Esta parashá desde el punto de vista del psicoanálisis trata el
tema de la baja autoestima.
Diez de los doce espías enviados por Moshé para reportar sobre la
tierra de Israel presentan un informe con connotaciones negativas sobre lo que
observaron.
“Nos sentimos como minúsculos saltamontes. Eso es todo lo que
éramos a los ojos de ellos”.
Los espías, excluyendo a Calev y Yehoshúa, en primer lugar se
rebajan y en segundo lugar extrapolan su visión a los ojos de los cananitas.
Freud en una de sus tesis describe que la baja autoestima es
producto de una insuficiencia afectiva.
Ahora situémonos en el lugar de los espías. ¿Qué tiene que ver con
la teoría de Freud?
Cuando llegaron a la tierra de Canaan lo primero que observaron
fueron que las ciudades estaban fortificadas. También vieron que había
funerales y que los racimo de uvas eran enormes.
Se dejaron llevar por sus sentimientos. Creyeron que Dios los había
abandonado. Que el amor que Dios sentía (y siente aún) por nuestro pueblo había
desaparecido.
Por eso no pensaron fríamente y entendieron que una ciudad
fuertemente amurallada implica un pueblo débil que debe esconderse detrás de las
rocas para defenderse. Y además que hayan visto funerales implicaba que Dios
había digitado esa movida para que ellos pudieran espiar sin ser descubiertos.
Tener una baja autoestima conlleva a distorsionar nuestros sentidos
y nuestro raciocinio.
Recordemos en momentos de debilidad que no debemos ser como los
espías. Si nos rebajamos podemos perdernos oportunidades únicas.
En aquella época Dios nos mandó a vagar por el desierto por 40
años.
Esperemos no tener que descubrir cuál sería el castigo ahora.
Shabat Shalom
Lucas Fisbein
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