Cuando abrimos el Sidur en Shajarit
los días de semana solemos encontrarnos con la frase “Ma Tovu Oaleja Yaakov”
(Cuán bella son tus tiendas Yaakov). Lo primero que se nos ocurre es que fueron
dichas por algún Profeta posterior a Moshé pero resulta increíble que provengan
de una persona ajena a nuestro pueblo llamado Bilam.
¿Por qué son bellas nuestras tiendas?
¿Por qué Bilam siente envidia?
Si hay algo que ha caracterizado al Pueblo
Judío a lo largo del tiempo es el respecto por el Hogar simbolizado en las
tiendas. Es allí donde realizamos el Seder de Pesaj, el Kidush de Shabat,
construimos la Sucá, y muchas otras mitzvot que serían largas de enumerar.
Bilam intenta maldecirnos pero de su
boca salen estas palabras que simbolizan en forma profética el odio y la
envidia que nos ha perseguido a lo largo de nuestra historia.
Frases despectivas como “no hay
judíos pobres” o “los judíos dominan el mundo” son consecuencia de la envidia
que nos tienen. Si creáramos una corriente de pensamiento serían del Bilamismo.
Ahora bien, ¿por qué no hay judíos
pobres? Porque en nuestros hogares nos enseñan a ayudarnos mutuamente, a
trabajar en comunidad para que todos podamos acceder a los mínimos requisitos
para no tener un mal pasar.
¿Los judíos dominamos el mundo? Para
nada. En nuestros hogares nos enseñan la humildad frente a Dios. Dominar el
mundo no significa ser amo y señor de todos los seres vivos. Significa conocer
nuestro lugar y aceptarlo. Significa aceptar la Voluntad de Dios como fuente de
nuestros actos. Con esa premisa podemos decir que dominamos al mundo.
Cuando Bilam nos quizo maldecir, las
palabras no fueron sino una muestra de envidia por nuestro hogar, por nuestra Torá
y por Dios.
En Pirkei Avot se contrastan las
conductas de Abraham con las de Bilam. ¿Por qué? Porque Abraham hizo todo lo
posible para estar cerca de Dios mientras que Bilam hacía todo lo contrario.
Bilam tuvo la oportunidad de no
maldecir a nuestro pueblo y sin embargo lo hizo.
A lo largo de la historia muchos
pueblos con grandes casas nos quisieron destruir pero olvidaron algo
importante: una casa no es siempre un hogar.
Nosotros humildemente seguimos mostrándoles
cuán bellas son nuestras tiendas.
Shabat Shalom
Lucas Fisbein
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