lunes, 16 de marzo de 2026

Vaikrá 5786


En Parashat Vikrá encontramos un versículo que parece técnico, pero que encierra una enseñanza moral enorme. La Torá ordena:

“No hagas ninguna ofrenda de harina que se sacrifique para Dios de masa leudada, porque no puedes quemar nada fermentado ni miel como ofrenda de fuego para D´s.” (Vaikrá 2:11)

A primera vista parece una ley ritual más. Pero los comentaristas clásicos vieron aquí una enseñanza profunda sobre la pureza de nuestras acciones.

Rashi explica que el jametz simboliza aquello que se hincha y se expande más allá de su estado natural. En términos espirituales, el jametz representa el ego, el orgullo y las motivaciones infladas que contaminan un acto que debería ser puro.

Por eso, las ofrendas de harina en el Templo debían ser matzá, sin fermentación. Algo simple, sin inflarse, sin adornos innecesarios. La Torá nos enseña que cuando alguien se acerca a D´s con una ofrenda, no sólo importa el acto externo: importa la intención interior con la que se lo hace.

El Midrash Vaikrá Rabá profundiza esta idea diciendo que el Kadosh Bauj Hu, no busca el sacrificio material en sí, sino el corazón limpio detrás del acto. Una acción aparentemente correcta puede perder su valor si está mezclada con intereses, honores o manipulación.

En el Talmud Babli, especialmente en Tratado Menajot, los sabios discuten justamente por qué las ofrendas de harina no podían ser jametz. Allí se señala que la matzá representa la humildad y la pureza, mientras que el jametz simboliza la corrupción que aparece cuando algo se infla artificialmente.

La enseñanza es muy clara: incluso algo noble puede corromperse si se lo mezcla con “fermentaciones” ajenas.

Y esa idea no es sólo espiritual o ritual. También es profundamente ética y social.

A lo largo de la historia vemos cómo causas nobles —valores verdaderos— pueden ser contaminadas por intereses políticos, ideológicos o personales. Cuando eso ocurre, la causa pierde credibilidad y su fuerza moral se debilita.

En la Argentina reciente vimos algo parecido. Políticas y luchas que en su esencia son legítimas y necesarias —como la defensa de los derechos humanos, la lucha contra la violencia de género o la búsqueda de justicia social— terminaron muchas veces contaminadas por la lógica partidaria del kirchnerismo, que las utilizó como herramientas de construcción de poder.

Cuando causas universales se convierten en banderas partidarias, cuando se aplican con doble vara o se instrumentalizan para dividir, ocurre exactamente lo que la Torá advierte: se introduce “fermento” en algo que debía ser puro.

Los derechos humanos dejan de ser universales si se aplican sólo según conveniencia política. La lucha por la igualdad pierde credibilidad si se usa como herramienta de propaganda. Y aquello que nació como un valor moral termina degradado por la manipulación.

La Torá nos recuerda que lo sagrado no puede mezclarse con fermentación.

Lo mismo ocurre en la vida personal. Una mitzvá, una buena acción, una ayuda al prójimo o incluso una causa justa pueden contaminarse cuando se mezclan con ego, con cálculo o con la búsqueda de reconocimiento.

Por eso la ofrenda debía ser matzá: simple, directa, sin inflarse.

El mensaje es que D´s no busca gestos grandilocuentes ni discursos inflados. Busca acciones sinceras, limpias, sin contaminación de intereses ajenos.

Si trasladamos esta enseñanza a nuestra vida cotidiana, el desafío es claro: actuar con rectitud incluso cuando nadie nos ve, defender valores incluso cuando no nos conviene políticamente, y sostener causas justas sin apropiárnoslas ni manipularlas.

Que nuestras acciones sean como esa ofrenda de harina pura: sin fermentación, sin manipulación, sin ego.

Quiera D’s que sepamos construir una sociedad donde los valores verdaderos —la justicia, la dignidad humana, la igualdad y la memoria— no estén inflados por intereses ni contaminados por oportunismos, sino sostenidos con humildad, honestidad y verdad.

Y que nuestras acciones, tanto personales como colectivas, sean siempre ofrendas limpias que puedan elevarse sin fermentación ante el Creador.

Shabat Shalom!

Lucas Fisbein 

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