rabá 12:2) profundiza aún más: Paró dice “he pecado esta vez”. No reconoce una estructura de mal, no asume la opresión sistemática, no cuestiona su reinado ni la esclavitud. Limita el pecado al momento presente. Es un arrepentimiento condicionado, táctico, utilitario. Cuando cesa la plaga, cesa también la culpa.
El Talmud (Yomá 86b) distingue entre dos tipos de teshuvá: la que nace del temor al castigo y la que surge de una transformación interior. La primera es frágil y momentánea; la segunda es duradera y verdadera.
Paró representa la teshuvá del miedo: reconoce la verdad, pero no está dispuesto a pagar el precio de vivir conforme a ella.
La Torá nos enseña algo incómodo: no toda admisión de culpa es moral y no todo discurso correcto nace de una conciencia recta. Hay líderes, sistemas y sociedades que reconocen la verdad solo cuando el costo de negarla se vuelve demasiado alto, pero que, una vez pasada la tormenta, vuelven a endurecer el corazón.
La analogía con nuestra realidad es inevitable. Vivimos en un mundo donde se condena la injusticia de manera selectiva, donde se habla de derechos humanos según quién sea el victimario, donde se reclama paz sin exigir verdad, y donde muchos piden perdón solo para ganar tiempo, no para cambiar el rumbo.
Paró no fue destruido por ignorante. Fue destruido por saber la verdad y elegir ignorarla después.
El endurecimiento del corazón no siempre proviene de la negación, sino muchas veces de la conveniencia.
Parashat Vaerá nos deja una pregunta que atraviesa generaciones: ¿Reconocemos la verdad solo cuando cae el granizo, o somos capaces de sostenerla cuando vuelve el silencio?
Quiera D’s que no seamos como Paró, que reconoce la verdad solo cuando el golpe duele, pero la olvida cuando vuelve la calma.
Y quiera D’s que sepamos sostener la justicia incluso cuando no hay plagas, ni presión, ni miedo.
Que no usemos la verdad como refugio momentáneo, sino como camino permanente.
Y que tengamos el coraje de elegir la transformación real, no la confesión conveniente.
Shabat Shalom!
Lucas Fisbein
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