lunes, 6 de julio de 2015

Pinjas

Pinjas, nieto de Aaron, hijo de Eleazar, cansado de ver como se idolatraba a Baal Peor, asesina al príncipe de la tribu de Shimón, Zimrí, y a la princesa Midianita Cazbí.

¿Tanto nos horrorizamos por lo que hizo Pinjas? ¿Está bien asesinar a otra persona por no creer en Dios?

En cierto sentido todos somos Pinjas. Nos rodeamos con gente que tiene nuestras mismas creencias, nuestras costumbres o alguna afinidad y nos apartamos o lanzamos una lanza imaginaria a quienes son distintos.

Asesinamos, en un sentido figurado, a quienes no son como nosotros.

La diferencia con Pinjas es que no tenemos a Dios para encaminarnos.

Dios por un lado lo castiga pero por el otro lado lo premia.

Lo castiga cuando Moshé designa a Yehoshua como su sucesor para dirigir la entrada del Pueblo de Israel a la Tierra Prometida. Recordemos que después del pecado con la roca Moshé fue castigado por Dios prohibiéndole su entrada.

Lo premia otorgándole el status de Cohen. A pesar de ser descendiente de Aaron no era Cohen porque cuando a Aaron y su progenie los designaron Cohahim Pinjas ya había nacido y por consiguiente esa ley no era retroactiva a los ya nacidos.

¿Entonces por qué Pinjas no fue designado como sucesor de Moshe?

Porque si bien, luego de que Dios destruyera a quienes adoraban  Bal Peor, él detuvo Su ira de un modo en que no se correspondía con las enseñanzas de la Torá: ante todo preservar la vida.

Por eso fue designado como Cohen. Para preservar la vida espiritual. A través de sus obligaciones como Cohen podía mantener lejos cualquier intento de idolatría.

Es nuestro deber defender a Dios como lo hizo Pinjas pero debemos seguir los Mandamientos al pie de la letra. No existe el pequé un poquito. El ir en contra de la voluntad de Dios se mide siempre de igual manera.

Aún ante una amenaza extrema preservar la vida incluso de quienes nos atacan es un acto de valor mucho más grande que atravesarlos con nuestras lanzas sean reales o simbólicas.

Esperemos pronto dejar de usar nuestras lanzas y podamos santificar al Eterno como el Cohen lo hacía en aquellos días.

Shabat Shalom



Lucas Fisbein

No hay comentarios:

Publicar un comentario