lunes, 1 de junio de 2015

Behaalotjá

Esta semana vemos como Moshé cansado de tener que lidiar en el frente y con los problemas triviales del Pueblo pide ayuda a Dios.

Dios le orden formar el primer Consejo de Ancianos, el Primer Sanedrín, a fin de descomprimir un poco las presión sobre Moshe que debía liderar la “conquista” de Canaán.
Esta división de poderes, novedosa para la época ya que en todas las grandes culturas imperantes la función militar y la de policía eran efectuadas por la misma persona, nos enseña otra de las innovaciones traídas al mundo por nuestro Pueblo.

¿Por qué era necesario que Moshé se dedicara a su función de líder, nos guste o no, militar por sobre la función de policía en el cumplimiento de las mitzvot por parte del Pueblo?

La respuesta la podemos encontrar en la serie BattleStar Galactica cuando el comandante Adama dice “"Hay una razón para separar a los militares de la policía. Los primeros pelean contra los enemigos del Estado, los otros sirven y protegen a la gente. Cuando los militares se vuelven ambos, entonces los enemigos del estado tienden a ser el mismo pueblo”.

Delegar una actividad en otro no significa perder el poder sobre ello. Significa que confiamos plenamente en la persona o personas en quienes lo hacemos.

Había llegado un punto en que Moshé sabía que el consejo de Ancianos podía reemplazarlo sin problemas. La luz podía brillar por sí sola.

El Primer Sanedrín podía brillar como la luz de la Menorá que Aaron encendía todos los días. Podía resolver las quejas del Pueblo ante la ¿ausencia de carne?

Aunque cueste creerlo el Pueblo se quejó de que quería comer carne. Esta queja viene a representar las ganas de ostentar que tenía el Pueblo. El deseo primitivo de comer se hallaba satisfecho. El maná tenía el gusto que cada uno quisiera. Querer comer carne por el sólo hecho de decir que se come carne es un deseo autogenerado y por consiguiente es un deseo de ostentación.

Muchas veces nos ocurre a nosotros el querer satisfacernos con un poco más de lo que tenemos. La pregunta que debemos hacernos es ¿ese nuevo deseo nos hace mejores personas? ¿sirve para tener un plus para retribuirle a Dios por ese adicional? Si la respuesta es sí, adelante.

Pero si la respuesta es no, y aun así no estamos conformes, podemos consultarlo con un allegado, delegando la responsabilidad de la decisión no sólo en nosotros mismos sino en alguien que puede desde afuera darnos una visión más clara de las cosas.

Nosotros no vamos a tener un Sanedrín propio que nos simplifique nuestras decisiones. Nosotros batallamos día a día contra nuestros impulsos y debemos tomar decisiones que marcan nuestro rumbo.

La única decisión que no debemos olvidar de tomar es siempre ser agradecidos con Dios. Él nos va a satisfacer en nuestros deseos en la medida que nuestros deseos merezcan ser satisfechos.

Shabat Shalom


Lucas Fisbein

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