En la Parashá de esta
semana queda sentenciado el destino de Moshé. Hay tres aspectos fundamentales
en el golpe a la piedra que llevaron a Dios a tomar tan dura decisión.
En primer lugar la
orden fue hablarle a la piedra y Moshé la golpeó. Ciertamente no se adaptó a
los tiempos que corrían. La primera vez que Dios le ordenó lo concerniente a la
piedra fue luego de la salida de Mitzraim. Para aquel entonces el lenguaje que
entendía el pueblo, luego de haber estado tantos años esclavizado, era el de
los golpes. Luego de vagar 40 años por el desierto los golpes de la esclavitud dieron
paso las palabras de libertad.
En segundo lugar
pareciera ser que cree escuchar las mismas palabras que años atrás. Ni el más
justo entre los justos se salva del pecado de querer adivinar las palabras de
Dios.
Y en tercer lugar fue
con ira como transmitió la orden divina. “Escuchen ahora, ustedes rebeldes”. Tuvo
bronca hacia el pueblo que lideraba. ¿Cómo un líder podía sentir algo distinto
de alegría transmitiendo la palabra de Dios?
Lo que sacamos en
conclusión es que debemos escuchar atentamente antes de actuar. No hacerlo con
furia sino con alegría. Y además saber adaptarnos a los tiempos que corren para
que nuestras acciones nos parezcan obsoletas ante la mirada de nuestros
semejantes.
Resulta claro que no
somos Moshé liderando un pueblo por el desierto pero a veces nuestras acciones
son seguidas por mucha gente.
No repitamos los
errores de Moshé porque de hacerlo estamos sentenciados a no entrar nunca a
nuestra tierra prometida.
Shabat Shalom
Lucas Fisbein
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