Esta Parashá desarrolla en parte la
enfermedad de tzaraat. Vulgarmente suele confundírsela con la lepra, otra
enfermedad de la piel. La lepra era determinada por un médico mientras que la
tzaraat, enfermedad espiritual, era determinada por un cohen.
El tzaraat aparecía en la piel como
consecuencia de haber hablado lashón hará. El lashón hará es hablar mal de una
persona, difamarla, inventar cosas.
Dios creó al ser humano a imagen y
semejanza, y al darnos la posibilidad de comunicarnos mediante palabras no
puede permitir que de nuestra boca salgan difamaciones hacia nuestros
semejantes.
Para entender el castigo por hablar
lashón hará tenemos que recordar que el ser humano está determinado por dos
partes: una espiritual y otra física.
Cuando hablamos lashón hará es
nuestro ser espiritual el que maneja la situación y como no hay pruebas de
nuestros pensamientos el castigo divino recae sobre nuestro ser físico poniendo
manchas en la piel para que el resto vea que hemos pecado.
También está el proceso de
aislamiento y como Dios nos demostró en Bereshit que el hombre no debe estar
solo, mediante el aislamiento hacemos teshuvá sobre lo que hemos dicho para
limpiar no las manchas de la piel sino las manchas invisible de nuestro ser
espiritual.
Hay un sinfín de ejemplos sobre
lashón hará pero unos pocos nos muestran sus consecuencias. Uno de los más
fatídicos fue dicho por el Ministro de Propaganda Nazi Goebblels que decía
“miente, miente que algo quedará”. Esa es la consecuencia, lo que queda.
Recordemoslo siempre antes de hablar
mal de alguien. Nos puede parecer divertido al principio pero sus consecuencias
pueden ser devastadoras, no solo para esa persona.
Shabat Shalom
Lucas Fisbein
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