martes, 1 de abril de 2014

Metzorá

Esta Parashá desarrolla en parte la enfermedad de tzaraat. Vulgarmente suele confundírsela con la lepra, otra enfermedad de la piel. La lepra era determinada por un médico mientras que la tzaraat, enfermedad espiritual, era determinada por un cohen.

El tzaraat aparecía en la piel como consecuencia de haber hablado lashón hará. El lashón hará es hablar mal de una persona, difamarla, inventar cosas.

Dios creó al ser humano a imagen y semejanza, y al darnos la posibilidad de comunicarnos mediante palabras no puede permitir que de nuestra boca salgan difamaciones hacia nuestros semejantes.

Para entender el castigo por hablar lashón hará tenemos que recordar que el ser humano está determinado por dos partes: una espiritual y otra física.

Cuando hablamos lashón hará es nuestro ser espiritual el que maneja la situación y como no hay pruebas de nuestros pensamientos el castigo divino recae sobre nuestro ser físico poniendo manchas en la piel para que el resto vea que hemos pecado.

También está el proceso de aislamiento y como Dios nos demostró en Bereshit que el hombre no debe estar solo, mediante el aislamiento hacemos teshuvá sobre lo que hemos dicho para limpiar no las manchas de la piel sino las manchas invisible de nuestro ser espiritual.

Hay un sinfín de ejemplos sobre lashón hará pero unos pocos nos muestran sus consecuencias. Uno de los más fatídicos fue dicho por el Ministro de Propaganda Nazi Goebblels que decía “miente, miente que algo quedará”. Esa es la consecuencia, lo que queda.

Recordemoslo siempre antes de hablar mal de alguien. Nos puede parecer divertido al principio pero sus consecuencias pueden ser devastadoras, no solo para esa persona.

Shabat Shalom



Lucas Fisbein

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